La historia de Freire, quien le da nombre a la calle de Colegiales

Ramón Freire Serrano nació en Santiago, 27 de noviembre de 1787 y falleció el 9 de diciembre de 1851 en la misma ciudad en la cual nació. Se destacó por ser un militar y dirigente chileno que combatió durante la guerra de la independencia de su nuevo país, hasta que logró alcanzar el grado de Capitán General. Se pudo desempeñar en diversas y diferentes oportunidades en la primera magistratura, con los cargos de Director Supremo y Presidente de Chile. Dentro del ejercicio de su cargo se tuvo que enfrentar a las diferentes facciones que intentaban prevalecer y quedarse en la naciente república, siendo finalmente derrotado por el partido dirigido por Diego Portales. Después de un largo período de exilio en la Polinesia, pudo regresar a su nación para vivir sus últimos años de vida.

Siendo una figura histórica Freire fue constantemente considerado por la historiografía de una indole mas conservadora como poco hábil y practico  para el ejercicio y la implementación de los cargos que se le encomendaron, viviendo, de esta manera, en la  constante sombra de su antecesor, Bernardo O’Higgins, y por parte de quien ejerció el poder real tras su caída, Diego Portales. Sin importar lo anterior, y gracias al trabajo de diferentes historiadores, en especial Gabriel Salazar, su figura ha sido objeto de un nuevo y renovado análisis, donde su rol como dirigente en el proceso de organización de su recién independizado país ha pasado a ser considerado uno de los más importantes por su defensa de los intereses regionales de las provincias frente al centralismo mercantil del empresariado de la capital.

El 12 de agosto de 1823 se formó un Congreso Constituyente, que ratificó al general Freire en el poder. El 27 de diciembre de 1823 se dictaría una nueva constitución, que tenía como autor principal a Juan Egaña. Este texto normativo fue mas conocido como la constitución moralista y sus complejos sistemas de funcionamiento hicieron que sea imposible ponerla en practica. Debido a esto nunca sus disposiciones fueron llevadas a efecto, hasta el punto que, por sucesivos decretos, fue parcialmente suspendida su aplicación y casi totalmente derogada.

Al iniciar su gobierno dio término al juicio de residencia de su antecesor Bernardo O’Higgins, a quien le permitió salir del país a su exilio en Perú de forma honorable. Durante su gobierno se sancionó la ley que abolió de forma definitiva la esclavitud y firmó el Decreto Supremo que cambiaba la palabra Patria en los documentos oficiales por el nombre de Chile.

Fue quien pudo realizar una primera expedición a la Isla de Chiloé, que todavía se encontraba en el poder de la Corona Española, bajo el mando del coronel Antonio de Quintanilla. A pesar de algunos triunfos del coronel Jorge Beauchef, después de la batalla de Mocopulli la expedición devino en un fracaso y a finales de abril las tropas regresaban derrotadas a Talcahuano y Valparaíso.

Durante esos años se aceptó entregar el estanco del tabaco a la sociedad Portales, Cea y Cia., lo que tendría impensadas consecuencias en el futuro. En julio dimitió al cargo de Director Supremo, pero el Congreso (para que se mantuviera en el poder) lo autorizó suspender los efectos de la Constitución de 1823. El 14 de noviembre, Freire partió al mando de 2.500 hombres para conquistar Chiloé. Tras las batallas de Pudeto y Bellavista, los realistas se rindieron y el 19 de enero se firmó solemnemnete el Tratado de Tantauco, por el que se incorporó el archipiélago a la soberanía de Chile.

Debido a la agitación política que encontró a su regreso, renunció al mando, siendo elegido Manuel Blanco Encalada como primer Presidente de Chile.

Estudios más actuales, tales como el del premio nacional de historia Gabriel Salazar, han reivindicado la figura de Ramón Freire. Salazar ha señalado que Freire era: «un general que tuvo una hoja de triunfos militares más nutrida que la de O’Higgins y Carrera, y un estadista que se jugó entero (sorteando con sorprendente habilidad, durante seis años, las múltiples trampas que le tendió el patriciado mercantil de Santiago) para que ‘los pueblos’ (las comunidades productoras) pudiesen construir libre, deliberada y democráticamente, el tipo de Estado que necesitaban para su desarrollo. Freire no fue dictador como O’Higgins –pese a que también fue designado Director Supremo-. Ni conspirador golpista como Portales, pudiendo haber dado golpes militares en más de una oportunidad (gozaba de enorme popularidad entre los militares y de gran confianza en la ciudadanía provincial) o haberse aferrado al poder (abdicó voluntariamente no una, sino varias veces, y fue llamado otras tantas al gobierno, por todos los sectores). No hay duda de que fue, ante todo, un militar con conciencia ciudadana y un liberal demócrata permanentemente preocupado de que la soberanía popular tuviera la mejor oportunidad para ejercer por sí misma su poder constituyente. No ha habido militar en toda la historia de Chile que haya actuado con semejante ética política»