Colegiales despide al papa Francisco: fe, memoria y legado en el barrio de la ternura


El papa Francisco murió el 21 de abril de 2025 a los 88 años. En Colegiales, barrio donde la memoria se entrelaza con la fe y la historia de los desaparecidos, vecinos y parroquias se reúnen para homenajear al primer pontífice argentino. Su legado, su cercanía con los pobres y su mensaje de paz resuenan fuerte entre las calles empedradas y las plazas de la comuna.


El barrio de Colegiales se detiene, conmovido, ante la muerte de Jorge Mario Bergoglio. El papa Francisco, vecino porteño, cura de calle y finalmente líder del Vaticano, falleció el 21 de abril a los 88 años en su residencia de la Casa Santa Marta, en Roma, tras enfrentar una neumonía bilateral con infección polimicrobiana. Pero su partida resuena especialmente en los rincones de la ciudad que lo vieron crecer, pensar y rezar. Y en Colegiales, el eco de su palabra sencilla y combativa se hace carne entre los bancos de iglesia, los clubes de barrio y los cafés de esquina.

La noticia fue recibida con tristeza en las parroquias del barrio, como San Pablo Apóstol, Santa María de los Ángeles y la Capilla Nuestra Señora del Rosario de Pompeya. Muchos fieles organizaron misas de homenaje y espacios de oración silenciosa. En la plaza Juan José Paso, una vecina colocó una vela con su foto: “No fue un papa como los de antes, fue el cura del pueblo”, dijo entre lágrimas.

La muerte de Francisco marca el fin de una era dentro de la Iglesia, pero también en el alma de los que buscan un cristianismo de acción y cercanía. Desde que asumió el Pontificado en 2013, Francisco rompió con protocolos, abrazó a los excluidos, condenó el capitalismo salvaje, habló sin filtros del drama de los refugiados, los abusos eclesiásticos y los pobres del mundo. En cada gesto, dejó claro que el poder no lo tentaba, y que su misión era más pastoral que pontificia.

En Colegiales, su legado toca fibras profundas. En este barrio que guarda heridas abiertas por la dictadura —con desaparecidos como Alicia Graciana Alfonsín, vecina del pasaje Aguilar, y militantes barriales de los años 70— el mensaje de Francisco sobre la memoria, la justicia social y la dignidad humana tuvo siempre una recepción especial. De hecho, en varias parroquias se han leído en estos días fragmentos de sus discursos más recordados, como aquel en el que advirtió: “La memoria es fuente de paz y no de rencor”.

El funeral del papa se realizará en Roma, pero Colegiales ya comenzó su propio duelo simbólico. En el Club Colegiales, un grupo de jubilados se reunía cuando la noticia interrumpió la ronda: “Era el último argentino que hablaba de los pobres sin miedo”, comentó uno. En la confitería Lo de Carlitos, otra clienta recordaba cuando lo vio, años atrás, caminando por Belgrano en silencio, con un libro bajo el brazo.

Francisco no sólo cambió la relación de la Iglesia con el mundo moderno. También renovó el modo en que los barrios se vinculan con lo espiritual. Le habló a los cartoneros, a los presos, a las personas trans, a los enfermos de VIH, a los jubilados sin medicamentos, a los jóvenes sin futuro. Y desde Colegiales, esa voz fue escuchada con atención.

La parroquia Santa María de los Ángeles anunció que este jueves se celebrará una misa especial para recordar su vida y legado. Habrá lectura de sus homilías más populares y se proyectarán fragmentos de su primera aparición como papa en 2013, cuando se presentó con humildad y pidió que rezaran por él. Se espera una nutrida participación barrial, incluyendo centros culturales y agrupaciones sociales.

Mientras tanto, la Iglesia comienza su proceso de sucesión. Según la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, el cónclave se reunirá en el Vaticano en los próximos días para elegir a su sucesor. El papa Francisco había hecho reformas a este procedimiento, pero mantuvo el espíritu del secreto y la oración como base de la elección.

Desde Colegiales, el adiós no es solo a un líder religioso, sino a un vecino del alma. El hombre que caminaba por las calles de Flores, que subía al bondi con sotana y hablaba con lenguaje de calle, se convirtió en el representante máximo de la Iglesia católica. Pero nunca dejó de ser “el cura Bergoglio”, como aún lo recuerdan algunos sacerdotes de la ciudad.