Colectiveros al borde: la UTA amenaza con parar el país mientras Milei mira para otro lado.
La olla presión de los colectivos: explota el conflicto en la UTA
La UTA pateó el tablero y anunció un paro de colectivos que sacude la semana política. Sin mejoras salariales y con el período de conciliación agotado, los choferes de corta y media distancia se plantan. El Gobierno, los empresarios y los usuarios: todos en la parada, esperando que alguien dé la cara.
En un país donde la palabra “paro” es casi un mantra, la UTA —ese gremio que históricamente supo alternar entre el apriete y el silencio— decidió romper la tregua. El próximo martes 6 de mayo, más de 300 líneas de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires podrían quedarse quietas. Y con ellas, unos 9 millones de pasajeros también. ¿El motivo? Salarios miserables, según los trabajadores. Desidia, según cualquiera que haya intentado subirse a un bondi con $600 en el bolsillo.
El gremio, liderado por Roberto Fernández, no se anda con vueltas: “no vamos a tolerar esta farsa prolongada”. Furia, bronca, y una dignidad que hace rato viaja colgada del estribo.
Una oferta “vergonzosa” y un Estado que brilla por su ausencia
Durante la última audiencia, el sector empresario se presentó con una propuesta que parece un chiste de mal gusto: menos del 6% de aumento, y algunos bonos en cuotas que, con la inflación galopando al 290%, ya nacen devaluados. Una provocación con moño.
El Gobierno, por su parte, parece estar más ocupado en insultar periodistas y recitar pasajes de Mises en TikTok, que en garantizar el transporte público. El ministro Caputo, mientras tanto, sigue concentrado en que el dólar blue no se le escape, aunque el país ya se le fue hace rato.
“Solo se sostiene por el esfuerzo de los trabajadores”, grita el comunicado del gremio, y nadie en su sano juicio puede contradecirlo. Porque mientras los empresarios buscan subsidios y los políticos se sacan selfies en colectivos vacíos, los choferes manejan 12 horas por día por sueldos que no alcanzan ni para el colectivo.
¿Coqueteo o traición? La interna de la UTA y el juego político
No es secreto que la UTA supo mantener una relación ambigua con todos los gobiernos. Fue peronista cuando convenía, dialoguista cuando servía, y ahora… ¿oposición? Algunos señalan que este paro es parte de un reacomodamiento gremial, en tiempos donde el sindicalismo intenta no perder su lugar en la mesa chica del poder. Pero hay algo claro: los colectiveros no tienen un peso, y eso no es relato, es bolsillo.
Los que pagan el boleto más caro: los usuarios
Como siempre, el que termina perdiendo es el que espera 40 minutos en la parada y después va colgado. El trabajador que no puede llegar al laburo, la madre que lleva al hijo a la escuela, el jubilado que se banca tres trasbordos porque la SUBE no le alcanza. El paro no es contra ellos, pero los golpea igual.
En esta tragicomedia nacional, el transporte público está al borde del colapso, y los que deberían resolverlo están más ocupados en sacarse cartel que en sentarse a negociar. La UTA juega fuerte. El Gobierno responde con silencio. Y el pueblo, como siempre, mirando cómo el bondi se va… vacío.
¿Qué hacemos con un sistema que solo funciona si todos pierden?
¿Puede seguir funcionando un país donde se depende de trabajadores al límite, usuarios frustrados, empresarios subsidiados y un Estado ausente? ¿Qué tan lejos estamos de que el transporte público se privatice, se derrumbe o directamente desaparezca? ¿Hasta cuándo se puede sostener un modelo donde la única certeza es la incertidumbre?