Seguridad en CABA: fuga de presos y un gobierno porteño sin rumbo
La seguridad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires atraviesa una crisis profunda, marcada por la fuga de seis detenidos de la Alcaidía A-6 de Caballito y la evidente falta de liderazgo del gobierno de Jorge Macri. Mientras los vecinos viven con miedo, la gestión se debate entre excusas y una preocupante ausencia de soluciones concretas.
El exministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad, Marcelo D’Alessandro, encendió las alarmas al afirmar que «los rehenes son los vecinos» y que el problema de la seguridad en CABA se agrava día a día. La fuga de los presos, de los cuales cuatro siguen en libertad, es solo el símbolo más reciente de una administración que parece haber perdido el control.
La ausencia de un plan y los dardos cruzados
Waldo Wolff, actual Ministro de Seguridad porteño, se apresuró a deslindar responsabilidades y aseguró que «los presos no se fugaron, sino que les abrieron la puerta». La afirmación, en lugar de traer tranquilidad, pone sobre la mesa un problema aún mayor: la posible connivencia dentro de las fuerzas de seguridad, sumada a la fragilidad del sistema penitenciario.
El Gobierno de la Ciudad no solo ha fracasado en la prevención del delito, sino que también demuestra una preocupante falta de estrategia a la hora de encarar soluciones estructurales. Wolff intentó justificar la situación con un dato alarmante: «El año pasado tuvimos un 35% más de detenidos y no hay dónde ponerlos». Sin embargo, este no es un problema nuevo. La falta de infraestructura para alojar presos en comisarías y alcaidías no es un hallazgo reciente, sino una deuda que la gestión de la Ciudad arrastra hace años sin resolver.
Una gestión de seguridad en ruinas
La caída del sistema de seguridad en CABA no es obra del azar ni del destino, sino de una serie de decisiones erróneas y una administración sin norte. La ruptura de la alianza con los porteños es evidente: los ciudadanos ya no confían en una estructura que exhibe día a día su fragilidad.
La gestión Macri parece estar dominada por ministros sin autoridad y por una retórica de autojustificación que poco le sirve al vecino que teme por su seguridad. La responsabilidad no se delega ni se esquiva: se asume. Y hasta ahora, lo único que ha mostrado el Gobierno porteño son excusas y falta de acción.
Mientras los presos siguen en las calles y las fugas se vuelven moneda corriente, la pregunta es inevitable: ¿cuánto más deberá soportar la Ciudad antes de que alguien asuma la responsabilidad y haga lo que hay que hacer?