Los que fundaron los cimientos

Los que vinieron de lejos…
Por Manuela Lynch y Maria Victoria Pintos, fundadoras de Gestión MDQ

Nuestros inmigrantes, nuestra historia.

Todos podemos saber o suponer que provenimos de aquellos que llegaron de otros lados a este sitio el planeta. Aquellos otros que viajaron antes para encontrar un destino nuevo. Inmigrantes italianos, españoles, polacos, alemanes, portugueses, sirios, árabes… pero ¿sabemos nuestra historia? ¿Conocemos la suya? ¿Comprendemos el camino que recorrieron?

El viaje de los inmigrantes comenzaba mucho antes de lo imaginado. Se formaba en sus cabezas, se creaba en sus incertidumbres y sus circunstancias. Se forjaba entre dudas, miedos, certezas, ideas, esperanzas y frustraciones. Había tristezas, abandono, pérdidas y horizontes.

La partida se iniciaba cuando dejaban atrás su pueblo natal, postergando todo, incluso muchas veces, a su propia familia a la que jamás volverían a ver.

Sin nada, pero con la esperanza de una vida mejor, emprendieron ese viaje en barco con nostalgia, con hambre, con pobreza. Sumergidos en la ilusión de que aquí las cosas serian mejores para ellos y para sus familias. Algunos con oficios, otros con destino a construir, desembarcaron en el puerto de Buenos Aires, para luego ser distribuidos, muchas veces como en colonias a una misma zona.

El parmesano o parmesano reggiano

Por miedo, por angustias derramadas, para auto protegerse de sus propios temores y recuerdos, para que que aquella partida doliera un poco menos, por lo común hablaron poco. Pero en nuestras manos queda la tarea enorme de recuperar esas raíces. Reconstruir su valentía, de conocer la historia personal de cada uno. Si hay una escucha activa amorosa, las personas mayores de cada una de nuestras familias sentirá que son valoráradas sus sendas y que deseamos honrar su camino. Reconocer el derrotero de aquellos que forjaron la historia de nuestro país, que trabajaban nuestra tierra, que crearon nuestras fábricas, que formaron sus familias.

Hoy somos nosotros herederos que intentamos recuperar esa nacionalidad, la que nos lleva a obtener un beneficio porque llevamos su sangre, pero no se trata sólo de un trámite, sino de honrar su historia, de transmitirla y de perpetuarla, para que no muera cuando se apaguen sus voces.

Roma

Un trámite, una partida, un documento revela caminos sorprendentes de nuestros antepasados. Esos que derrumban los recuerdos y explotan las lágrimas.

La nacionalidad no es un pasaporte. Es un entramado de raíces y sangre que nos adentra en la historia y nos proyecta. Fueron nuestros abuelos, serán nuestros nietos.

Fontana Di Trevi