Conocemos sobre la historia de la Universidad de Buenos Aires

Nos adentramos en lo que fue el nacimiento de la universidad mas importante de Argentina.

La Universidad de Buenos Aires fue fundada después de una serie de intentos que no prosperaron, iniciados en la Ciudad en 1778 por el Virrey Juan José de Vértiz, siendo rey de España Carlos III. El 9 de agosto de 1821, un Edicto del Gobierno provincial de Martín Rodríguez, refrendado por su Ministro Bernardino Rivadavia, dispuso la erección de la Universidad de Buenos Aires, fundación que se hacía con un explícito propósito pedagógico.

La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una universidad nacional pública argentina con sede en la ciudad de Buenos Aires. Fue fundada el 12 de agosto de 1821 por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez, y su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia. La UBA es la mayor universidad de Argentina y está considerada uno de los centros de estudios más prestigiosos de América y del mundo.

La Universidad de Buenos Aires fue creada por un decreto del gobierno de la Provincia el 9 de agosto de 1821 y quedó formalmente inaugurada con un acto solemne que tuvo lugar en la Iglesia de San Ignacio el 12 de ese mismo mes. Con su creación se cumplía un antiguo anhelo de la comunidad porteña que había bregado, en forma insistente y sin éxito, por la fundación de una casa de altos estudios durante los últimos tramos de la etapa colonial.

Las autoridades de la ciudad habían solicitado a la Corona española, ya en la década de 1770, la creación de la universidad, pero, aparentemente, la oposición de los universitarios de Córdoba fue decisiva para que el proyecto no llegase a buen término.

La nueva Universidad incorporó algunas de las instituciones de enseñanza superior que funcionaban en la ciudad desde hacía algunos años. La sociedad porteña, una comunidad de funcionarios, comerciantes, militares y navegantes, había propiciado la conformación de organismos educativos que pudiesen resolver algunos de sus problemas prácticos más acuciantes. En 1780 se había creado el Protomedicato que tenía como propósito central controlar la salud de la población y el ejercicio de los oficios vinculados con ella. Tiempo después esta misma institución fue autorizada para ocuparse de la enseñanza de la medicina.

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo

El gobierno designó como primer Rector al Presbítero Antonio Saénz. Se trataba de un sacerdote que gozaba de un gran prestigio y que había sido comisionado ya en 1816 para ocuparse del establecimiento de la Universidad. Esta adquirió una organización a través de departamentos en lugar de la clásica división en facultades propia de las universidades desde los tiempos medievales. La componían los departamentos de Primeras Letras, de Estudios Preparatorios, Ciencias Exactas, Medicina, Jurisprudencia y Ciencias Sagradas. Esta compleja organización obedecía también al hecho de que la institución no estaría consagrada solamente a la educación superior.

Se trataba del organismo destinado a administrar al sistema educativo en su conjunto. Las autoridades de la Provincia, en particular su Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, estaban empeñadas entonces en impulsar un proyecto de reorganización general de la estructura institucional del estado. En este contexto, el incentivo a las actividades educativas y culturales cumplía un papel singular.

La UBA nació así con una impronta distinta a la de la Universidad de Córdoba, la otra gran casa de altos estudios existente por entonces en lo que sería, años más tarde, el territorio argentino. Esta última era una clásica universidad colonial, fundada sobre el viejo modelo de la universidad escolástica. Su principal rama de estudios había sido, hasta finales del siglo XVIII, la Teología.

La casa de altos estudios porteña surgió, en cambio, cuando este modelo se encontraba en crisis en todo el mundo occidental y desde sus inicios tuvo un sello más “utilitarista” y “profesionalista” que su símil cordobés. Pero tampoco deberían sobreestimarse esas diferencias. Los primeros cinco rectores de la Universidad y que rigieron la institución hasta la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852; Antonio Saénz, José Valentín Gómez, Santiago Figueredo, Paulino Gari y Miguel García fueron sacerdotes.

Los primeros años de vida de la institución fueron particularmente complejos. Poco tiempo después de su creación ésta concentró sus esfuerzos en los Departamentos de Primeras Letras y de Estudios Preparatorios ya que los otros recibieron un número muy pequeño de estudiantes. El de Ciencias Sagradas, por ejemplo, no pudo comenzar su funcionamiento por no tener ningún alumno. Pero también experimentó otros problemas: el escaso compromiso de varios de sus profesores con la enseñanza, la falta de recursos y la ausencia de un reglamento interno que fijase con claridad las obligaciones de sus autoridades y docentes.

Facultad de Derecho

Tampoco pudo la Universidad quedar al margen de los conflictos políticos que atravesaron a la provincia durante toda la primera mitad del siglo XIX. La inestabilidad institucional y administrativa derivada de las guerras civiles tuvo un impacto profundo y afectó negativamente sus actividades. En diferentes oportunidades se modificó su estructura interna y sus formas de gobierno. Tal vez el momento más dramático de esta etapa se produjo cuando el gobernador de la Provincia, Juan Manuel de Rosas, en el año 1838, en el contexto del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires, resolvió suspender la partida que sostenía su funcionamiento en el presupuesto estatal.

