Un adolescente retiró 90 libros y fue distinguido como el mejor lector de las bibliotecas públicas porteñas

Un chico de 14 años que retiró 90 libros en apenas un año fue reconocido como el mejor lector de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad. El premio se entregó este sábado 22 de agosto en la Biblioteca Miguel Cané – Espacio Borges, dentro de las Jornadas Borges: Un escritor universal, una celebración que vuelve a poner en el centro algo bastante simple pero cada vez más valioso: chicos y chicas que siguen encontrando aventura, preguntas y compañía en los libros.

El primer premio del Premio Joven Lector 2026 fue para Agustín Nicolás Troya, usuario de la Biblioteca Leopoldo Lugones, quien alcanzó los 90 préstamos. Detrás quedó Vicente Fortunato Astoviza, de apenas 6 años, lector de la Biblioteca Parque de la Estación, con 81 libros retirados. El tercer lugar fue para Nazaira Chávez, de 10 años, usuaria de la Biblioteca Baldomero Fernández Moreno, que retiró 63 ejemplares.

También hubo reconocimientos especiales para las lectoras más jóvenes. Amarena Pérez Luengo, de 4 años y usuaria de la Biblioteca Enrique Banchs, recibió la mención al lector más chiquito. A su vez, la Biblioteca Pública Digital Jorge Luis Borges distinguió a Clara Sánchez, de 5 años, y a Catalina Tallarico Miñán, de 7, por su participación en la lectura digital.

La ceremonia contó con la presencia del jefe de Gabinete porteño, Gabriel Sánchez Zinny, y de la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes. “Detrás de cada niño o niña lectora hay una familia que acompaña y un bibliotecario que recomienda”, señaló la funcionaria, al destacar el papel de las bibliotecas como espacios de descubrimiento y de acceso gratuito a la cultura.

Para las familias de Colegiales, donde conviven escuelas, clubes, plazas y una vida barrial que todavía conserva esa costumbre de recomendar un libro, la noticia funciona como una invitación concreta: acercarse a las bibliotecas públicas, asociarse sin costo y dejar que los chicos elijan. No se trata de convertir la lectura en una carrera de números —aunque 90 libros es una marca tremenda—, sino de abrir una puerta que después no se cierra fácil.