Alquileres en Colegiales: calma aparente, precios altos y un equilibrio frágil
El mercado de alquileres parece haberse calmado, sí. Pero en Colegiales esa calma se parece más a un empate incómodo que a una verdadera mejora. Los números desaceleraron, la volatilidad bajó y los aumentos ya no explotan mes a mes, pero el problema de fondo sigue intacto: alquilar sigue siendo caro, difícil y excluyente para muchos.
El incremento interanual promedio del 28,08 % en la Ciudad de Buenos Aires marca una desaceleración respecto de los picos de 2023. Sin embargo, no implica una baja real ni un alivio concreto para los inquilinos. Es, en el mejor de los casos, una estabilización en niveles altos.
Colegiales: barrio deseado, mercado duro
En Colegiales, donde la demanda nunca afloja del todo por ubicación, conectividad y perfil residencial, el nuevo “equilibrio” tiene letra chica:
- La oferta está estable, pero no es abundante
- Los precios dejaron de dispararse, pero no retroceden
- Los propietarios siguen selectivos
- Los ingresos corren detrás, como siempre
El barrio se volvió previsible, pero previsible caro. Ya no hay sobresaltos semanales, pero tampoco oportunidades claras.
Datos sólidos, conclusiones incómodas
El relevamiento, basado en 6.954 ofertas reales de departamentos usados de 1 a 4 ambientes, muestra consistencia técnica y continuidad metodológica. Los datos son confiables. Lo que incomoda es lo que revelan: el mercado se ordenó sin corregir los desequilibrios estructurales.
Hay menos ruido, pero el volumen sigue alto. Menos caos, pero más resignación.
Un equilibrio que no enamora
En Colegiales, el mercado de alquileres parece haber entrado en una meseta tensa. No explota, no mejora, no cae. Aguanta. Y en Argentina, cuando algo “aguanta”, rara vez es una buena noticia a largo plazo.
El riesgo es claro: si la inflación vuelve a acelerarse o si la oferta se retrae apenas, este equilibrio precario puede romperse rápido. Por ahora, la sensación no es de alivio, sino de pausa incómoda, como el silencio antes de otra discusión.
Menos locura, sí.
Pero también menos expectativas.
