Mientras el otoño cae sobre las veredas arboladas de Colegiales y los bares todavía conservan esa mezcla extraña entre barrio antiguo y modernidad porteña, un nuevo conflicto urbano empezó a tomar temperatura en la Comuna 13. Vecinos organizados denuncian que una “zona gris” del Código Urbanístico estaría permitiendo la construcción de edificios más altos en sectores históricamente residenciales, alterando el paisaje clásico de casas bajas, PH y calles tranquilas que todavía sobreviven entre Palermo, Belgrano y Chacarita.
Colegiales
— Valeria Azerrat (@vazerrat) May 23, 2026
Vecinos denuncian una “zona gris” normativa que habilita edificios más altos
El colectivo “Colegiales participa y decide” realizará este sábado una jornada en Plaza Garicoits para sumar adhesiones a su campaña contra nuevas construccioneshttps://t.co/mhDGTUrf4u pic.twitter.com/pC7lPDDuMu
La discusión no es menor. Porque en Buenos Aires, cuando aparece una torre, atrás suele venir otra. Y después otra más. El fenómeno ya ocurrió en Palermo Hollywood, Palermo Soho y partes de Villa Ortúzar. Ahora muchos vecinos sienten que el turno le llegó a Colegiales.
El colectivo barrial “Colegiales participa y decide” convocó para este sábado una jornada en Plaza San Miguel de Garicoits con el objetivo de sumar firmas y visibilizar el reclamo contra nuevos emprendimientos inmobiliarios. La actividad se desarrollará entre las 15 y las 18 horas y busca abrir el debate sobre el futuro urbano del barrio.
El eje del conflicto gira alrededor de los llamados “enrases” o completamiento de tejido. Se trata de un mecanismo urbanístico que permite construir tomando como referencia la altura más alta existente dentro de una manzana. Según denuncian los vecinos, ese criterio estaría generando un efecto dominó: un edificio alto habilita otro, y luego otro más, incluso en sectores donde originalmente sólo se permitían construcciones bajas.
Daniel Giglio, integrante del colectivo vecinal, explicó que el problema aparece cuando edificios aprobados hace años bajo normativas distintas terminan funcionando como antecedente para nuevos desarrollos. El resultado es una transformación acelerada del paisaje urbano tradicional.
La preocupación se concentra especialmente en la zona delimitada por Álvarez Thomas, Los Incas, Crámer y Federico Lacroze. Allí todavía sobreviven casas antiguas, talleres, pequeños comercios y construcciones bajas que forman parte de la identidad histórica de Colegiales. Los vecinos aseguran que el barrio está perdiendo lentamente su escala humana.
Y hay una frase que se escucha cada vez más en las reuniones vecinales: “Nos vamos a convertir en otro Palermo”. La frase puede sonar exagerada, pero esconde un miedo bastante concreto. Palermo pasó en apenas dos décadas de barrio residencial a convertirse en uno de los epicentros inmobiliarios y gastronómicos más densificados de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy, muchas zonas viven problemas de tránsito, saturación de servicios, ruido nocturno y pérdida de identidad barrial.
En Colegiales temen recorrer el mismo camino.
Los vecinos aseguran que no están en contra del desarrollo urbano ni de la construcción privada. El planteo apunta, según explican, a conservar ciertas escalas arquitectónicas y evitar que excepciones antiguas definan el futuro completo del barrio.
Como parte de la iniciativa, impulsan la creación de un nuevo distrito urbanístico llamado “Antiguo Colegiales”, destinado a preservar características históricas y paisajísticas de la zona. El proyecto ya fue presentado en la Legislatura porteña y tomado por la diputada Bárbara Rossen. Además, analizan avanzar judicialmente mediante un amparo para frenar nuevas autorizaciones bajo el criterio de enrase.
El debate también toca un punto sensible en Buenos Aires: la infraestructura. Los vecinos advierten que el barrio ya muestra señales de saturación en servicios como electricidad, agua y tránsito. Cada nuevo edificio implica más consumo energético, más vehículos y mayor densidad poblacional. Y cuando las redes son viejas, el problema no tarda en aparecer.
La historia urbana porteña tiene memoria de sobra sobre esto. En muchos barrios, las torres llegaron antes que las obras de infraestructura. Primero vino el cemento. Después, los cortes de luz.
Colegiales carga además con un valor simbólico especial. Fue históricamente un barrio ferroviario, de casas familiares, talleres y pequeñas industrias. Conserva todavía rincones donde Buenos Aires parece moverse más lento. El playón ferroviario transformado en parque, la Plaza Clemente y las calles internas con árboles añosos forman parte de una identidad barrial que muchos vecinos sienten amenazada.
La campaña vecinal ya superó las 750 firmas y sigue creciendo. Este sábado, Plaza Garicoits volverá a convertirse en escenario de discusión urbana. Porque en Buenos Aires, las peleas por el barrio nunca son solamente por edificios. Son peleas por memoria, identidad y calidad de vida.
Y en el fondo, la pregunta que empieza a sobrevolar Colegiales es bastante simple: ¿hasta dónde puede crecer un barrio sin dejar de ser el barrio que fue?