La obra ocupa el frente de una antigua construcción de la calle Benjamín Matienzo, frente al Colegio Santo Tomás de Aquino de la UCA. Entre edificios nuevos, talleres y casas bajas, el enorme retrato confirma que las paredes de Colegiales todavía tienen algo para contar.
Hay un rostro que observa silenciosamente a quienes caminan por la calle Benjamín Matienzo. Aparece de golpe, extendido sobre la fachada de una construcción baja, entre medianeras, persianas metálicas y edificios más modernos. El mural está ubicado a la altura del 3359, frente a la sede Colegiales del Colegio Santo Tomás de Aquino, perteneciente a la Universidad Católica Argentina.
La obra lleva la firma de Seba Cener —su apellido suele confundirse y escribirse como “Gener”—, artista urbano argentino nacido en Tandil y especializado en grandes retratos realizados con aerosol. Sus trabajos pueden encontrarse en distintos puntos de la Argentina y también en el exterior, donde desarrolló proyectos artísticos, sociales y comerciales. Su sitio oficial lo presenta como un muralista argentino dedicado a las obras de gran escala y a las intervenciones con impacto social.
Una mirada que ocupa toda la pared
El mural de Matienzo muestra el rostro de un hombre barbado, de mirada profunda y expresión serena. Una mano aparece levantada a la altura de sus ojos, con dos dedos extendidos. El gesto puede recordar una señal de paz, una invitación a mirar o una suerte de encuadre cinematográfico. La obra no entrega una explicación cerrada: deja que cada vecino complete el significado.
Sobre las mejillas aparecen franjas de diferentes colores. Amarillos, verdes, azules, rojos y violetas atraviesan el retrato y rompen con la paleta gris de la construcción. El fondo también se organiza en bandas cromáticas, como si el rostro emergiera desde una bandera imaginaria o desde una vieja fotografía intervenida.
Cener es reconocido, precisamente, por utilizar el retrato humano como vehículo de mensajes interiores. En algunas de sus series llegó a pintar figuras invertidas, un recurso destinado a alterar la mirada habitual y obligar al espectador a detenerse. Una obra suya con retratos colocados al revés fue documentada en Martínez en 2019 por Buenos Aires Street Art.
Arte callejero frente al colegio
La ubicación le agrega otra dimensión a la obra. Del otro lado de la calle funciona la sede Colegiales del Colegio Santo Tomás de Aquino, institución vinculada con la UCA e inaugurada en el barrio en 2017. De lunes a viernes, cientos de estudiantes, docentes y familias pasan frente a ese rostro monumental, aunque quizá muchos ya lo incorporaron al paisaje y dejaron de observarlo.
Ese es uno de los fenómenos más curiosos del arte urbano: una obra puede resultar extraordinaria para quien llega por primera vez y casi invisible para el vecino que la ve todos los días. Sin entradas, horarios ni puertas, el mural funciona como una galería pública permanente. Basta levantar la cabeza y concederle unos segundos.
También existe un contraste interesante. Frente a una institución educativa, aparece una pintura que no da respuestas ni baja una enseñanza explícita. En cambio, propone una pregunta visual. ¿El personaje mira hacia afuera o hacia adentro? ¿Los dedos señalan el horizonte, representan la paz o intentan enfocar una realidad que se vuelve borrosa?
Colegiales, un barrio escrito sobre sus paredes
Colegiales posee una relación especialmente fértil con el muralismo. Sus viejos galpones, talleres, depósitos ferroviarios, tapias y construcciones industriales ofrecieron durante décadas grandes superficies para artistas callejeros. Algunas intervenciones desaparecieron bajo nuevos edificios; otras sobrevivieron como marcas de una etapa del barrio.
El crecimiento inmobiliario cambió profundamente esa geografía. Donde antes había paredones, hoy aparecen balcones, cocheras y frentes vidriados. Por eso, cada mural que continúa en pie adquiere un valor adicional: no sólo es una obra artística, sino también una pieza del paisaje urbano que resiste mientras todo alrededor se transforma.
La pintura de Matienzo parece dialogar con esa metamorfosis. Está realizada sobre una fachada antigua, con una gran persiana negra en la planta baja y señales visibles del paso del tiempo. A cada lado avanzan construcciones de distintas épocas. En el centro, el rostro permanece como un guardián cromático de la cuadra.
Una obra expuesta al tiempo
Los murales no viven bajo condiciones de museo. Soportan el sol, la lluvia, la humedad, la contaminación, las reparaciones improvisadas y las modificaciones de los inmuebles. En la obra de Matienzo ya pueden advertirse algunos signos de desgaste, especialmente en las partes inferiores y en ciertos sectores de la pintura.
Ese deterioro no borra su potencia, pero abre una pregunta barrial: ¿quién protege una obra cuando fue realizada sobre una propiedad privada, pero ya forma parte de la identidad pública de una calle? Registrar al autor, fotografiarla y difundirla también constituye una primera forma de conservación.
El mural de Seba Cener no necesita un cartel luminoso ni una sala especial. Está ahí, frente al colegio, entre autos estacionados, cables, árboles y edificios. En medio del apuro cotidiano, una cara enorme mira a Colegiales. Quizá el verdadero mensaje sea justamente ese: detenerse, levantar la vista y volver a mirar el barrio.
Ubicación: calle Benjamín Matienzo al 3300, Colegiales.
Referencia: frente al Colegio Santo Tomás de Aquino, sede Colegiales de la UCA.
Autor: Seba Cener.
Acceso: espacio público, visible gratuitamente desde la vereda.
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