Los comercios preparan una recorrida para el 30 y el 31 de octubre. Detrás de las brujas, los fantasmas y el “dulce o truco” hay una historia de migraciones, celebraciones populares y encuentros entre vecinos.
Colegiales Noticias | 25 de octubre de 2026
Colegiales se prepara para una celebración que transforma algo tan cotidiano como entrar a un negocio en una pequeña aventura. El viernes 30 y el sábado 31 de octubre, una convocatoria invita a recorrer comercios del barrio con disfraces y buscar golosinas. Algunos establecimientos participarán una jornada y otros ambas; la entrega dependerá de la disponibilidad de cada local.
La propuesta tiene una virtud sencilla: ofrece una excusa para caminar juntos. Para los chicos, cada parada puede ser un descubrimiento; para los adultos, una oportunidad de conversar con otros vecinos. El disfraz hace el resto: por una tarde, quien habitualmente compra el pan puede convertirse en vampiro, y quien atiende un mostrador, en guardián de un pequeño castillo embrujado.
De dónde viene Halloween y por qué se celebra el 31 de octubre
Halloween reúne tradiciones de distintas épocas. Entre sus antecedentes está Samhain, una festividad de los pueblos celtas vinculada con el final de la cosecha y el comienzo del invierno en el hemisferio norte. Las creencias sobre la cercanía de los muertos y los espíritus formaban parte de ese universo cultural. Con los siglos, esas costumbres se cruzaron con celebraciones cristianas y prácticas populares europeas.
El nombre procede de All Hallows’ Eve, la víspera de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre. Esa relación ayuda a comprender por qué conviven imágenes de fantasmas, referencias a los muertos y una fecha del calendario religioso. La fiesta contemporánea, sin embargo, tiene expresiones familiares, comerciales y recreativas muy diversas.
Durante el siglo XIX, las migraciones irlandesas y escocesas contribuyeron a extender estas tradiciones en Estados Unidos. Allí fueron cambiando hasta adquirir buena parte de su formato actual. Más tarde, el cine, la televisión y la circulación internacional de productos culturales ayudaron a convertir Halloween en una celebración reconocible mucho más allá de los países angloparlantes.
En Buenos Aires ocurre, además, una adaptación curiosa: las calabazas y las imágenes del otoño del norte aparecen en plena primavera porteña. Entre árboles brotados y tardes más largas, el decorado importado encuentra otro paisaje.
Qué disfraces se suelen usar
El repertorio tradicional incluye brujas, fantasmas, esqueletos, vampiros y monstruos. Los disfraces inquietantes tienen una larga historia, aunque con el tiempo también se incorporaron personajes de películas, televisión, historietas y cuentos. Por eso Halloween admite tanto una criatura tenebrosa como un superhéroe: el terror es una posibilidad, no una condición para participar.
Para preparar una recorrida por Colegiales, estas son algunas ideas que pueden resolverse en casa:
- Bruja o brujo: ropa oscura, sombrero de cartón y una pequeña escoba como accesorio.
- Vampiro: camisa, capa liviana y un detalle rojo en el cuello.
- Esqueleto: prendas negras con huesos recortados en tela o papel blanco.
- Fantasma: una túnica clara con el rostro despejado para caminar cómodamente.
- Gato negro: orejas de cartulina, ropa del mismo color y bigotes dibujados.
- Personaje de cuento: piratas, hadas, magos o criaturas inventadas.
- Disfraz familiar: un grupo de detectives, una familia de monstruos o varios personajes de una misma historia.
La confección casera también forma parte del pasado de Halloween. Antes de que los disfraces industriales se extendieran, muchas familias recurrían a telas, maquillaje y máscaras hechas a mano. Recuperar esa práctica permite que la preparación sea parte de la diversión.
Para una salida a pie conviene elegir prendas livianas, calzado cómodo y accesorios fáciles de llevar. Una capa que arrastra puede quedar magnífica en la foto y convertirse en una complicación en la primera esquina.
“Dulce o truco”: qué significa el intercambio
El conocido trick or treat suele traducirse como “dulce o truco” o “dulce o travesura”. Entre sus antecedentes aparecen recorridas europeas en las que las personas recibían comida a cambio de oraciones, canciones, versos o pequeñas actuaciones. En Irlanda y Escocia, el guising consistía en visitar hogares disfrazados y ofrecer alguna gracia antes de recibir una recompensa.
La versión moderna se consolidó en Norteamérica durante el siglo XX. Las golosinas pasaron a ocupar un lugar central y la visita a las casas se convirtió en una actividad comunitaria. La relación con las travesuras quedó incorporada al nombre, aunque una celebración familiar depende de que el intercambio sea voluntario y amable.
