El árbol había sido plantado hace varias décadas sobre un sector con estacionamientos subterráneos. Según explicaron en el edificio, el crecimiento de sus raíces comenzó a afectar el hormigón y obligó al consorcio a retirarlo. Sin embargo, la tarea se interrumpió y el enorme tronco continúa en pie.
Lo que a primera vista podría parecer una poda descontrolada o la eliminación injustificada de un ejemplar adulto es, en realidad, un problema mucho más complejo. En el interior de un edificio de Colegiales, un palo borracho que habría crecido durante entre 20 y 30 años tuvo que ser cortado porque sus raíces comenzaron a provocar daños en la estructura de hormigón ubicada sobre los estacionamientos.
El árbol no estaba plantado directamente sobre el terreno natural. Según la información recogida en el lugar, se encontraba en un espacio construido sobre una losa, posteriormente rellenado con tierra y acondicionado como jardín. Allí, cuando el edificio todavía era relativamente nuevo, alguien colocó un pequeño ejemplar sin imaginar las dimensiones que alcanzaría con el paso de las décadas.
El tiempo hizo el resto. Aquel “arbolito” se convirtió en un palo borracho de gran porte, con un tronco ancho, pesado y un sistema de raíces que necesitaba mucho más espacio del disponible. La naturaleza siguió su curso, pero debajo no había suelo profundo: estaban el hormigón y los techos de las cocheras.
Cuando el problema verde se volvió estructural
De acuerdo con la explicación brindada en el edificio, las raíces ejercieron presión sobre la losa y terminaron afectando el hormigón que cubre el sector de estacionamientos. Ante el riesgo de que el deterioro avanzara, el consorcio decidió retirar el ejemplar.
La decisión no habría tenido como origen una cuestión estética ni una supuesta molestia provocada por las hojas, las flores o la sombra. Se trató, según sostienen, de evitar que continuara un daño estructural que podía ocasionar filtraciones, desprendimientos y reparaciones cada vez más costosas.
La imagen registrada en el lugar muestra la magnitud del trabajo realizado: las ramas y buena parte de la copa ya fueron retiradas, pero quedó en pie un enorme segmento del tronco. También pueden verse cortes en la base, restos de madera, aserrín, tierra removida y una carretilla dentro del predio.
La extracción se frenó y el tronco quedó abandonado
La gran incógnita entre quienes observan diariamente el lugar es por qué el trabajo no fue terminado. La intervención habría comenzado hace más de una semana, pero luego se interrumpió. Desde entonces, el palo borracho permanece reducido a un gigantesco tronco, con cortes parciales en su base y el terreno todavía abierto a su alrededor.
No está claro si la demora obedece a una dificultad técnica, a la necesidad de utilizar maquinaria especial, a una evaluación de la losa o a algún trámite pendiente. Tampoco se conoce si antes de continuar es necesario apuntalar el estacionamiento o determinar de qué manera retirar las raíces sin agravar el daño que ya presenta la estructura.
Y allí aparece una dificultad nada menor: cortar las ramas es una cosa; desmontar un tronco de semejante tamaño y extraer sus raíces sobre una losa es otra muy diferente. Una maniobra mal ejecutada podría afectar todavía más el hormigón que precisamente se intenta proteger.
Un problema frecuente en jardines construidos sobre cocheras
El episodio expone una situación que se repite en numerosos edificios de Buenos Aires. Patios, jardines y espacios comunes que parecen estar asentados sobre tierra firme fueron construidos, en realidad, encima de cocheras, sótanos o salas de máquinas. La profundidad disponible puede ser suficiente para plantas pequeñas, pero no siempre resulta adecuada para árboles de gran porte.
Durante los primeros años, el crecimiento no suele generar señales visibles. El inconveniente aparece mucho después, cuando el tronco gana volumen y las raíces buscan agua, oxígeno y nuevos espacios. Entonces pueden levantar pisos, dañar desagües, afectar impermeabilizaciones o ejercer presión sobre muros y losas.
En estos casos, el problema no es que el árbol sea “malo” ni que sus raíces tengan un comportamiento extraño. El árbol simplemente crece. La falla suele estar en una plantación realizada sin calcular su desarrollo futuro ni considerar qué estructura existía debajo de la tierra.
¿Qué pasará ahora con el palo borracho?
Los vecinos esperan que el trabajo sea retomado y que el consorcio informe cómo continuará la intervención. Además de retirar el tronco y evaluar las raíces, será necesario revisar el estado de la losa, reparar las zonas dañadas, reconstruir la impermeabilización y decidir qué tipo de vegetación puede colocarse en ese espacio sin repetir el problema dentro de algunos años.
También sería conveniente que cualquier nueva plantación contemple la profundidad real del suelo, el peso de la tierra húmeda, el drenaje y el tamaño que alcanzará cada especie en su etapa adulta. Un jardín sobre una cochera necesita planificación: no todo árbol que entra en el cantero cuando es joven puede permanecer allí cuando alcanza veinte años.
Por ahora, la escena sigue llamando la atención en este rincón de Colegiales. El viejo palo borracho quedó convertido en una enorme columna de madera, cercada y a medio cortar. Debajo están las cocheras; alrededor, las preguntas. Un pequeño árbol plantado décadas atrás terminó revelando una verdad tan sencilla como incómoda: la naturaleza tiene memoria, crece en silencio y, tarde o temprano, encuentra los límites del hormigón.
Foto: Colegiales Noticias. El ejemplar quedó reducido a un gran segmento del tronco luego de que se interrumpieran los trabajos de extracción.