Silencioso del trabajo
En las calles tranquilas de Colegiales, donde todavía sobreviven los cafés de siempre y los almacenes de barrio, empieza a colarse una preocupación que ya no se puede esconder debajo de la alfombra: el trabajo falta, y cuando aparece, muchas veces no alcanza.
El último informe del Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires encendió una alarma que en el barrio ya se venía sintiendo en voz baja. Durante el cuarto trimestre de 2025, la desocupación en la Ciudad alcanzó a 126.000 personas, con una tasa del 7,3%. Pero el dato que más inquieta es otro: más del 12% de la población activa está buscando trabajo o intentando sumar más horas.
El barrio donde el trabajo ya no es seguro
En Colegiales, el impacto no siempre se ve en estadísticas, pero sí en escenas cotidianas. Locales que cambian de dueño en pocos meses, persianas que bajan antes de tiempo, vecinos que antes tenían empleo fijo y hoy encadenan trabajos temporales o directamente salen a “rebuscarla”.
“Antes sabías que si laburabas, llegabas a fin de mes. Hoy eso ya no está garantizado”, comenta un comerciante sobre la avenida Federico Lacroze, donde el movimiento ya no es el de otros años.
La situación responde a una tendencia más amplia: el crecimiento de la presión sobre el mercado laboral. Según los datos oficiales, el 11,3% de la población activa está desocupada o subocupada demandante. Y si se suman quienes tienen trabajo pero buscan mejorar su situación, la cifra trepa al 12,7%.
Más gente buscando, menos respuestas
El fenómeno tiene una lógica clara: cada vez más personas salen a buscar empleo, pero el mercado no absorbe esa demanda. La tasa de actividad subió al 64,1%, pero el empleo se estancó en 59,4%. En criollo: hay más gente golpeando la puerta, pero del otro lado nadie abre.
En Colegiales, eso se traduce en una competencia feroz por puestos que antes parecían accesibles. Jóvenes que no consiguen su primer empleo, adultos que quedan fuera del sistema formal, profesionales que aceptan trabajos por debajo de su formación.
La precarización como nueva normalidad
Otro de los síntomas que se sienten en el barrio es el avance del trabajo precario. La subocupación llegó al 9,3%, lo que implica que miles de personas trabajan menos horas de las que necesitan.
El cuentapropismo crece como salida obligada. En la Ciudad, el 22,1% de los ocupados trabaja por su cuenta, pero con un dato preocupante: dos de cada cinco lo hacen fuera del sistema o con irregularidades.
En Colegiales, esto se ve en servicios improvisados, changas, ventas informales o emprendimientos que nacen más por necesidad que por vocación.
Un mapa desigual que también atraviesa al barrio
Aunque Colegiales forma parte de la zona Norte de la Ciudad —históricamente con mejores indicadores—, la realidad muestra que la crisis no reconoce fronteras tan claras. El deterioro empieza a filtrarse incluso en barrios que antes parecían más estables.
El informe también revela que el desempleo golpea más a las mujeres (7,6%) que a los varones (7,0%), una desigualdad que también se percibe en el entramado barrial.
Lo que se dice en voz baja
En el barrio no hay estallidos ni escenas dramáticas. Hay algo más sutil, más porteño si se quiere: la preocupación que circula en las charlas, en la fila del supermercado, en la mesa familiar.
La sensación de que el esfuerzo ya no garantiza estabilidad.
El dato duro está ahí: más de 126.000 personas sin trabajo en la Ciudad y una presión creciente sobre el sistema laboral. Pero en Colegiales, ese número se traduce en nombres, en historias, en vecinos que ajustan gastos, cambian hábitos y empiezan a preguntarse cuánto más puede sostenerse esta dinámica.
Porque cuando el trabajo empieza a faltar o a perder calidad, el problema deja de ser individual. Se vuelve colectivo. Y en barrios como Colegiales, donde la identidad se construye en lo cotidiano, ese cambio ya empezó a sentirse.