En la recorrida barrial, la mejor interpretación es sencilla: saludar, mostrar el disfraz, pedir con educación y agradecer. Si un comercio agotó los caramelos o decidió no participar, se sigue camino. Ningún vecino contrae una deuda con un vampiro por abrir la puerta.
Dulces y pequeños regalos: qué se puede preparar
Para quienes quieran recibir visitantes, una opción práctica es disponer de golosinas en sus envoltorios originales. También se pueden proponer pequeños obsequios sin alimentos, como stickers, señaladores, tarjetas con acertijos o dibujos para colorear. Son alternativas para que el encuentro no dependa exclusivamente de comer algo.
Otra idea es organizar un intercambio: contar un chiste, resolver una adivinanza o inventar un nombre de monstruo antes de elegir una sorpresa. Recupera el espíritu de las pequeñas actuaciones que aparecen entre los antecedentes de la celebración y permite que el momento dure un poco más que sacar un caramelo de un recipiente.
No hace falta preparar regalos costosos. Una tarjeta dibujada por los propios chicos puede tener más personalidad que una bolsa llena de objetos descartables. La gracia está en el gesto y en la conversación que provoca.
Asustar al otro: un juego con límites
Las telarañas, las sombras y los personajes misteriosos construyen una ficción compartida. Se puede montar una escena con una caja que guarda un monstruo imaginario, una puerta decorada o un relato breve contado con una linterna. Para los más pequeños, el humor suele ser un gran aliado: un fantasma que pierde la sábana puede funcionar mejor que una máscara demasiado realista.
El susto tiene que permitir que todos sigan jugando. Si alguien se incomoda, se baja la intensidad. Perseguir a desconocidos, bloquear una vereda o insistir con quien no quiere participar rompe ese acuerdo.
En una celebración de cercanía, el mejor efecto especial sigue siendo reconocer al vecino debajo del disfraz.
Las familias, las escuelas y el intercambio cultural
La presencia de familias de distintas procedencias puede aportar recuerdos, formas de decorar y maneras de celebrar. Para quienes crecieron con Halloween, preparar una recorrida también puede ser una forma de transmitir una experiencia de infancia a sus hijos y compartirla con nuevos vecinos.
No obstante, las fuentes consultadas no permiten establecer cuán numerosa es la comunidad estadounidense de Colegiales ni identificar una organización sostenida durante años junto con colegios y centros culturales del barrio. Ese antecedente requiere testimonios y nombres concretos antes de presentarlo como un hecho comprobado.
Sí existen registros del uso de Halloween en escuelas argentinas como oportunidad para trabajar inglés, relatos, dramatizaciones y actividades creativas. Eso permite entender una de sus vías de difusión, aunque no acredita la participación de una institución determinada de Colegiales en esta convocatoria.
Qué está anunciado en Colegiales
La convocatoria local menciona a Galletotas, Kiosco El Puente, Matilde Mercería, RBN Fresh Food, Sweet Candy Cotillón, Pentos Cervecería, Cotillón Creaciones Vane y Jungla Crossfit & Pilates. También invita a compartir imágenes de la recorrida con la cuenta @somos.colegiales.
El anuncio no establece un horario único ni publica un circuito completo con direcciones. Antes de salir, corresponde consultar qué día participa cada establecimiento. Por ahora, la propuesta difundida es una recorrida por comercios: no hay en esa publicación una programación confirmada de escuelas, iglesias o centros culturales.
Colegiales tiene la oportunidad de hacer propia la celebración con su escala de barrio: disfraces preparados en casa, caminatas cortas y tiempo para saludar. Entre Conde, Céspedes y Federico Lacroze, la idea puede servir también para pensar qué otras actividades merecen reunir a los vecinos durante el año.
Preguntas
- Para quienes disfrutan Halloween: ¿qué queda del encuentro cuando se guardan los disfraces?
- Para quienes lo consideran una costumbre ajena: ¿una tradición cambia de pertenencia cuando los vecinos la hacen propia?
- Para quienes todavía no participan: ¿los convocaría más una recorrida comercial, un taller de disfraces o una jornada de cuentos?
- ¿Hace falta comprar algo nuevo para celebrar o el mejor disfraz puede salir de un ropero?
- ¿Podemos organizar una fiesta donde también tengan lugar quienes no quieren dulces ni disfrutan los sustos?
- ¿Qué otras celebraciones del barrio merecen la misma energía y preparación?
Colegiales Noticias. Por Céspedes, un fantasma; por Conde, una bruja. Debajo del disfraz, el vecino de siempre.