La casa de estudios, mas allá de esto, logró mantener su funcionamiento gracias a los aportes de sus estudiantes, a los recursos obtenidos a través de subscripciones públicas y a la colaboración de varios profesores que aceptaron dar sus clases en forma gratuita. A estas difíciles circunstancias se sumaron, también en los orígenes, controversias y conflictos entre los principales actores de su vida institucional y académica.

Uno de ellos, y particularmente grave, fue el que enfrentó a su primer Rector, Antonio Sáenz con uno de los catedráticos de Filosofía, Juan Manuel Fernández de Agüero. Saénz acusó a Agüero de sostener en sus cursos proposiciones escandalosas y heréticas e intentó destituirlo. El conflicto expresaba también los límites que existían, todavía entonces, para construir una institución universitaria desvinculada por completo del molde impuesto por las tradiciones religiosas.

A pesar de las condiciones precarias en las que desarrollaba sus actividades, la Universidad cumplió un papel central en la socialización de las clases dirigentes porteñas durante las décadas centrales del siglo XIX. El creciente número de graduados da testimonio de esta importancia. Este papel central en la formación de las élites se acentuó después de 1852 cuando, una vez derrocado el gobierno de Juan Manuel de Rosas, el país entró en una nueva etapa signada por el comienzo de la organización constitucional y la conformación del estado nacional.

Los estudios superiores brindaban una serie de habilidades y conocimientos fundamentales para todos aquellos atraídos por la vida política y la administración pública y muchos de sus estudiantes, formados en aquellas épocas de guerras y conflictos, desempeñarían un papel central en la vida pública de la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. Por otra parte, la Universidad recuperó desde entonces las partidas que le habían sido sustraídas y se abocó a reorganizar su estructura. La Facultad de Medicina fue separada de la institución hasta 1874 y por eso sus funciones se concentraron en los Departamentos de Estudios Preparatorios y de Jurisprudencia.

Facultad de Medicina

En este último, cuya actividad estaba dominada sobre todo por dos cátedras, las de Derecho Canónico y Derecho Civil y de Gentes se agregaron, entre otras, las de Economía Política y luego las de Derecho Criminal y Mercantil. Se transformó el plan de estudios, pero la implementación de nuevas asignaturas se pospuso en varias oportunidades ya que no se encontraron profesores en condiciones de asumirlas. Estas dificultades llevaron incluso a la contratación de profesores extranjeros: el italiano Clemente Pinoli se hizo cargo de la cátedra de Economía Política y un destacado jurista colombiano, Florentino González, se hizo cargo de la de Derecho Constitucional y Administrativo en 1868.

Un momento singularmente importante en la vida de la institución se produjo cuando Juan M. Gutiérrez fue designado Rector en el año 1861. El proceso de liberación de la Universidad de la influencia eclesiástica tomó un nuevo impulso ya que, a partir de este momento, comenzó el desarrollo de los estudios científicos en el sentido moderno.

Probablemente, la principal innovación de esta etapa fue la creación de un nuevo Departamento de Ciencias Exactas. Éste fue conformado a partir de tres grandes áreas: Matemáticas Puras, Matemáticas Aplicadas e Historia Natural. Para dirigir cada una de ellas Gutiérrez contrató a tres científicos italianos: Bernardino Speluzzi, Emilio Rosetti y Pellegrino Strobel. Pero Gutiérrez también se preocupó por avanzar en la modificación de la estructura administrativa y de gobierno de la institución.

En 1865 elaboró un reglamento universitario que establecía que la institución sería gobernada por un Consejo de catedráticos que presidiría el Rector. Años después elevó un proyecto de ley orgánica para todo el sistema de enseñanza en el que contemplaba a los concursos como mecanismo para la provisión de profesores. Pero también durante aquellos años debió la Universidad afrontar fuertes conflictos. Un estudiante de la Facultad de Derecho se suicidó luego de reprobar un examen y el episodio forzó fuertes enfrentamientos entre profesores y alumnos.

Esto aceleró la necesidad de establecer un nuevo ordenamiento legal para las casas de estudios, que llegó a través de un decreto del Poder Ejecutivo Provincial de marzo de 1874. La Universidad se transformó en una federación de facultades: la de Humanidades y Filosofía (concebida como centro de estudios preparatorios y disuelta pocos años después), la de Ciencias Médicas (reincorporada ahora a la Universidad), la de Derecho y Ciencias Sociales, la de Matemática y la de Ciencias Físico-Naturales (estas dos últimas se fusionarían tiempo más tarde).

Por otra parte, dos años antes, el gobierno de la Provincia resolvió suprimir la Academia de Jurisprudencia y reemplazarla por una Cátedra de Procedimientos. Esto determinó que la Universidad asumiese el control de la expedición de los títulos profesionales. De esta forma quedaban sentadas las bases para el proceso de modernización de la universidad.

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