Incautaron Miles de cucarachicidas Chinos nocivos para la Salud

La cana porteña, en un jugoso operativo, metió la zarpa en comercios de Balvanera, Once y Caballito, incautando casi 4.000 cucarachicidas chinos que estarían más picantes que la cayena para la salud del hombre y los bichos de cuatro patas. Cinco chinos y un peruano fueron engrillados por este tole tole.

En un raid que bien podría haber sido sacado de un cuento urbano de Borges, pero con la picardía de un sainete criollo, la Policía de la Ciudad, junto al Cuerpo de Investigaciones Judiciales y la ufano presencia del Ministerio Público Fiscal, ha dado un golpe de timón en la lucha contra la piratería sanitaria en el corazón de Buenos Aires. Los rincones de Balvanera, Once y Caballito fueron el tablado de este drama policial, donde se descubrieron, en una seguidilla de inspecciones, miles de cucarachicidas importados del dragón asiático, tan dañinos para la salud que te hacen añorar los tiempos del matafuego.

La pista que desató este vendaval arrancó en la «Mesa Antipiratería», un brete donde el ministro de Seguridad de la Ciudad, Waldo Wolff, y el subsecretario Enzo Cassia, entre mate y mate, hilvanaron las primeras sospechas. Este encuentro, más argentino que el dulce de leche, puso en la mira a los insecticidas que, lejos de ser una solución, resultaban un problemón para quien los usase.

«El operativo fue una movida de aquellas, se realizó en siete locales que parecían más escondites que comercios», comentaron las fuentes policiales a Palermo Online Noticias. Este allanamiento no fue moco de pavo, y contó con el ojo avizor de la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA) y la Agencia Nacional de Materiales Alimentarios, Medicamentos y Cosméticos (ANMAT), que no se andan con chiquitas cuando la salud está en juego.

Los oficiales, que no se tiñen por menos, cargaron con casi 4.000 paquetes de estos venenos, y dejaron a más de uno con la boca abierta. «Los barrios de Balvanera, Once y Caballito no son la Recoleta, pero nuestros vecinos merecen respeto y salud», exclamó un cana mientras rellenaba el acta de incautación.

Como resultado de este quilombo, cinco ciudadanos del gran país oriental y un compadre del Perú, todos rondando la treintena, se vieron con los ganchos puestos por meterse en camisa de once varas, violando los artículos 201 y 289 del Código Penal Nacional. El caso, que tiene más vueltas que una milonga, sigue abierto y promete más capítulos.

Este episodio no es solo una muestra de la lucha contra la piratería que afecta a los porteños, sino también un ejemplo de cómo, en estas pampas, se persigue sin cuartel a los que juegan con la salud del pueblo. El mensaje está claro: en Buenos Aires, el que las hace, las paga.

Si usted quiere participar en este debate o tiene algo que contar sobre cómo estos productos afectan a nuestros barrios, no dude en mandar un correo