Este domingo 18 de mayo se vota en la Ciudad de Buenos Aires, pero a nadie parece importarle. En Colegiales, la noticia que realmente circula no es quién lidera las encuestas, sino desde cuándo no se puede comprar alcohol. Porque, entre un Adorni que tuitea, un Santoro que no convence y una Lospennato que repite, la pregunta más porteña del fin de semana es: ¿Y si mejor hacemos un asado?
Una elección entre el desinterés y la birra caliente
En Colegiales, como en tantos otros barrios porteños, la política se volvió paisaje. Un fondo estático de frases hechas, spots reciclados y candidatos que parecen salidos de un casting de publicidades de prepaga. Pero este fin de semana hay un dato que sí generó conversación real entre vecinos, kiosqueros, mozos y almaceneros: la veda alcohólica.
Desde las 20:00 del sábado hasta las 21:00 del domingo no se podrá comprar alcohol. Así lo establece el artículo 71 del Código Electoral. En criollo: si querías tomarte un fernet para digerir los spots de campaña, más vale que lo compres el viernes. O que tengas un amigo con bodega.
Anécdota de bar: el verdadero termómetro electoral
Anoche en un bodegón de la calle Enrique Martínez, un mozo les advertía a los comensales:
—Chicos, pidan ahora porque mañana después de las ocho no se puede vender alcohol.
Uno de los parroquianos, con la frente apoyada en la mesa y el alma cansada, respondió:
—¿Y si no se puede comprar birra, para qué vamos a votar?
La risa fue general. Pero el fondo era serio. Esa escena resume lo que sienten muchos vecinos de Colegiales: una mezcla de cansancio democrático y desconfianza permanente. Porque si cada elección es igual, si los nombres se repiten como viejos vinilos rayados, ¿para qué?
Los candidatos en la niebla
La campaña porteña 2025 parece una fotocopia en escala de grises.
- Adorni, el vocero convertido en candidato, arrastra el aura de Milei pero no su energía.
- Santoro, eterno contrincante sin corona, recorre ferias con discursos progresistas que no llegan al corazón ni al bolsillo.
- Lospennato, la heredera amarilla, representa al PRO, ese club de gestión que hace rato se olvidó de entusiasmar.
El resto —Levy, Marra, Biasi, Caruso Lombardi (sí, ese Caruso)— se mueve en el terreno de lo anecdótico o lo testimonial.
El octavo escenario: gana el que se quedó en casa
Infobae dibujó siete escenarios según el orden de llegada. Pero ninguno contempla el más probable: la victoria de la abstención.
Si las encuestas no fallan (y ya sabemos que suelen hacerlo), entre 3 y 4 de cada 10 porteños podrían no ir a votar. Otros irán por inercia. Otros votarán en blanco. Y algunos votarán con bronca, como quien marca la casilla del delivery menos caro.
En resumen: gana el que no fue.
La Ciudad que alguna vez pensó en grande
Colegiales, como buena parte de Buenos Aires, alguna vez fue cuna de debates encendidos, cafés de ideas, patios con discusión política y pasión. Hoy, entre las bicisendas inconclusas, los alquileres impagables y la inflación que no da tregua, el votante porteño optó por la indiferencia.
Porque no es que no entienda la política. Es que no cree en ella. O peor aún: la siente ajena.
La gran paradoja: hay veda para el alcohol, pero no para el cinismo
Este domingo habrá urnas, fiscales, boleta única electrónica, declaraciones de los candidatos y periodistas haciendo guardia. Pero también habrá casas en silencio, parrillas encendidas, bicicletas en el parque y cafés repletos.
Y la frase más escuchada en las veredas de Colegiales será:
—¿Vos vas a ir a votar?
La respuesta será un encogimiento de hombros. O una pregunta de vuelta:
—¿Y a quién?
Conclusión: entre la urna y el vaso vacío
En una ciudad donde hasta la cerveza tiene horario, pero la política parece no tener límites, las elecciones se viven más como una molestia que como una fiesta democrática. Nadie te prohíbe pensar, pero tampoco te dan razones para hacerlo. Nadie te impide votar, pero tampoco te seduce.
Y así, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires camina hacia otra elección donde lo que falta no es sólo el alcohol, sino algo más hondo: la esperanza de que votar sirva para algo.
¿Y vos? ¿Vas a votar? ¿O vas a brindar en silencio con lo último que quedó en la heladera?