Hay murales que decoran una plaza y hay murales que terminan formando parte de la memoria de un barrio. En la Plaza Mafalda de Colegiales, frente al histórico Polideportivo Colegiales y a pocos metros de la Plaza Clemente, existe una obra que pertenece a esta segunda categoría. No se trata solamente de una intervención artística ni de una referencia a uno de los personajes más queridos de la cultura argentina. Se trata de una pregunta que sigue atravesando generaciones enteras y que, a pesar del paso de los años, continúa golpeando con la misma fuerza con la que fue formulada por Quino hace décadas.
Durante septiembre de 2023, el mural fue restaurado por integrantes del Colegio de la Ciudad, cuyos nombres quedaron registrados sobre la propia obra como testimonio de un trabajo colectivo que excede ampliamente la tarea de recuperar pintura desgastada por el tiempo. Allí aparecen las firmas de Carini, GB, Neroni, Ortega, Mir, Verone, Santisi, Echarri, Charnowski, Walsh, Gurki, Canidolo, Borjonsky, Mequiriri y Sosa, quienes devolvieron visibilidad a una viñeta que parece dialogar todos los días con los vecinos que atraviesan la plaza rumbo al trabajo, al colegio o simplemente a una caminata por el barrio.
La escena elegida para el mural es una de las más agudas producidas por Quino. Desde una radio se escucha el anuncio de que el gobierno ha fijado precios máximos para los artículos de primera necesidad. Mafalda escucha la noticia con atención y responde con una pregunta que encierra una crítica tan simple como demoledora: “¿Y a cuánto está la sensatez?”. La genialidad de la tira reside justamente en que evita señalar a un gobierno específico, una época determinada o una ideología concreta. La pregunta apunta mucho más arriba. Apunta a la condición humana, a la capacidad de razonar, a la prudencia y al sentido común que tantas veces parecen desaparecer cuando más se los necesita.
La ubicación del mural tampoco es casual. La Plaza Mafalda constituye uno de los espacios públicos más queridos de Colegiales, un barrio que durante décadas construyó una identidad profundamente ligada a la cultura, la educación, el deporte y la vida comunitaria. Frente al mural se encuentra el Polideportivo Colegiales, por donde pasan diariamente cientos de chicos, familias y deportistas. A pocos metros aparece la Plaza Clemente, dedicada al inolvidable personaje creado por Caloi. De alguna manera, en apenas unas cuadras conviven dos de las figuras más emblemáticas de la historieta argentina, dos maneras diferentes de observar la realidad nacional a través del humor, la ironía y la inteligencia.
La historia de la Plaza Mafalda comenzó mucho antes de la instalación de este mural. El espacio surgió como resultado de reclamos vecinales que buscaban recuperar terrenos para destinarlos al uso público y al encuentro comunitario. Con el paso de los años, la plaza dejó de ser solamente un espacio verde para transformarse en un símbolo barrial, un punto de referencia afectiva para generaciones de vecinos que crecieron viendo a Mafalda convertida en parte del paisaje cotidiano. Lo que para un turista puede parecer una simple plaza temática, para muchos habitantes de Colegiales representa una parte inseparable de la identidad cultural del barrio.
Quizás por eso la restauración realizada en 2023 tenga un valor que excede lo artístico. En tiempos donde la velocidad de las redes sociales parece borrar todo en cuestión de horas y donde la memoria urbana suele quedar relegada frente a las urgencias cotidianas, recuperar un mural como este significa recuperar también una conversación. Significa volver a poner en circulación una pregunta incómoda. Significa recordar que algunas reflexiones sobreviven a las modas políticas, a las crisis económicas y a los cambios de época porque hablan de algo mucho más profundo que la coyuntura.
Cada mañana, mientras el tránsito avanza por Santos Dumont y los vecinos cruzan entre las plazas y el polideportivo, Mafalda continúa allí, inmóvil pero vigente. Su pregunta permanece suspendida sobre Colegiales como una especie de cartel invisible que interpela a todos por igual. Los precios cambian. Los gobiernos pasan. Las discusiones se repiten. Pero la pregunta sigue esperando una respuesta que, tal vez, todavía nadie ha sabido encontrar: ¿a cuánto está la sensatez?