Murió el Indio Solari

Por la redacción de Colegiales Noticias

La muerte de Carlos Alberto «Indio» Solari, ocurrida este viernes a los 77 años, provocó una conmoción que atravesó generaciones, clases sociales y barrios enteros de la Ciudad de Buenos Aires. En pocos artistas argentinos se produjo un fenómeno tan singular como el que construyó durante décadas junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Sin embargo, en barrios como Colegiales, Chacarita y Palermo, la noticia golpea de una manera especial. Aquí, entre estaciones ferroviarias, talleres, bares, plazas y calles arboladas, la cultura ricotera encontró durante décadas uno de sus territorios más fértiles.

Durante los años ochenta y noventa, cuando Los Redondos comenzaron a transformarse en un fenómeno masivo, miles de jóvenes de Colegiales viajaban juntos a recitales en trenes, colectivos y autos compartidos. Las estaciones Colegiales, Federico Lacroze y Chacarita se transformaban en puntos de encuentro improvisados. Las paredes del barrio aparecían cubiertas por stencils, afiches y frases tomadas de canciones que se transmitían de generación en generación. Mucho antes de las redes sociales, la información sobre un recital, una entrada o una novedad de la banda circulaba de boca en boca, en los colegios, en los clubes y en los bares de la zona.

Lo que distinguió al Indio Solari de otros músicos fue la construcción de una relación casi única con su público. Los Redonditos de Ricota no crecieron impulsados por la televisión ni por campañas publicitarias millonarias. Construyeron una comunidad. Una identidad. Una forma de pertenencia. Esa comunidad tuvo una presencia especialmente fuerte en los barrios del corredor norte porteño, donde durante décadas convivieron estudiantes, trabajadores, artistas, ferroviarios y miles de jóvenes que encontraron en aquellas canciones una manera de interpretar la realidad argentina.

Los recitales ricoteros se transformaron en verdaderas peregrinaciones populares. La llamada «misa ricotera» movilizaba multitudes que viajaban desde todos los rincones del país. El pogo de «Ji Ji Ji», bautizado durante años como «el pogo más grande del mundo», se convirtió en una imagen emblemática del rock argentino contemporáneo. Quienes estuvieron allí recuerdan una experiencia difícil de explicar: estadios vibrando, tribunas completas saltando al mismo tiempo y una sensación colectiva que trascendía ampliamente el espectáculo musical. Para miles de vecinos de Colegiales, aquellos viajes forman parte de los recuerdos más intensos de la juventud.

La historia artística del Indio comenzó en La Plata durante la década de 1970 junto a Eduardo «Skay» Beilinson, la Negra Poli y un grupo de artistas que buscaban desarrollar una propuesta completamente independiente. De aquella experiencia surgió Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que terminaría produciendo algunos de los discos más importantes de la música argentina, entre ellos Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota, La mosca y la sopa, Lobo suelto, cordero atado y Luzbelito. Muchas de esas canciones continúan sonando hoy en casas, bares, clubes y reuniones de amigos en todos los barrios porteños.

Después de la separación de Los Redondos en 2001, Solari inició una nueva etapa junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Lejos de disminuir, la convocatoria siguió creciendo. Tandil, Junín, Mendoza, Gualeguaychú y especialmente Olavarría fueron escenario de algunos de los recitales más multitudinarios de la historia del rock argentino. En varios de ellos participaron decenas de miles de vecinos de Colegiales, Palermo, Belgrano y Chacarita, manteniendo viva una tradición cultural que ya atravesaba varias generaciones.

El diagnóstico de Parkinson, que el propio músico hizo público en 2016, marcó el comienzo de su retiro progresivo de los escenarios. Sin embargo, incluso alejado de la actividad en vivo, continuó siendo una referencia cultural permanente. Su figura siguió presente en libros, documentales, murales, programas de radio y conversaciones cotidianas. En numerosos bares de Colegiales y Chacarita todavía hoy pueden encontrarse fotografías, discos, afiches y recuerdos vinculados a una obra que acompañó la vida de millones de argentinos durante más de cuarenta años.

La noticia de su fallecimiento representa mucho más que la pérdida de un músico. Para muchos vecinos significa despedir una parte de su propia historia personal. La historia de los amigos con quienes viajaron a recitales. La historia de los primeros amores. La historia de las noches eternas escuchando discos. La historia de una ciudad que encontró en el rock un espacio de encuentro, identidad y expresión colectiva.

Hoy Colegiales despide a uno de los artistas más influyentes de la cultura argentina contemporánea. Pero como ocurre con los grandes creadores populares, las canciones permanecen. Permanecen en las radios, en las guitarras, en las plazas, en las reuniones de amigos y en la memoria de quienes alguna vez sintieron que una canción podía explicar mejor que nadie lo que significaba vivir en la Argentina.

Porque el Indio Solari murió.

Pero el universo ricotero, construido durante medio siglo por millones de personas, seguirá formando parte de la identidad cultural de Buenos Aires y, especialmente, de barrios como Colegiales, donde el rock siempre encontró una segunda casa.