Entre Neuquén, Viedma y Palermo, una historia de plata sucia, contratos dudosos y silencios selectivos sacude a la política liberal argentina.
Mientras el país mira el temblor financiero, otro terremoto —de carácter judicial— deja al descubierto las costuras del poder: el economista José Luis Espert, otrora símbolo del “anticasta”, cayó en desgracia tras confirmarse sus vínculos con el empresario extraditado por narcotráfico, Federico “Fred” Machado.
Del semillero de Broda al barro político
A fines de los 90, Espert era un economista de manual, formado en la ortodoxia de Miguel Ángel Broda, preciso en sus definiciones y tajante con la “casta”. Lo entrevistaban todos: era el liberal de corbata prolija que desafiaba el gasto público y soñaba con un país sin Estado.
Pero en 2019, cambió el libreto: se lanzó como candidato presidencial con el partido Unite por la Libertad y la Dignidad, obteniendo un magro 1,47% de los votos. Hasta ahí, el cuento era el de un outsider simpático.
Después vino la política real: Juntos por el Cambio, los cafés con Larreta, los silencios de Patricia Bullrich y la escalera directa hacia el poder. Pero todo eso se vino abajo cuando un papel chamuscado habló más que mil discursos.
El contrato maldito
Durante un allanamiento en Viedma, la Policía Federal encontró un documento firmado por Espert en 2019, con un monto redondo y obsceno: un millón de dólares.
El contratante: Fred Machado, hoy extraditado a Estados Unidos por narcotráfico, lavado y fraude electrónico.
El objeto del contrato: “consultoría económica para una empresa minera guatemalteca”.
El resultado: nada.
El fiscal estadounidense Nicholas J. Ganjei, en cambio, sí encontró resultados: narcojets con más de 10.000 kilos de cocaína vinculados al cartel de Sinaloa y una red de lavado que cruzaba fronteras, bancos y servidores norteamericanos.
La pregunta es inevitable: ¿de dónde venía realmente el dinero que financió la campaña del liberal que juraba “no deberle nada a nadie”?
Los silencios de Patricia
En los pasillos de Juntos por el Cambio se comenta que Patricia Bullrich sabía. Que la historia de Machado y Espert no era novedad. Que había advertencias internas sobre el “riesgo reputacional”.
Pero nadie habló.
Quizás porque, en ese momento, el liberalismo era útil para desgastar a Larreta.
Hoy, con Espert afuera de la boleta y Bullrich respaldando su silencio, muchos se preguntan si no fue ella quien lo sostuvo, al menos hasta que la Justicia apretó el gatillo.
El expediente norteamericano no deja dudas: si el dinero narco pasa por un servidor estadounidense, la jurisdicción es de EE.UU. Lo aprendió Noriega en Panamá, y lo puede aprender Espert si termina declarando en una corte federal texana.
Machado, el “amigo” que lo hundió
Desde su prisión domiciliaria en Viedma, Machado habló:
“Sí, había un contrato. Espert tenía dificultades para financiar su campaña y yo quise ayudarlo”, dijo.
Una confesión que, más que defensa, suena a epitafio político.
El propio Espert reconoció haber recibido 200.000 dólares en 2020, pero insistió en que fue por un trabajo “que nunca se concretó”.
El juez Villanueva, que ya aprobó la extradición de Machado, no parece creerle. Y en Estados Unidos, donde el dinero electrónico deja huellas indelebles, las excusas se vuelven cenizas digitales.
La derecha entre la pureza y la mugre
El escándalo arrastra también a La Libertad Avanza. Si Espert hubiera seguido en carrera, era el candidato natural de Milei en provincia. Pero la bomba estalló antes: ahora el oficialismo libertario intenta despegarse mientras los peronistas huelen sangre.
El supuesto “nuevo orden liberal” muestra su talón de Aquiles: la moral de mercado se corrompe igual que la moral política, solo que más rápido. Y donde hay dinero sin control, siempre aparece el polvo blanco de la sospecha.
Epílogo de barro
En este país, donde las ideologías cambian de camiseta como en un potrero de domingo, la línea que separa al economista del financista, y al político del testaferro, es tan fina como el papel del contrato quemado de Viedma.
¿Quién financia la libertad cuando la plata viene sucia?
¿Y quién limpia el nombre de un liberal cuando la justicia internacional lo pone bajo la lupa?
En Palermo, mientras tanto, el rumor se escucha entre los bares de Honduras y la esquina de Thames: “si Espert cae, no cae solo”.