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Comodoro Rivadavia: sospecha tras el crimen de Ángel

Denuncias, presiones y una justicia bajo

La causa por el asesinato de Ángel López expone una trama que excede a los acusados directos y pone bajo la lupa a funcionarios, profesionales y al propio sistema judicial de Comodoro Rivadavia. Denuncias por informes falsos, presiones a la querella y un clima de desconfianza total marcan el pulso de una investigación que crece en tensión.

En medio del dolor irreparable por la muerte de Ángel López, un niño asesinado a golpes en Comodoro Rivadavia, la investigación comenzó a correrse de su eje inicial para abrir una pregunta más incómoda: ¿fallaron solamente los responsables directos o existe una cadena de responsabilidades que el sistema intenta frenar?

Mientras la madre del menor, Mariela Altamirano, y su pareja permanecen detenidos con prisión preventiva, nuevas denuncias comenzaron a apuntar hacia actores clave del proceso judicial previo que permitió que el niño quedara bajo su cuidado.

Psicólogas denunciadas y decisiones bajo sospecha

La Fundación Más Vida denunció a las profesionales Jennifer Leiva y Vanesa Marín, quienes elaboraron informes que resultaron determinantes para que el juez Pablo José Pérez otorgara la tenencia del menor a su madre.

Según la presentación, ambas psicólogas podrían haber incurrido en “violación de los deberes de funcionario público” y en la elaboración de informes falsos, al recomendar una revinculación sin contar con un estudio ambiental completo.

El punto más grave, según la denuncia, es que las condiciones de vida del menor no habrían sido evaluadas en profundidad. La vivienda donde residía Ángel no reunía condiciones básicas, y la familia dependía de un comedor barrial para alimentarse.

A esto se suma un dato que, leído en frío, estremece: la madre ya había perdido la tenencia de otro hijo en el pasado.

Señales ignoradas

El entorno educativo también había advertido cambios en el comportamiento del niño. Días antes de mudarse con su madre, una docente dejó constancia de que Ángel se mostraba “enojado y angustiado”.

Esa señal, que en cualquier sistema de protección infantil debería encender alarmas, quedó diluida en un proceso que hoy aparece, como mínimo, desprolijo.

Presiones, internas y una trama cerrada

En paralelo, la querella denunció haber encontrado resistencias inusuales en el ámbito institucional local.

El abogado que representa a la familia aseguró que fue contactado por autoridades del Colegio de Abogados de Comodoro Rivadavia en un tono que no respondía a cuestiones formales, sino a cuestionamientos sobre su participación en la causa.

Lejos de un simple trámite administrativo, lo que describe es un escenario donde “todos se conocen”, donde las influencias cruzadas generan desconfianza y donde el foco parece desplazarse.

“Uno llega para ayudar a una familia y se encuentra con obstáculos que no son normales. Hay una intención de controlar hasta dónde llega la investigación”, deslizó.

Según su planteo, existiría una estrategia para limitar la causa, desacreditar a la querella y eventualmente reemplazarla por actores más alineados con ciertos intereses.

El corazón del conflicto

La discusión de fondo no es menor: no se trata solo de juzgar a los responsables materiales del crimen, sino de determinar cómo el sistema permitió que ese desenlace ocurriera.

¿Por qué se otorgó la tenencia en esas condiciones?
¿Por qué no se realizaron controles más estrictos?
¿Qué rol jugaron los informes técnicos en la decisión judicial?
¿Quién controla a quienes deben cuidar?

En Comodoro Rivadavia, esas preguntas empiezan a incomodar.

Un caso que expone algo más profundo

Lo que emerge no es solo un expediente judicial, sino una radiografía de un sistema que, cuando falla, lo hace en cadena.

Primero fallan los controles.
Después fallan los informes.
Finalmente falla la justicia.

Y en el medio, un chico que no tenía margen para fallas.

La investigación sigue, la desconfianza crece

Mientras se esperan nuevos avances y los resultados completos de la autopsia, el caso ya trascendió lo judicial para convertirse en un tema de discusión nacional.

Pero en Comodoro Rivadavia, el clima es otro: más cerrado, más tenso, más opaco.

La pregunta ya no es solo quién mató a Ángel.

La pregunta es quién lo dejó solo antes de que eso pasara.