Guerra contra los pobres: el macrismo apretó el botón del pánico en Chacarita y desalojó a 5 mil manteros. ¿Gobierno o administración del desprecio?
En la fría noche del 2 de mayo, cuando la ciudad empezaba a recogerse entre mates, frazadas y algún tuit sobre el otoño, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires volvió a demostrar su inclinación por los gestos autoritarios antes que por las políticas sociales. Esta vez, el epicentro fue el Parque Los Andes, en el corazón de Chacarita, donde más de 5.000 manteros —hombres, mujeres, jóvenes y adultos mayores sin empleo formal— fueron desalojados por un megaoperativo de Jorge Macri.
Sí, 200 policías y 110 inspectores de Espacio Público sacaron a palazos lo que la política neoliberal no supo incluir: trabajadores informales, vendedores ambulantes, sobrevivientes de una economía que expulsa sin piedad. El despliegue de fuerza fue tan obsceno como previsible: se secuestraron más de 6.700 bultos de mercadería, estructuras metálicas y hasta camionetas sin papeles. “Una postal del desamparo”, diría un cronista con los pies en la tierra.
“Orden” para los ricos, palos para los demás
Jorge Macri, como buen gerente del viejo manual PRO, justificó la represión diciendo que «hay que cuidar a los que están dentro de la ley». Pero no dijo qué ley cobija al que fue despedido, desalojado, empujado a la intemperie económica. ¿Dónde queda la ley cuando el hambre es más fuerte que la burocracia? ¿Qué ley protege al que no tiene otra salida que poner un mantel en el parque y tratar de vender algo para poder cenar?
El discurso de la «usurpación del espacio público» esconde una verdad más cruda: se está gobernando para las señoras de Nordelta, no para los vecinos de Chacarita. El operativo no buscó seguridad, buscó estética. Que no se vean pobres. Que no incomoden. Que no contaminen con sus puestos truchos el oasis de consumo gourmet que los barrios del oeste porteño empiezan a prometer a los desarrolladores inmobiliarios.
Chacarita, barrio frontera
Chacarita es eso: un barrio bisagra. Entre Palermo chic y Villa Crespo en disputa. Entre el cementerio monumental y los pasajes donde la gente hace patria en cuotas. Entre el parque público —ese que ahora fue limpiado para que vuelva el picnic de clase media con perro caniche— y la necesidad cruda de los que no tienen ni changa.
Los manteros no son “ilegales”: son excluidos. No vinieron de Marte ni del delito organizado. Son víctimas de una economía que, como bien supo escribir Oesterheld, deja al ser humano solo en medio de la nevada. No por casualidad muchos de ellos son migrantes, cartoneros, desocupados, madres solteras. El trabajo precario no es una elección romántica: es el último recurso ante la ausencia del Estado.
Una feria “legal” para lavar culpas
El gobierno porteño se apura en aclarar que “en otro sector del parque funciona una feria legal”, como si el permiso burocrático lavara el hecho de que 5 mil personas quedaron sin ingresos en una sola noche. Qué legalidad puede sostenerse sobre la demolición de otra forma de subsistencia. ¿La feria con bijouterie artesanal reemplaza el derecho al trabajo de aquellos que venden lo que tienen? ¿Quién decide qué clase de venta merece un toldito con permiso y cuál, un cachetazo de realidad?
Y mientras tanto, en plena recesión, con una inflación que desintegra bolsillos y un gobierno nacional que desprecia lo popular, Jorge Macri y sus burócratas van preparando la retirada electoral. Quieren salvar sus barrios cerrados, sus alianzas con la UIA, su pacto tácito con los dueños de la tierra. Pero se les escapa algo: la ciudad ya no compra ese relato.
El PRO, rumbo al abismo
Esto no es sólo una operación policial: es un síntoma del agotamiento de una forma de gobernar. El macrismo no sabe —ni quiere— incluir. Su respuesta ante el conflicto social es siempre la misma: represión, desalojo, ocultamiento. Los manteros son solo la excusa de hoy. Ayer fueron los docentes, los médicos, los artistas callejeros, los jubilados, los cartoneros. El modelo PRO no dialoga, ejecuta.
Y mientras tanto, los vecinos que miraban con bronca a los manteros descubren que también a ellos les recortaron la SUBE, les cerraron la salita de salud, les aumentaron el ABL y los dejaron sin vacantes escolares. ¿Hasta cuándo va a durar la hipnosis de los globitos amarillos?
Reflexión final: ¿De qué lado estás?
La política, cuando se aleja del pueblo, se transforma en farsa. Y este operativo, como tantos otros, es un acto de violencia simbólica que no busca ordenar, sino disciplinar. Mostrar quién manda. Marcar la cancha. Pero cuidado: los parques pueden ser desalojados, pero la memoria popular no.
¿Vos qué opinás? ¿Está bien desalojar manteros sin ofrecer alternativas reales? ¿Es justo hablar de “legalidad” cuando hay familias sin techo y sin laburo? ¿Puede un país crecer si se dedica a golpear a sus pobres?