Don Bosco: el legado salesiano que sigue formando generaciones en Colegiales

Sobre la calle Dorrego, a la altura de Kramer, el Colegio Don Bosco conserva uno de los símbolos más representativos de la presencia salesiana en la Ciudad de Buenos Aires. En uno de sus muros se destaca un gran mural dedicado a San Juan Bosco, fundador de la congregación salesiana, acompañado por la inscripción «Padre y Maestro de los Jóvenes» y la referencia al papa León XIII, quien respaldó la expansión de la obra salesiana a fines del siglo XIX.

La imagen, recientemente restaurada, vuelve a lucir con fuerza en un edificio que forma parte del paisaje cotidiano de Colegiales y que, desde hace décadas, acompaña la vida educativa, religiosa y social del barrio.

La propuesta salesiana va mucho más allá de las aulas. Inspirada en el sistema preventivo de Don Bosco, promueve una educación basada en la razón, la solidaridad y la fe, con un fuerte compromiso hacia niños y adolescentes, especialmente aquellos que más necesitan contención.

Alrededor del colegio también funcionan distintas iniciativas abiertas a la comunidad, entre ellas el Movimiento Juvenil Salesiano, actividades de voluntariado, misiones, apoyo escolar y oratorios. Uno de los espacios más conocidos es el Oratorio Los Troncos, donde chicos y jóvenes encuentran un lugar para estudiar, jugar, compartir y crecer acompañados por educadores y voluntarios.

Para muchos vecinos, Don Bosco representa mucho más que una institución educativa. Es un punto de encuentro, un espacio de formación humana y un referente histórico que mantiene viva una tradición iniciada hace más de un siglo y que continúa adaptándose a los desafíos de cada nueva generación.

El mural restaurado no solo embellece la fachada. También recuerda que la educación, el compromiso social y el trabajo con los jóvenes siguen siendo parte de la identidad de este rincón emblemático de Colegiales.

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