Torta de Chocolate “Colegiales Clásica”

Una receta nueva, propia, pensada para hornearse en casas antiguas de techos altos, en cocinas mínimas de PH reciclados o en departamentos que miran al tren.

Identidad del plato

Esta torta nace del cruce entre la pastelería casera porteña y las tendencias actuales de cafeterías de barrio: mucho cacao, textura húmeda, aroma cálido y un ingrediente secreto que la ancla a Colegiales: dulce de naranjas casero o mermelada cítrica, un clásico del corredor gastronómico del barrio.


Ingredientes

Para la torta:

  • Harina 0000: 220 g
  • Cacao puro en polvo: 45 g
  • Azúcar: 200 g
  • Manteca blanda: 120 g
  • Huevos: 3
  • Leche tibia: 180 ml
  • Extracto de vainilla: 1 cucharadita
  • Polvo para hornear: 1 cucharadita y media
  • Bicarbonato: media cucharadita
  • Pizca de sal
  • Mermelada de naranja espesa: 2 cucharadas (el toque Colegiales)
  • Chocolate semiamargo picado: 80 g

Para el glaseado “Tren Colegiales”:

  • Chocolate amargo: 120 g
  • Crema: 70 ml
  • Manteca: 20 g
  • Ralladura de naranja: media cucharadita

Preparación

1. Arranque del ritual

Precalentá el horno a 180°. Enmantecá y enhariná un molde de 22 cm.

2. Base chocolatera

Batí la manteca con el azúcar hasta lograr una crema suave. Agregá los huevos de a uno, la vainilla y la mermelada.
La mermelada no tiene que sentirse como sabor de “merienda infantil”, sino como un fondo aromático que levanta el cacao.

3. Secos a escena

Tamizá harina, cacao, polvo de hornear, bicarbonato y sal. Incorporalos a la mezcla anterior alternando con la leche tibia.

4. El toque del barrio

Sumá el chocolate picado. Ese detalle da textura irregular, como adoquín viejo del pasaje Zelaya.

5. Horneado

Volcá la mezcla en el molde y horneá 35–40 minutos. Probá con palillo: húmedo pero no crudo.


Glaseado “Tren Colegiales”

Calentá la crema, agregá el chocolate picado y mezclá fuera del fuego. Sumá la manteca y la ralladura para perfumar. Cubrí la torta cuando esté tibia.


Por qué es una torta de Colegiales

Porque mezcla nostalgia y modernidad.
Porque tiene cacao intenso, pero también una nota cítrica que recuerda al aroma de los árboles de naranjo dispersos por el barrio.
Porque es simple y seria, pero con una vuelta creativa, como las cafeterías de la zona que reinventan recetas clásicas sin ponerse pretenciosas.

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