Mientras la atención pública parece concentrarse en el Mundial, millones de argentinos arrancan la semana con una realidad mucho menos festiva: desde este lunes vuelve a aumentar el transporte público, los alimentos muestran nuevas subas y el empleo formal continúa en retroceso.
Para los vecinos de Colegiales, Palermo, Chacarita y los barrios del corredor ferroviario Mitre-San Martín, el golpe es directo. Viajar en colectivo o tren costará más desde el 15 de junio. Los colectivos nacionales aumentarán otro 2% y los trenes del AMBA tendrán una suba cercana al 13%, en una nueva actualización tarifaria que impactará sobre quienes utilizan diariamente el transporte público para trabajar, estudiar o realizar trámites.
Al mismo tiempo, los alimentos vuelven a encender una luz de alarma. Relevamientos privados detectaron que durante la segunda semana de junio la canasta de alimentos y bebidas volvió a acelerarse. Las carnes encabezaron los aumentos con subas superiores al 2% semanal y ya explican gran parte de la inflación mensual del rubro. En los supermercados del barrio, cada compra se transforma en una calculadora permanente donde las familias intentan llegar a fin de mes sin resignar calidad ni cantidad.
Pero quizás el dato más preocupante sea el mercado laboral. Distintos informes muestran que el empleo formal sigue cayendo. Durante marzo se perdieron más de 10.000 puestos asalariados registrados y también retrocedió la cantidad de monotributistas. La destrucción de empleo ya supera los 300.000 puestos desde la llegada del actual gobierno, según los datos citados por especialistas.
La combinación resulta explosiva para la vida cotidiana: salarios que corren detrás de los precios, transporte más caro para llegar al trabajo y menos oportunidades laborales para quienes buscan empleo. En Colegiales, como en muchos barrios de la Ciudad, cada vez son más frecuentes los locales vacíos, los carteles de alquiler y las historias de familias que ajustan gastos para sostenerse.
Las estadísticas pueden discutirse. Lo que cuesta discutir es la realidad que se observa en la calle. Comercios con menos movimiento, vecinos buscando trabajo, jubilados recortando consumos y trabajadores que destinan una porción creciente de sus ingresos a viajar y alimentarse.
La economía no se mide solamente en porcentajes o planillas. También se mide en la mesa familiar, en el boleto del tren, en el changuito del supermercado y en la tranquilidad de saber que el trabajo alcanzará para llegar a fin de mes. Y hoy, para muchos argentinos, esa tranquilidad parece cada vez más lejana.