Nota de cultura – Colegiales
En una Buenos Aires que piensa el arte como territorio vivo —y no como vitrina—, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires propone una experiencia que cruza ciencia ficción, feminismos y nuevas formas de mirar. Se trata del taller “Miradas trianguladas: odisea espacial, acuosa y feminista”, una actividad presencial pensada para el público general, que invita a salir del eje cómodo y entrar en una constelación de ideas, cuerpos y futuros posibles.
El encuentro, coordinado por Fernanda Alarcón y Fiorella Talamo, se apoya en una tríada potente: obras de exposiciones temporales, una película y una lectura. El objetivo no es “explicar” el arte, sino desarmarlo, tensionarlo, mirarlo en comunidad. Porque ver también es un acto político, y mirar juntos modifica lo que creemos entender.
En esta edición, el foco está puesto en Gyula Kosice y su universo Intergaláctico, una obra que se despega del tiempo lineal y de la ciudad demasiado humana para imaginar otros mundos, otras materialidades y otros modos de habitar. Ahí aparece el diálogo con los feminismos: cuerpos distintos, lazos no normativos, especies que se mezclan, futuros que no piden permiso.
La triangulación se completa con la película Barbarella, ícono pop de los años sesenta, donde la revolución sexual, el cómic y la ciencia ficción se cruzan con una energía lúdica que todavía incomoda a la herencia masculina dominante. Y como si eso fuera poco, la lectura de Ursula K. Le Guin aporta una capa poética y filosófica clave: pensar otros mundos para poder pensar de otra manera este.
No es un taller académico cerrado, ni una clase magistral. Es una invitación a perderse un poco, a mirar raro, a aceptar lo incómodo como parte del aprendizaje. Algo muy del espíritu de Colegiales: barrio de pasajes tranquilos, talleres, editoriales independientes y conversaciones largas que no siempre buscan conclusiones.
La actividad es presencial, con inscripción previa, cupos limitados y una duración de dos horas. Incluye la entrada al museo y propone, sobre todo, una experiencia: salir del museo con la cabeza vibrando, como después de una buena charla o una película que no se deja cerrar del todo.
En tiempos de miradas rápidas y scroll infinito, detenerse a mirar con otros —y desde otros lugares— también es una forma de resistencia cultural. Colegiales lo entiende. El arte, cuando se lo deja respirar, también.
