Buenos Aires – La industria argentina comenzó el año con una señal preocupante: más de la mitad de las máquinas del país están apagadas. Según datos oficiales del INDEC, la utilización de la capacidad instalada de la industria se ubicó en 53,6% en enero de 2026, uno de los niveles más bajos de los últimos años y por debajo del 55% registrado en enero de 2025.
El indicador, que mide qué porcentaje del potencial productivo de las fábricas está efectivamente en uso, funciona como un termómetro directo de la actividad económica. Cuando el número cae, significa que las empresas producen menos, venden menos y utilizan menos su infraestructura industrial.
El dato de enero marca además el segundo peor registro desde 2024, apenas por encima del 53,2% observado en marzo de ese año, lo que confirma que la recuperación industrial sigue lejos de concretarse.
Un arranque de año con fábricas semi vacías
El comienzo de 2026 encontró a la industria operando prácticamente a media máquina. En términos simples: de cada diez máquinas instaladas en el país, solo cinco están produciendo.
La caída responde a una combinación de factores que vienen afectando al sector desde hace más de un año:
- Debilidad del consumo interno
- Apertura de importaciones
- Caída de la inversión industrial
- Ajuste de la producción en sectores manufactureros
El fenómeno golpea especialmente a las industrias orientadas al mercado interno, que dependen del poder de compra de la población.
Los sectores que todavía resisten
A pesar del panorama general negativo, algunos sectores muestran niveles de actividad relativamente altos.
Entre los rubros con mayor utilización de capacidad instalada se destacaron:
- Refinación del petróleo: 86,8%
- Industrias metálicas básicas: 67,6%
- Sustancias y productos químicos: 64,8%
- Papel y cartón: 61,7%
- Alimentos y bebidas: 60,2%
Estos sectores suelen sostener su actividad por tres razones principales: exportaciones, demanda energética o consumo esencial.
Por ejemplo, el rubro de metales básicos logró mejorar su desempeño impulsado por la producción siderúrgica. Según los datos industriales, la fabricación de acero crudo creció 17,2% interanual, uno de los pocos indicadores positivos del período.
Los sectores más golpeados
Del otro lado del tablero aparecen sectores directamente paralizados.
Los niveles más bajos de utilización de capacidad instalada se registraron en:
- Industria textil: 23,7%
- Industria automotriz: 24%
- Metalmecánica: 31,4%
La fotografía es brutal: en algunos rubros tres de cada cuatro máquinas están apagadas.
Derrumbe en maquinaria y electrodomésticos
La caída más fuerte se verificó en la metalmecánica, uno de los sectores industriales más importantes del país.
El freno se explica por el derrumbe en la producción de bienes durables:
- Maquinaria agrícola: cayó 32,1% interanual
- Electrodomésticos: se desplomaron 35,8%
Ambos sectores dependen fuertemente de la inversión productiva y del crédito al consumo, dos variables que permanecen en niveles muy bajos.
La industria automotriz también se desploma
Otro dato alarmante proviene del sector automotriz.
La utilización de la capacidad instalada cayó a 24%, muy lejos del 34,8% que se registraba un año antes.
Detrás de ese desplome se encuentra una fuerte contracción de la producción:
- Fabricación de vehículos: cayó 30,4% interanual
La baja responde a una combinación de factores: menor demanda local, reducción de exportaciones y ajustes en las plantas industriales.
Un modelo con ganadores y perdedores
El mapa industrial que surge de los datos muestra una clara división.
Por un lado, sectores vinculados a energía, minería y producción básica mantienen niveles de actividad relativamente altos.
Por el otro, las industrias ligadas al mercado interno, al consumo masivo y a la producción de bienes durables muestran los mayores retrocesos.
Esto configura una estructura económica cada vez más concentrada en actividades primarias o extractivas, mientras la industria manufacturera pierde peso relativo.
El síntoma de fondo
El uso de la capacidad instalada es uno de los indicadores más observados por economistas y empresarios porque revela algo muy simple: si las empresas no usan sus máquinas, es porque no tienen a quién venderle lo que producen.
Con un nivel apenas superior al 50%, la industria argentina continúa lejos de un funcionamiento saludable. Históricamente, los niveles considerados normales para una economía en crecimiento suelen ubicarse entre el 70% y el 80%.
Hoy, la distancia entre ese umbral y la realidad industrial del país es enorme.
Y mientras más máquinas permanezcan apagadas, más difícil será recuperar empleo, inversión y crecimiento productivo.