Ciencia argentina: una proteína experimental redujo el daño corneal tras una quemadura química

Investigadores de la Universidad Austral, el Hospital Universitario Austral, el CONICET y la UBA obtuvieron resultados prometedores en animales. El tratamiento limitó el crecimiento de vasos sanguíneos y redujo la opacidad de la córnea. Todavía requiere nuevos estudios antes de una eventual aplicación en pacientes.

Una investigación argentina abrió una línea de trabajo para enfrentar una de las complicaciones más graves de las quemaduras químicas en los ojos: el crecimiento de vasos sanguíneos dentro de la córnea. Mediante una proteína experimental, el equipo logró reducir ese proceso y preservar mejor la transparencia del tejido lesionado. El hallazgo corresponde a una etapa preclínica: aporta evidencia de laboratorio, pero todavía no demuestra que la terapia sea segura y eficaz para personas.

El trabajo fue liderado por Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT), de la Universidad Austral y el CONICET. Participaron Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski, Gustavo Ortiz, Paulo Maffia, Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan. Los resultados se publicaron en International Journal of Molecular Sciences, mientras que la línea de investigación también fue abordada en una revisión del Journal of Translational Medicine.

Por qué los vasos sanguíneos pueden perjudicar la visión

La córnea necesita conservar su transparencia y permanecer sin vasos sanguíneos. Después de una lesión química severa, ese equilibrio puede alterarse: la inflamación favorece la aparición de nuevos vasos y el tejido pierde parte de las características que le permiten cumplir su función. El problema puede continuar después de la quemadura inicial, con procesos inflamatorios y cambios que comprometen la visión.

Esta vascularización anormal puede favorecer el deterioro crónico y aumentar el riesgo de fracaso de un eventual trasplante de córnea. Por eso, limitar el avance de los vasos es uno de los objetivos de la investigación. La propuesta del equipo argentino apunta a intervenir sobre mecanismos asociados con la inflamación y el daño del tejido.

Qué encontraron a los siete días

El ensayo utilizó un modelo de quemadura corneal por una sustancia alcalina en ratas. A los siete días, los seis ojos del grupo control presentaban vasos sanguíneos en la zona media del estroma corneal, y tres también en la zona profunda. En el grupo que recibió la proteína experimental, no se detectaron vasos en ninguno de esos dos niveles.

El tratamiento no eliminó toda la vascularización: en tres ojos tratados se observaron vasos en la zona superficial. El resultado destacado fue que su penetración quedó limitada y no alcanzó los sectores medios y profundos analizados. Las córneas tratadas también mostraron una menor superficie vascularizada y menos opacidad que las del grupo control. PMC

Cómo funciona la proteína experimental

El desarrollo combina cementoína con SLPI, una proteína con propiedades antiinflamatorias. La idea es que esa combinación favorezca la permanencia de la terapia en el tejido lesionado y prolongue su acción local. Así, el diseño busca que la sustancia actúe durante más tiempo donde se necesita.

Los análisis moleculares mostraron una reducción de TNF-α, IL-17 y VEGF, mediadores relacionados con la inflamación y la formación de vasos sanguíneos. Esos resultados ayudan a explorar cómo actúa la proteína. Junto con las observaciones del tejido, ofrecen indicios para continuar estudiando una estrategia que intenta limitar varias consecuencias de la lesión.

Del laboratorio al consultorio: qué falta investigar

Los resultados son prometedores, pero proceden de un modelo animal y de grupos pequeños. La ausencia de vasos profundos a los siete días no permite afirmar que se haya recuperado la visión ni anticipar cómo respondería una persona. Para avanzar hacia una eventual aplicación clínica será necesario ampliar la evidencia y evaluar la seguridad, la duración de los efectos y las condiciones de administración.

Para los lectores de Colegiales Noticias, el hallazgo acerca una investigación desarrollada por instituciones argentinas sobre un problema de salud concreto. Su valor está en haber identificado una posible herramienta para reducir el daño corneal y aportar resultados que permiten seguir trabajando. El paso del laboratorio al consultorio todavía está por construirse.