Decomponology: el juego de la UBA que invita a descubrir la vida bajo las veredas de Colegiales

Un grupo interdisciplinario de la Facultad de Agronomía creó un juego de ruletas, cartas y fichas para comprender qué sucede con el carbono en el suelo. Una propuesta que permite mirar con otros ojos las hojas caídas, los jardines, las plazas y los espacios verdes del barrio.

En Colegiales, una hoja que cae sobre la vereda suele tener un destino inmediato: la escoba, la bolsa y el camión recolector. Pero cuando esa misma hoja queda sobre la tierra comienza otra historia, mucho menos visible y bastante más compleja. Se transforma, intervienen organismos y parte del carbono que contiene puede permanecer en el suelo o volver a circular por el ambiente. Comprender ese recorrido es la propuesta de Decomponology, un juego desarrollado por integrantes de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires que convierte procesos difíciles de observar en una partida de entre 20 y 30 minutos.

El proyecto pertenece al Grupo de Estudio y Trabajo —GET— Decomponologxs, integrado por docentes, investigadores, becarios y estudiantes de distintas disciplinas. Su propuesta ofrece una puerta de entrada a una pregunta que también tiene sentido en la escala barrial: ¿qué sucede debajo de los árboles, en los canteros y en los pequeños espacios de tierra que sobreviven entre tanto cemento? Allí hay procesos que no se advierten a simple vista y que ayudan a explicar por qué el suelo es mucho más que una superficie donde plantar.

Una ficha, una hoja y varios destinos posibles

La partida comienza con una ficha que representa el carbono que ingresa al sistema a través de un residuo vegetal. Puede ser, para imaginarlo desde la vida cotidiana, el carbono contenido en una hoja o en un resto de vegetación. A partir de ese ingreso se abren distintos caminos: permanecer en un reservorio, transformarse, pasar a otro o salir del sistema hacia la atmósfera o el agua. El recorrido combina azar y decisiones de los participantes, una forma de representar que el funcionamiento del suelo depende de múltiples factores que se relacionan entre sí.

Las ruletas determinan algunos de esos movimientos, pero no todos los destinos tienen la misma probabilidad. Según explican sus creadores, el carbono de un residuo vegetal que permanece sobre el suelo tiene más posibilidades de perderse por respiración que aquel asociado a los minerales, donde encuentra mayor protección. El juego permite visualizar esa diferencia: no alcanza con saber cuánto carbono entra; también importa dónde queda y qué procesos pueden actuar sobre él.

En ese recorrido, la palabra “pérdida” describe una salida del sistema que se está observando. El carbono no desaparece por arte de magia: cambia de ubicación o de forma. Esta distinción ayuda a comprender el sentido de la propuesta y evita una lectura demasiado sencilla de un fenómeno complejo. Una partida puede mostrar que el mismo punto de partida conduce a resultados diferentes según las condiciones ambientales, los procesos que intervienen y las decisiones de manejo.

Cartas para entender cómo nuestras decisiones modifican el suelo

Además de las ruletas y las fichas, Decomponology incorpora cartas que representan procesos biológicos y físicos, cambios ambientales y distintas formas de manejo. Cada participante decide qué fichas poner en juego y cuándo utilizar sus cartas. Esas decisiones pueden modificar su propio recorrido y el de otros jugadores, de modo que la partida exige observar, anticipar y reconocer que ninguna acción ocurre completamente aislada.

La combinación entre estrategia y azar expresa una idea central: algunos procesos pueden modificarse mediante las decisiones humanas, mientras que otros no están directamente bajo nuestro control. El juego también permite comparar ecosistemas y escenarios para observar diferencias en la cantidad de carbono que ingresa, en los lugares donde se almacena y en las salidas que se producen. La vegetación, el ambiente y el manejo dejan así de ser palabras sueltas y aparecen como partes de una misma trama.

Para un barrio como Colegiales, esa mirada tiene un valor educativo concreto. Las hojas caídas, los restos de poda, un jardín doméstico o un cantero pueden convertirse en puntos de partida para conversar sobre materia orgánica y suelo. No todos esos espacios funcionan de la misma manera, ni una maceta equivale a un ecosistema completo, pero todos permiten formular preguntas. ¿Qué ocurre con los residuos vegetales? ¿Qué cambia cuando quedan sobre la tierra? ¿Cómo influye el cuidado que recibe ese lugar?

Ciencia pública que se puede poner sobre una mesa

El GET Decomponologxs comenzó a reunirse informalmente en 2010. Sus integrantes compartían el interés por comprender el funcionamiento del suelo y discutir sus formas de manejo mediante aportes de la ecología, la edafología, la microbiología y la agronomía. Esa diversidad resulta fundamental: para explicar lo que sucede bajo nuestros pies hay que relacionar organismos, materiales, condiciones ambientales y prácticas humanas.

La idea del juego surgió mientras el grupo preparaba una revisión de divulgación científica. Buscaban integrar dos procesos que suelen estudiarse por separado: la descomposición de los residuos vegetales y el destino de esos materiales una vez que ingresan al suelo. Según el relato de sus creadores, el formato lúdico les permitió representar procesos simultáneos y vinculados. Después de publicar el trabajo recibieron consultas de lectores interesados en utilizar el juego y avanzaron en su desarrollo.

Transformar esa complejidad en reglas comprensibles fue uno de los principales desafíos. Simplificar demasiado podía borrar relaciones importantes; incorporar cada detalle podía volver la experiencia difícil de jugar. El resultado busca un equilibrio: una partida breve que permita reconocer distintos recorridos del carbono y, al mismo tiempo, deje abiertas nuevas preguntas. El tablero funciona como una herramienta para aprender y discutir, acompañado por la explicación de los procesos que representa.

Una propuesta para acercar el suelo a la conversación barrial

La versión actual está dirigida principalmente a estudiantes universitarios de grado y posgrado con conocimientos básicos de biología, ecología o ciencias del suelo. Sus creadores señalan, sin embargo, que las reglas pueden adaptarse a talleres, actividades educativas y propuestas de divulgación destinadas a otros públicos. Esa posibilidad abre un campo interesante para docentes, espacios culturales y organizaciones barriales que quieran trabajar estos temas con acompañamiento y contenidos adecuados a sus participantes.

En Colegiales, donde cada espacio verde permite un contacto cotidiano con la naturaleza urbana, Decomponology propone detenerse en algo que suele quedar fuera de la conversación. Miramos la copa del árbol, disfrutamos su sombra y discutimos el estado de las veredas. Debajo hay otra dimensión: materiales que se transforman, carbono que circula y procesos que necesitan tiempo para comprenderse. Una ficha y una ruleta pueden ser el comienzo de esa mirada.

¿Cuánto sabemos de la tierra que sostiene los árboles del barrio? ¿Qué podrían aprender chicos y adultos si una hoja caída se convirtiera en el inicio de una investigación? ¿Y qué cambiaría en nuestra manera de cuidar los espacios verdes si también prestáramos atención a lo que ocurre bajo los pies?

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