Siendo un niño ingresó como cadete en el Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires. Combatió contra las Invasiones Inglesas como sargento del Batallón de Naturales, Pardos y Morenos, y fue ascendido al grado de teniente.

Participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810.

Se incorporó al sitio de Montevideo en 1811; cuando éste fue levantado, fue enviado a incorporarse al Ejército del Norte, que buscaba recomponerse después de la derrota en la batalla de Huaqui.

Colaboró en el Éxodo Jujeño y combatió como mayor del regimiento de castas en el combate de Las Piedras y en la batalla de Tucumán, durante la cual fue tomado prisionero por el ejército realista. Recuperó la libertad a los pocos días, como resultado de un canje de prisioneros.

En la batalla de Salta fue uno de los más destacados jefes de la infantería, y su regimiento fue el primero en entrar en la ciudad de Salta. Su poncho color celeste, izado en la torre de la Catedral, sirvió para avisar al general Manuel Belgrano que el centro de la ciudad había caído en manos patriotas.

Fue ascendido al grado de coronel y comandó el regimiento de infantería número 4 en la segunda expedición auxiliadora al Alto Perú. Tuvo una actuación brillante en la batalla de Vilcapugio, y su regimiento fue de los más activos en la retirada del ejército derrotado.

Al comenzar la batalla de Ayohúma, en noviembre de 1813, fue muerto por una bala de cañón y su regimiento se dispersó, lo cual hizo inevitable la derrota patriota en esa batalla.

Una calle de la ciudad de Buenos Aires recuerda a este oficial de la guerra de independencia.

El general José María Paz en sus Memorias póstumas describió el orden de batalla:
Nuestra infantería estaba formada en seis columnas de las que cinco estaban en línea y una en reserva, en la forma siguiente: 1° principiando por la derecha, el Batallón de Cazadores a las órdenes del comandante Dorrego, 2° y 3° eran formadas del Regimiento N° 6 que era el más crecido, una a las órdenes del comandante Forest, y la otra, aunque no puedo asegurarlo á las del comandante Warnes, 4° del Batallón de Castas a las órdenes del comandante Superi, 5° de las compañías del N° 2 venidas últimamente de Buenos Aires, al mando del comandante D. Benito Alvarez, 6° y última compuesta del Regimiento N° 1 al mando del comandante D. Gregorio Perdriel. La artillería que consistía en doce piezas, si no me engaño, estaba distribuida en los claros, menos dos que habían quedado en la reserva.
Poco antes de mediodía, Belgrano ordenó el ataque de la reserva comandada por Dorrego sobre esas posiciones, mientras la artillería lanzaba fuego granado sobre el flanco contrario. Al frente de la caballería, condujo él mismo una avanzada sobre el cerco que rodeaba la ciudad. La táctica fue exitosa; columnas de infantes al mando de Carlos Forest, Francisco Pico y José Superí rompieron la línea enemiga y avanzaron sobre las calles salteñas, cerrando la retirada al centro y ala opuesta de los realistas. El retroceso de los realistas se vio dificultado por el mismo corral que habían erigido como fortificación; finalmente, se congregaron en la Plaza Mayor de la ciudad, donde Tristán decidió finalmente rendirse, mandando tocar las campanas de la Iglesia de La Merced.