Funeral del papa Francisco: Buenos Aires lloró junto a Roma

Funeral del papa Francisco: Buenos Aires lloró junto a Roma

Buenos Aires amaneció entre lágrimas y memorias este sábado 26 de abril de 2025, mientras el Vaticano despedía al papa Francisco con un funeral austero y cargado de símbolos. Desde el corazón de Colegiales, donde los ecos de sus gestos de ternura y rebeldía resuenan como un viejo tango de Gardel, los vecinos siguieron el minuto a minuto de su último adiós.

Un funeral sin oropeles: Roma en silencio, Colegiales en vigilia

A las 5:09 de la madrugada argentina, comenzó la misa exequial en la Plaza San Pedro, con 200.000 almas testigos y el mundo mirando con el alma en vilo. El cardenal Giovanni Battista Re fue el encargado de pronunciar la homilía que desbordó en aplausos cuando recordó el espíritu rebelde y compasivo de Francisco: «Nadie se salva solo», clamó, como un eco de esos viejos sermones en Flores y en las villas.

El féretro, sencillo, cargado apenas con monedas de su papado y un documento de su pontificado, fue trasladado hacia su última morada: la Basílica de Santa María la Mayor, siguiendo su voluntad de dormir bajo la mirada de la Virgen, lejos del boato vaticano que tanto detestaba.

Mientras el cortejo pasaba por el Coliseo Romano, la emoción era palpable también en Buenos Aires. En Colegiales, varios templos abrieron sus puertas de madrugada para que los fieles pudieran rezar en comunidad. No se trataba de protocolos ni de solemnidades huecas: era el pueblo despidiendo a uno de los suyos.

Misa en la Catedral Metropolitana: lágrimas que limpian los ojos

A las 10:00, en la Catedral Metropolitana, el arzobispo Jorge García Cuerva oficiaba una misa que rompió en llanto a más de uno. Recordó las palabras del Papa sobre la necesidad de llorar: “Las realidades de la vida se ven con los ojos limpios de lágrimas”, dijo el prelado, citando a Francisco con la voz quebrada.

«¿Sabemos llorar ante un niño esclavizado, ante un marginado?» preguntó, interpelando a una sociedad cada vez más dura y encallecida. Entre los presentes, había jóvenes recuperados de la droga, militantes de las villas, políticos como Axel Kicillof y Victoria Villarruel, y vecinos de a pie, de esos que todavía llevan en el bolsillo una estampita gastada.

Una joven de la Parroquia San José Obrero, en el borde de Chacarita, resumió el sentimiento popular: «Fue el Papa de los pobres, el Papa de las villas. Perdimos a alguien que era muy nuestro».

Milei y la hipocresía de los poderosos

En Roma, el presidente Javier Milei asistió al funeral en medio de gestos de incomodidad. No hay maquillaje posible cuando las cámaras te desnudan: fue el mismo que había llamado al Papa «representante del maligno», ahora de pie en la misa fúnebre. En Colegiales, más de un vecino —en la panadería, en la misa, en la esquina— soltó el comentario mordaz: «Ahora resulta que lo quiere».

Porque la memoria popular, vieja y sabia como la barranca de Colegiales, no olvida los agravios fácilmente. Y porque a Francisco, el cura villero que llegó a Roma sin vender su alma, se lo llora sin hipocresías.

Francisco: la primavera que nos queda

Francisco lideró la Iglesia por doce años. No dejó riquezas, ni obras monumentales. Dejó gestos: abrazos a los últimos, zapatos gastados, palabras de consuelo, y una fe sencilla como el mate en la plaza de Colegiales.

Con su muerte se cierra una era de apertura y coraje en el Vaticano. Y se abre, quizás, una larga espera: la del cónclave que deberá elegir a su sucesor. Los cardenales menores de 80 años, reunidos bajo el aroma antiguo de incienso y conspiraciones, necesitarán dos tercios de los votos para nombrar al nuevo pontífice. Hasta entonces, Francisco sigue siendo el pastor que, desde algún rincón del cielo, velará por los pobres, los niños y los barrios humildes que nunca dejó de amar.

Y acá, en Colegiales, en la ciudad que lo vio crecer, seguimos caminando sus pasos.

¿Vos qué recordás de Francisco? ¿Qué enseñanza te dejó?