Domingo de Resurrección en Colegiales

El mensaje del Papa León XIV por la paz resuena en los barrios porteños

En la mañana de este domingo, mientras en Plaza de San Pedro se celebraba la primera Misa de Pascua del papa León XIV, el eco de sus palabras atravesó océanos y llegó también a Buenos Aires, donde la fe sigue latiendo en parroquias, casas y calles como las de Colegiales.

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Durante la celebración del Domingo de Resurrección, el Sumo Pontífice no esquivó el clima global: habló de guerras, de odio y de una humanidad que, según advirtió, se está acostumbrando peligrosamente a la violencia. “Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón”, pidió con firmeza, en un mensaje que no se quedó en lo litúrgico, sino que bajó a tierra como una interpelación directa a creyentes y no creyentes.

Desde Roma, el Papa convocó a una vigilia de oración por la paz que se realizará el próximo sábado 11 de abril en la basílica de San Pedro. Pero más allá del evento puntual, lo que dejó planteado es algo más profundo: una batalla espiritual y cultural contra la indiferencia.

En ese sentido, retomó una idea clave de su antecesor, Francisco, al advertir sobre la “globalización de la indiferencia”. Una frase que, lejos de ser abstracta, encuentra reflejo en la vida cotidiana: en la distancia con el otro, en la naturalización del conflicto, en la resignación silenciosa frente a lo que duele.

Colegiales también reza, también observa

En barrios como Colegiales, donde conviven generaciones, credos y realidades sociales distintas, el mensaje papal encuentra una resonancia particular. Las parroquias locales, que este domingo celebraron la Pascua con misas colmadas, no son ajenas a ese llamado: familias que atraviesan dificultades económicas, jóvenes en búsqueda de sentido y adultos que miran el presente con incertidumbre.

La Pascua, que conmemora la resurrección de Jesucristo, vuelve a poner sobre la mesa una idea tan antigua como vigente: después del dolor, puede haber renacimiento. Pero no como un acto mágico, sino como una construcción colectiva.

Entre la fe y la realidad

El Papa fue claro: la paz no es simplemente la ausencia de guerra ni el silencio de las armas. Es, en sus palabras, una transformación del corazón humano. Y ahí es donde la cuestión deja de ser geopolítica para volverse íntima, casi incómoda.

Porque en un mundo atravesado por tensiones —y en una Argentina donde el malestar social se siente en cada esquina—, hablar de paz no es una consigna liviana. Es, en todo caso, una exigencia.

Una pregunta que queda flotando en el barrio

Mientras la ciudad sigue su ritmo —colectivos que pasan, mates compartidos en plazas, persianas que suben—, el mensaje queda dando vueltas: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a dejar de ser indiferentes?

Porque si algo dejó esta Pascua 2026 es una certeza incómoda: la paz no se espera, se construye. Y empieza, como siempre, más cerca de lo que creemos.