El patio compartido por el Jardín de Infantes Común N.º 7 “El Jardín de las Glicinas” y la Escuela Primaria N.º 13 “Raúl Scalabrini Ortiz”, en Conde 223, conserva dibujos realizados por distintas promociones. Colores, nombres y escenas cotidianas forman una pequeña memoria colectiva del barrio.
En uno de los rincones más familiares de Colegiales, justo frente a Plaza Mafalda, los muros también cuentan historias. El patio ubicado sobre Conde 223 luce una serie de murales dedicados a los egresados de distintas promociones, con dibujos que recuerdan el paso de los alumnos por las aulas de la escuela pública.
Uno de los trabajos lleva la inscripción “Egresados 2024” y representa un recorrido escolar: aparece la Escuela N.º 13, el colectivo 139 y una referencia a la escuela secundaria ubicada a unos 480 metros. No es solamente una despedida pintada sobre una pared. Es la imagen del camino que realizan los chicos cuando dejan la primaria y comienzan una nueva etapa de su educación.
En otros sectores del muro ya pueden verse referencias a los egresados de 2025. Cada promoción va sumando sus colores, personajes, nombres y recuerdos. La pintura convierte una pared común en un álbum abierto, visible para las familias, los docentes y todos los vecinos que atraviesan diariamente este sector del barrio.
El Jardín de las Glicinas y la Escuela Scalabrini Ortiz
En Conde 223 funcionan dos instituciones educativas estatales profundamente vinculadas con la vida de Colegiales: el Jardín de Infantes Común N.º 7 del Distrito Escolar 9, conocido como “El Jardín de las Glicinas”, y la Escuela Primaria Común N.º 13 D.E. 9 “Raúl Scalabrini Ortiz”.
El jardín acompaña los primeros pasos de los chicos en la educación pública, mientras que la Escuela N.º 13 continúa ese recorrido durante el nivel primario. La convivencia entre ambas instituciones forma un pequeño corredor educativo donde generaciones de vecinos comenzaron a leer, escribir, jugar y construir sus primeras amistades.
Los bancos pintados, los dibujos infantiles y los árboles del patio crean un espacio sencillo, pero lleno de identidad. En tiempos en los que el paisaje urbano cambia rápidamente, estos murales mantienen viva una costumbre valiosa: dejar una señal del paso de cada promoción antes de emprender un nuevo camino.
Educación, plaza y conciencia ambiental
La ubicación posee además un valor especial. Al salir del establecimiento, los alumnos se encuentran con Plaza Mafalda, delimitada por las calles Conde, Santos Dumont, General Enrique Martínez y Concepción Arenal. Allí funcionan espacios recreativos y propuestas comunitarias, entre ellas el Club del Compostaje, destinado a promover la separación y el aprovechamiento de los residuos orgánicos.
Así, el recorrido cotidiano une educación, espacio público y cuidado ambiental. Los chicos pasan de las aulas al patio, del patio a la plaza y de la plaza a experiencias que enseñan que el barrio también puede ser una gran escuela.
Los murales de Conde 223 quizá no aparezcan en las guías turísticas de Buenos Aires, pero guardan algo mucho más importante: la memoria cotidiana de Colegiales. Cada dibujo recuerda que por esas aulas pasaron chicos que crecieron, egresaron y dejaron una parte de su historia pintada frente a Plaza Mafalda.