Frente a los estudios de Canal 9, hoy identificados como Argentina 1.2, y a pocos metros del Mercado de Pulgas, se encuentra uno de esos espacios públicos que nacieron con buenas intenciones pero que, con el paso del tiempo, comenzaron a exhibir problemas que los vecinos observan todos los días. La Plaza Caloi, ubicada sobre Concepción Arenal y cercana a la Plaza Mafalda, forma parte del nuevo paisaje de Colegiales, un barrio que en las últimas dos décadas pasó de ser una zona ferroviaria e industrial a convertirse en uno de los sectores más cotizados de la Ciudad de Buenos Aires.
La postal actual resulta engañosa. A simple vista, el lugar parece moderno, con senderos amplios, sectores verdes, luminarias y equipamiento urbano. Sin embargo, basta recorrerla durante unos minutos para advertir que la realidad cotidiana es bastante más compleja. Los pisos presentan un importante nivel de deterioro, con grietas visibles que atraviesan gran parte de la superficie. Lo que originalmente fue concebido como un hormigón coloreado de tonalidad rosada terminó transformándose en una extensa superficie resquebrajada, castigada por el paso de los años, las lluvias y, según sostienen algunos vecinos, por una ejecución deficiente de la obra.
La situación se vuelve más evidente durante los días de lluvia. Diversos sectores verdes presentan desniveles y zonas bajas donde el agua queda acumulada durante horas e incluso días. En lugar de absorber el agua, como debería ocurrir en un espacio verde bien diseñado, algunas áreas se convierten en verdaderas lagunas temporarias que dificultan el uso de la plaza y afectan la circulación peatonal.
La pregunta aparece sola mientras se observan las rajaduras del suelo y los sectores anegados: ¿cómo fue ejecutada la obra y cuáles fueron los controles realizados durante su construcción? Son interrogantes que suelen repetirse en distintos puntos de la ciudad cuando el deterioro aparece pocos años después de una inauguración presentada como modelo de recuperación urbana.
Una plaza atravesada por el tránsito
Uno de los aspectos más cuestionados por quienes frecuentan la zona es la existencia de una calle interna que divide parte del espacio público. Lejos de funcionar como una vía de convivencia amable entre peatones y vehículos, muchos vecinos aseguran que los automóviles circulan a velocidades superiores a las adecuadas para un entorno donde hay niños, personas mayores y dueños de mascotas.
Los voluminosos bolardos de hormigón instalados para ordenar la circulación tampoco parecen haber logrado plenamente su objetivo. Para algunos representan una solución estética discutible y una barrera visual que fragmenta aún más el espacio. El resultado es una plaza que, en lugar de sentirse completamente integrada, aparece atravesada por elementos que dificultan una experiencia urbana más armónica.
La discusión no es nueva. En numerosos barrios porteños se debate si determinadas calles internas deberían transformarse en paseos peatonales permanentes. En el caso de Plaza Caloi, la cercanía con espacios de encuentro vecinal y con circuitos gastronómicos podría justificar una revisión del esquema actual.
El corazón de una nueva centralidad barrial
Más allá de sus problemas, la plaza ocupa una ubicación estratégica dentro de Colegiales. Frente a ella se levantan los históricos estudios televisivos de Canal 9, una de las señales más emblemáticas de la televisión argentina. Durante décadas, actores, periodistas, técnicos y productores circularon por estas veredas, convirtiendo al sector en una referencia cultural para la ciudad.
A pocos metros se encuentra el Mercado de Pulgas, uno de los espacios comerciales más singulares de Buenos Aires, donde conviven antigüedades, restauradores, coleccionistas y curiosos. La Plaza Mafalda aparece muy cerca, completando un corredor urbano que recibe diariamente vecinos, turistas y trabajadores.
Sobre Dorrego al 1700 se encuentra el tradicional Timón de Don Jesús, un clásico gastronómico de la zona que sobrevivió a múltiples transformaciones barriales. En las inmediaciones funcionan restaurantes, comercios de cercanía, la carnicería Santa Julia, locales gastronómicos y supermercados que acompañan el crecimiento residencial experimentado por Colegiales durante los últimos años.
Sin embargo, también se perciben señales de cambio menos positivas. Algunos emprendimientos gastronómicos que funcionaron junto a la plaza fueron cerrando sus puertas. Bares, heladerías y locales comerciales que alguna vez aportaron movimiento al espacio dejaron persianas bajas, reflejando las dificultades económicas que atraviesa gran parte del comercio urbano.
El barrio que cambió demasiado rápido
La historia reciente de este sector de Colegiales ayuda a comprender parte del problema. Durante décadas fue un territorio marcado por galpones ferroviarios, industrias, depósitos y playas de maniobras. Luego llegó la reconversión inmobiliaria, los desarrollos residenciales, las oficinas y los emprendimientos gastronómicos.
La Plaza Caloi nació precisamente en ese contexto de transformación acelerada. La idea era generar un espacio público que sirviera como punto de encuentro entre los nuevos residentes y los vecinos históricos del barrio. Un lugar capaz de equilibrar el crecimiento inmobiliario con la necesidad de áreas verdes.
Pero cuando el mantenimiento falla o los materiales no responden adecuadamente al paso del tiempo, las buenas ideas terminan chocando contra la realidad cotidiana. Las grietas del piso, los sectores inundables y los problemas de circulación terminan convirtiéndose en símbolos visibles de una discusión más amplia: cómo se construye ciudad y quién controla que las obras públicas mantengan la calidad prometida.
Entre Mafalda y Caloi
No deja de resultar simbólico que esta plaza lleve el nombre de Caloi, el inolvidable dibujante que creó a Clemente y retrató como pocos la identidad porteña. A pocos metros se encuentra la Plaza Mafalda, homenaje a otro ícono del humor gráfico argentino creado por Quino.
Entre ambos espacios aparece una Buenos Aires que parece debatirse entre la creatividad de sus artistas y las limitaciones de su planificación urbana. Los personajes de Caloi y Quino supieron señalar contradicciones sociales con humor e inteligencia. Tal vez no sería extraño imaginarlos preguntando por qué una plaza nueva termina llena de grietas o por qué un espacio pensado para los vecinos continúa condicionado por el tránsito vehicular.
Mientras tanto, la Plaza Caloi sigue allí, frente a los estudios de televisión, observando el movimiento permanente de Colegiales. Con vecinos paseando perros, trabajadores almorzando al sol y familias cruzando camino hacia el Mercado de Pulgas. Un espacio con enorme potencial que todavía espera algunas respuestas y, probablemente, varias reparaciones.