En tiempos donde todo corre y nadie mira, una propuesta silenciosa y casi contracultural se abre paso a pocas cuadras de Colegiales. El Museo de Arte Español Enrique Larreta vuelve a poner en marcha su ciclo “Primeras flores”, un taller de haiku pensado especialmente para adultos mayores que buscan algo más que una actividad: un momento de conexión con el presente.
La cita es el lunes 11 de mayo a las 16 horas, en el corazón del jardín hispanoárabe del museo, ubicado en Juramento 2291. Un espacio que, de por sí, ya invita a bajar un cambio. Pero acá la propuesta va un paso más allá: observar, respirar, y transformar lo que se siente en palabras mínimas, en esos versos breves que los japoneses llaman haiku.
El encuentro forma parte de un ciclo que acompaña el ritmo de las estaciones, con módulos en otoño y primavera. No es casualidad. El haiku nace justamente de esa relación íntima entre la naturaleza y el instante. Y en este caso, el jardín funciona como escenario vivo: hojas que caen, flores que aparecen, sonidos que cambian sin pedir permiso.
En mayo, el foco estará puesto en lo íntimo y lo cotidiano, tomando como guía la obra de Kobayashi Issa, uno de los grandes maestros del género. Su mirada —tierna, casi vulnerable— sobre lo pequeño, lo frágil, lo que muchos pasan por alto, será el punto de partida para que los participantes escriban desde su propia experiencia.
No hace falta saber escribir poesía. Ni haber leído haikus. Acá la puerta está abierta para cualquiera que tenga ganas de probar. El taller propone lectura, escritura y también intercambio: un ida y vuelta donde lo importante no es “hacerlo bien”, sino animarse a mirar distinto.
La actividad estará a cargo de la escritora y docente Dolo Trenzadora, con coordinación de Victoria Boulay. Trenzadora no es una improvisada: su recorrido cruza la poesía, la docencia y la comunicación, con una fuerte identidad marcada por el castellano y el guaraní, y una obra que ya fue reconocida por instituciones como el Fondo Nacional de las Artes.
El cierre del ciclo no es menor: se proyecta una antología grupal con los textos producidos durante los encuentros. Es decir, lo que empieza como un ejercicio íntimo puede terminar convertido en memoria compartida.
Para los vecinos de Colegiales, la propuesta tiene un plus: queda a minutos. Ya sea caminando, en colectivo por Cabildo o cruzando hacia Belgrano, es una de esas actividades que no requieren logística complicada, pero sí cierta predisposición a frenar la máquina.
La participación está incluida con la entrada al museo, requiere inscripción previa y, como todo lo que depende del cielo, se suspende por lluvia.
En un mundo que grita, este taller susurra. Y a veces, justo eso es lo que hace falta.