En Colegiales empieza el arrepentimiento: el maleducado Milei y un alquiler que ya no se puede pagar
Familias que hasta hace un año defendían el ajuste hoy hacen números y no llegan. Tres ambientes arriba del millón, expensas que no paran y salarios planchados empujan el malestar al barrio. El voto empieza a doler en el bolsillo.
Colegiales, martes 3 de febrero de 2026 –
En Colegiales el clima cambió. No de golpe, pero cambió. En charlas de vereda, en reuniones escolares y en grupos de vecinos aparece una frase que antes no se escuchaba: “así no se puede vivir”. El motivo es concreto y cotidiano: el alquiler se volvió impagable para la familia de clase media baja. Y con eso, empieza el arrepentimiento político.
Los departamentos de tres ambientes —los que necesita una familia con hijos— ya superan cómodamente el millón de pesos mensuales en el barrio. Incluso las opciones más modestas rondan cifras que hace apenas un año parecían impensables. A eso se suman expensas que promedian $200.000 a $250.000 y servicios que siguen subiendo.
El ajuste llegó primero a casa
En Colegiales no se discute macroeconomía. Se discute si alcanza para seguir viviendo acá.
Parejas con dos ingresos, docentes, empleados administrativos, trabajadores independientes y monotributistas destinan más del 50% de sus ingresos al alquiler. El resto del mes es supervivencia.
La promesa de que la desregulación iba a ordenar precios choca con la realidad barrial: hay oferta, pero no accesible. Los valores no bajaron; se consolidaron en niveles que expulsan.
Del discurso al recibo
Muchos vecinos que votaron a Javier Milei lo hicieron hartos del desorden, de la inflación y de la política tradicional. Hoy, el problema no es ideológico: es práctico. El alquiler vence, el contrato ajusta y el sueldo no acompaña.
El estilo confrontativo del Presidente, celebrado al principio como “mano dura verbal”, empieza a generar rechazo cuando la violencia simbólica se traduce en fragilidad real. El maltrato discursivo deja de ser gracioso cuando no hay margen económico.
Mudarse o resignarse
En Colegiales ya se repiten escenas conocidas:
– Familias que buscan mudarse a barrios más lejanos.
– Regresos forzados a casas de padres o suegros.
– Reducción de metros, de calidad y de estabilidad.
La mudanza dejó de ser elección y pasó a ser expulsión silenciosa.
El barrio como termómetro
Colegiales siempre fue un barrio de equilibrio: ni lujo extremo ni precariedad, con vida escolar, clubes, plazas y redes vecinales fuertes. Cuando ese tipo de barrio empieza a crujir, el síntoma es serio.
El malestar no se expresa todavía en marchas, pero sí en conversaciones incómodas. El voto que se justificaba “con paciencia” hoy se revisa con bronca.
Cuando el techo no cierra
En Argentina, el arrepentimiento político no suele empezar por grandes discursos. Empieza cuando no se puede pagar el alquiler.
En Colegiales, ese momento ya llegó.
Y cuando la cuenta no cierra, la tolerancia se termina. El resto viene solo.