El Hospital Odontológico de la UBA atenderá durante enero y febrero

Mientras muchos consultorios bajan la persiana y el sistema de cobertura odontológica cruje, el Hospital Odontológico de la Universidad de Buenos Aires decide ir a contramano del calendario: abrirá durante enero y febrero para atender la alta demanda y evitar el clásico colapso de marzo.

La medida fue tomada por la Facultad de Odontología de la UBA como respuesta directa a una realidad que se siente en los barrios: cada vez más vecinos se quedan sin cobertura, postergan tratamientos o directamente no llegan a atenderse. Frente a ese escenario, el hospital universitario mantendrá activas sus clínicas durante todo el verano.

Desde arreglos de caries y limpiezas hasta tratamientos de conducto, coronas, prótesis, implantes y extracciones complejas, la atención abarcará prestaciones de baja, mediana y alta complejidad. Todo, con un dato clave que no pasa desapercibido: los aranceles se mantendrán sin cambios respecto de enero de 2025.

A partir del lunes 5 de enero, funcionarán más de 300 equipos odontológicos en simultáneo, con turnos mañana, tarde y noche, y la participación de más de 500 docentes y profesionales. Un despliegue poco habitual para los meses de verano, cuando históricamente la atención se reduce al mínimo.

No se requiere turno previo. El ingreso será exclusivamente por la guardia, desde donde cada paciente será derivado a una de las cinco clínicas que permanecerán operativas. El objetivo no es solo garantizar continuidad en los tratamientos, sino también descomprimir la avalancha de pacientes que suele explotar con el inicio del ciclo lectivo.

La atención se brindará de lunes a sábado, de 8 a 20 horas, con ingreso por Marcelo T. de Alvear 2142, en pleno tejido urbano porteño, a pasos de barrios que históricamente recurren al hospital como última red de contención sanitaria.

En un verano donde la salud también se pone en pausa, la UBA apuesta a sostener lo esencial: atención pública, formación profesional y una puerta abierta cuando el resto cierra. Porque los dientes —como los problemas— no entienden de vacaciones.