Después de 26 meses, volvió el puente de Ciudad de la Paz: alivio, quejas y ratas en la frontera entre Colegiales y Palermo
El sábado 30 de marzo, a las 8:54 de la mañana, se volvió a cruzar un puente que parecía olvidado. El Puente Ciudad de la Paz, que conecta los barrios de Colegiales y Palermo por encima de las vías del tren Mitre, fue reabierto al tránsito liviano, motos y peatones. Dicen que fue arreglado. Otros aseguran que fue apenas “manoseado”.
Durante más de dos años, el cruce estuvo clausurado por supuestos problemas estructurales. Se cerró en enero de 2023 y, como muchas obras en esta ciudad, entró en un limbo de permisos, papeles y promesas. Pero el tiempo pasó, y los vecinos aprendieron a esquivar, a dar vueltas largas, a cruzar con bronca.
Ahora volvió. Aunque no todos brindan.
¿Reparado o remendado? La mirada desde Colegiales
En el acto de reapertura estuvo Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño, junto al ministro de Movilidad e Infraestructura, Pablo Bereciartua. Se mostraron sonrientes, hablaron de “cumplir con los vecinos” y aseguraron que la obra «une, conecta y crea comunidad».
Pero en las veredas de Colegiales, la comunidad murmura otra cosa.
“Soldaron un par de caños, taparon unos baches y pintaron. Eso no es reparar, es dibujar para la foto”, se quejó Alejandra, vecina de la calle Ciudad de la Paz. “Esto lo hicieron para decir que cumplieron, pero no cambió mucho. Se sigue sintiendo flojo”, agregó.
Otros, como Gustavo, que tiene su bicicletería a tres cuadras, prefieren mirar el vaso medio lleno: “Por lo menos ahora podemos cruzar. Eso ya es algo. No daba más seguir dando toda la vuelta por Jorge Newbery”.
Una frontera barrial descuidada
El puente está ahí, justo en esa costura barrial entre Palermo Hollywood y el corazón de Colegiales. Pero no es la única cosa que conecta. También une las quejas de ambos lados.
En la esquina de Dorrego y Soler, justo enfrente del puente, un bar coqueto con mesas al sol convive con un contenedor de basura perpetuamente desbordado. “Es una trampa de ratas”, dijo Marcela, habitué del lugar. “No sé cómo la gente se sienta ahí a tomar café con los roedores bailando alrededor. Es un asco. ¿Dónde está la higiene urbana que prometen?”, lanzó, entre sorbo y sorbo.
El contenedor, oxidado y desbordado, parece ser el verdadero protagonista silencioso de la esquina. Y una metáfora viva de cómo se combinan obras y abandono en una ciudad que a veces repara lo grande pero se olvida de lo básico.
Obra por mitades y promesas enteras
Desde el Ministerio de Movilidad aseguraron que lo hecho hasta ahora es solo la primera etapa. La segunda, prometen, incluirá una estructura nueva, más fuerte, con carriles definidos, pasarela peatonal y espacio para tránsito pesado. Hasta entonces, los camiones no podrán pasar y seguirán los limitadores de altura.
El trabajo actual estuvo a cargo de AUSA, que reforzó la estructura metálica, mejoró el drenaje, reparó calzadas y pintó. Pero en el barrio se nota: los detalles brillan por su ausencia. Hay juntas que crujen al paso, y un guardarraíl improvisado que no inspira confianza.
¿Quién cuida el barrio después de la foto?
La pregunta que flota entre los vecinos de Colegiales es vieja pero sigue vigente: ¿quién cuida el barrio cuando se apagan las cámaras?
Porque más allá del puente, la situación de la higiene urbana, los espacios públicos y la infraestructura menor es preocupante. Hay veredas rotas, luminarias fallando y esquinas tomadas por basura. Y en una ciudad que dice mirar al futuro, los detalles más chicos siguen siendo los más ignorados.
Conclusión: el puente une, pero no alcanza
Sí, se volvió a cruzar el puente. Y eso es una buena noticia. Pero también quedó en evidencia que el barrio necesita mucho más que un corte de cinta. Colegiales sigue esperando mejoras reales, concretas, de esas que no se sacan en una selfie pero hacen a la calidad de vida cotidiana.