La victoria de la Selección Argentina por 2 a 0 frente a Austria en el Mundial 2026 no se vivió solamente en el estadio de Dallas. A miles de kilómetros de distancia, en el corazón de Colegiales, los vecinos salieron a celebrar una nueva actuación histórica de Lionel Messi y la clasificación anticipada a los 16avos de final.
Apenas sonó el pitazo final, comenzaron a escucharse bocinazos, aplausos y gritos de festejo en distintas esquinas del barrio. Desde Federico Lacroze hasta Álvarez Thomas, pasando por las inmediaciones de la estación Colegiales, muchos vecinos se asomaron a balcones y ventanas con banderas argentinas para compartir la alegría.
La figura indiscutida de la jornada volvió a ser Lionel Messi. El capitán convirtió los dos goles del triunfo y se transformó en el máximo goleador de la historia de los Mundiales, una marca que despertó admiración incluso entre quienes no siguen el fútbol todos los fines de semana.
En bares, cafés y restaurantes de la zona, las pantallas reunieron a familias, trabajadores, estudiantes y comerciantes que siguieron el encuentro con la atención de una final. Cada intervención de Messi generó aplausos y cada avance argentino levantó a más de uno de su silla.
Colegiales mantiene una larga tradición futbolera. Es un barrio donde conviven hinchas de todos los clubes, pero cuando juega la Selección las diferencias desaparecen detrás de una misma camiseta. La alegría compartida volvió a sentirse en las calles, como ocurre en cada gran cita mundialista.
Con dos victorias consecutivas y la clasificación ya asegurada, la Argentina alimenta la ilusión de volver a levantar la Copa del Mundo. Y en Colegiales, como en tantos rincones del país, el sueño mundialista ya empezó a tomar forma entre banderas, abrazos y una frase que se repite de generación en generación: mientras juegue Argentina, siempre hay motivos para creer.