Supermercado sin bicicletero: el Vea de Córdoba y Concepción Arenal ahora tampoco deja estacionar junto a los carritos

Un nuevo cartel apareció durante este fin de semana en el supermercado del límite entre Colegiales y Palermo. El comercio les pide a sus clientes que no dejen allí las bicicletas, pero no ofrece un bicicletero ni señala un lugar alternativo y seguro.

Una escena tan pequeña como reveladora comenzó a generar malestar entre quienes concurren en bicicleta al supermercado Vea ubicado en la avenida Córdoba, a la altura de Concepción Arenal. Desde este fin de semana, sobre la baranda que separa el sector de los carritos apareció un cartel impreso que dice: “Por favor, no deje su bicicleta acá. Gracias”.

El problema no es solamente la prohibición. El establecimiento no dispone, al menos de manera visible y accesible, de un bicicletero donde los clientes puedan asegurar sus rodados mientras hacen las compras. Hasta ahora, muchos vecinos utilizaban precisamente ese rincón, junto a los carritos, porque era uno de los pocos espacios relativamente resguardados dentro del supermercado.

La bicicleta que aparece en la imagen no está abandonada ni obstruye una vereda pública: pertenece a una persona que ingresó a comprar. Sin embargo, la nueva disposición la deja prácticamente sin opciones. Si no puede asegurarla en ese sector, debe dejarla en la calle, expuesta al robo, o directamente elegir otro comercio.

Prohibir sin ofrecer una solución

La decisión resulta especialmente contradictoria en una ciudad que, desde hace años, promueve la bicicleta como medio de transporte. Muchísimos vecinos de Colegiales, Chacarita, Villa Crespo y Palermo realizan sus compras cotidianas pedaleando. No ocupan un lugar de estacionamiento, no generan emisiones durante el trayecto y, en muchos casos, van varias veces por semana al mismo supermercado.

Instalar un bicicletero sencillo no parece una obra faraónica. Se trata de colocar una estructura metálica firme, correctamente ubicada y vigilada, que permita sujetar el cuadro y las ruedas. Es una solución elemental que ya incorporaron numerosos comercios, edificios públicos, clubes y establecimientos gastronómicos.

En cambio, colocar un papel con una prohibición, sin indicar dónde debe dejarse la bicicleta, transmite una mala señal. El mensaje termina siendo algo parecido a: “Venga a comprar, pero arréglese como pueda con el vehículo que utilizó para llegar”.

Antes se podía, ahora molesta

Según pudo observar Colegiales Noticias, el cartel es reciente y apareció durante este fin de semana. Antes, las bicicletas se dejaban en ese sector sin que existiera una indicación semejante. El cambio sorprendió a los clientes habituales y alimentó la sospecha de que responde a una nueva decisión interna o a una modificación en el manejo del local.

Todo comercio tiene derecho a organizar sus espacios y mantener despejadas las zonas de circulación. Pero también debería contemplar las necesidades reales de quienes lo sostienen todos los días con sus compras. Si el lugar elegido presenta un problema operativo o de seguridad, la respuesta razonable no es limitarse a expulsar las bicicletas: corresponde habilitar una alternativa concreta.

La cadena podría resolver el conflicto con muy poco: instalar un bicicletero, colocar cartelería clara y determinar un espacio donde los clientes puedan dejar sus rodados sin interferir con los carritos. Lo demás es burocracia de mostrador: primero aparece la prohibición y después, quizá algún día, la solución.

Una mala señal para el comercio barrial

El episodio puede parecer menor, pero expresa una forma de relación con el cliente. Quien llega en bicicleta no está pidiendo un favor extravagante: está entrando al establecimiento para gastar su dinero. Ofrecerle un lugar seguro debería formar parte de una atención comercial básica, especialmente en una zona donde miles de personas se trasladan sobre dos ruedas.

Desde Colegiales Noticias invitamos a las autoridades del supermercado Vea de Córdoba y Concepción Arenal a revisar la medida. Si las bicicletas no pueden quedar junto a los carritos, el establecimiento debe explicar dónde pueden estacionarse e instalar un bicicletero adecuado.

Porque prohibir es fácil. Un cartel se imprime en cinco minutos y se pega con cinta. Pensar en el vecino, en cambio, exige un poco más de voluntad. Y un supermercado que quiere seguir formando parte del barrio debería comenzar justamente por ahí.

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