Colegiales a la Plaza y a la marcha de la CGT

Vecinos, laburantes y comerciantes se suman a la marcha de la CGT porque “no se llega más”

Buenos Aires, 30 de abril de 2026. Desde temprano, en las veredas de Colegiales, la conversación fue otra. No la del café liviano ni la del chisme de esquina. Hoy se habló de números que no cierran, de alquileres que muerden y de changas que ya no alcanzan. Con ese clima espeso, cada vez más vecinos del barrio decidieron sumarse a la movilización convocada por la Confederación General del Trabajo hacia la Plaza de Mayo.

La cita es a las 15. Sin madrugón, sí, pero con una carga emocional que pesa como mochila mojada. Desde la estación, desde las paradas del colectivo, desde las bicis apoyadas en cualquier poste, el barrio empieza a bajar al centro con una consigna que no necesita cartel: “no damos más”.


El barrio que se achica

Colegiales siempre fue ese punto medio raro: ni Palermo cheto ni Chacarita áspera. Un barrio de clase media que se defendía. Pero en los últimos meses, esa identidad empezó a crujir.

  • Alquileres que suben como si fueran dólares
  • Expensas que ya parecen una segunda renta
  • Comercios que venden menos, pero pagan más
  • Sueldos que llegan tarde y cortos

“Antes ajustabas un poco y zafabas. Ahora no hay ajuste posible”, dice Marcelo, dueño de un kiosco sobre Álvarez Thomas, mientras baja la persiana un rato antes para irse a la marcha.


De la queja a la calle

Lo que cambia hoy no es la queja, sino el paso siguiente: salir.

Vecinos que nunca fueron a una movilización ahora se organizan en grupos de WhatsApp. Algunos se encuentran en la estación, otros en la esquina de siempre. Hay jóvenes, hay familias, hay jubilados. No es la épica sindical clásica: es más desprolija, más barrial, más real.

“Yo no soy de marchar, pero ya no sé qué más hacer”, cuenta Lucía, 34 años, administrativa. Vive hace diez años en el barrio y por primera vez evalúa irse. “Colegiales ya no es para mí, y eso duele”.


Comerciantes en la cuerda floja

Los negocios chicos son el termómetro más honesto. Y el termómetro está marcando fiebre.

En Moldes, en Conde, en Teodoro García, se repite la escena: menos clientes, más costos, márgenes finitos. Algunos aguantan, otros directamente bajaron la persiana en silencio.

“Vendés menos, pero pagás más luz, más alquiler, más todo. Es como correr en arena”, resume un gastronómico que hoy cierra temprano para sumarse a la movilización.


Una marcha con nombre propio

Aunque la convocatoria es de la CGT, lo que baja desde Colegiales tiene otra textura. No es solo sindicalismo: es angustia cotidiana.

  • El que no llega a fin de mes
  • El que tiene dos laburos y sigue justo
  • El que ve cómo el barrio se vuelve inaccesible
  • El que ya no proyecta, solo sobrevive

No hay grandes discursos. Hay cansancio. Y ese cansancio hoy camina.


Plaza de Mayo como destino… y desahogo

La Plaza de Mayo vuelve a ser ese imán que absorbe bronca, historia y expectativas. Desde Colegiales, el viaje no es largo en kilómetros, pero sí en significado.

Es bajar del metro cuadrado propio al escenario nacional. Es decir: “esto no es solo mío, nos pasa a muchos”.


Colegiales no es un barrio que grite fácil. Es más de aguantar, de pilotearla. Pero cuando empieza a moverse, algo cambió.

Hoy no es una marcha más. Es un síntoma.

Porque cuando el vecino que nunca marchó agarra la mochila y se sube al tren, no es ideología. Es necesidad.

Y ahí la pregunta queda picando, como pelota en vereda rota:

¿Hasta cuándo se puede bancar sin romperse?