Cambios en la licencia de conducir: motorhomes y casas rodantes deberán recategorizarse

La actualización del sistema de licencias de conducir en Argentina comenzó a generar ruido también en los barrios porteños. La nueva clasificación impulsada por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) redefine qué vehículos pueden manejarse con las categorías particulares B1 y B2 y cuáles pasan a requerir licencias profesionales.

La medida impacta especialmente en el mundo de las casas rodantes, motorhomes y vans camperizadas, un fenómeno que creció con fuerza después de la pandemia y que hoy tiene cada vez más usuarios en la Ciudad de Buenos Aires.

En barrios como Colegiales, donde muchos vecinos utilizan utilitarios grandes para viajar o vivir la experiencia del turismo rodante, la nueva normativa genera preguntas y también preocupación.


Qué cambia en las categorías B1 y B2

Hasta 2025, gran parte de los motorhomes podían conducirse con licencias particulares. La reforma introduce límites más estrictos basados en el peso del vehículo.

Categoría B1

  • Permite conducir autos y vehículos particulares.
  • Ahora solo habilita motorhomes o casas rodantes motorizadas de hasta 3.500 kg.

El problema es que muchos motorhomes superan ampliamente ese peso.
Las versiones montadas sobre chasis de utilitarios grandes —como Sprinter, Iveco o Ford Transit— pueden alcanzar 4.000 a 5.000 kg.

Categoría B2

  • Permite conducir vehículos con remolques livianos de hasta 750 kg.

La mayoría de las casillas rodantes del mercado argentino pesan entre 900 y 1.800 kg, por lo que quedan automáticamente fuera de esta categoría.


La solución: licencia C1

Quienes conduzcan estos vehículos deberán tramitar la licencia profesional C1, que hasta ahora estaba asociada principalmente a vehículos de trabajo.

La categoría C1 habilita a manejar:

  • Camiones sin acoplado.
  • Vehículos de gran porte.
  • Motorhomes de hasta 12.000 kg.

Esto implica nuevas exigencias:

  • Examen psicofísico más riguroso.
  • Evaluación práctica adicional.
  • Requisitos médicos más estrictos para la renovación.

Un problema para muchos jubilados viajeros

Uno de los puntos más discutidos es el impacto en los conductores mayores.

El turismo en motorhome en Argentina tiene un perfil bastante claro:
muchos usuarios son jubilados o personas mayores de 60 años que recorren el país en vehículos recreativos.

Al pasar a una licencia profesional:

  • los controles médicos son más exigentes
  • los plazos de renovación suelen ser más cortos
  • algunos conductores podrían quedar directamente inhabilitados

El sector advierte que esto podría dejar a miles de personas sin posibilidad de conducir sus propios vehículos recreativos.


El sector rodante en alerta

Fabricantes y usuarios de casas rodantes señalan que la medida podría frenar el crecimiento del turismo itinerante en Argentina.

El movimiento rodante tuvo un fuerte auge desde 2020, con:

  • mayor fabricación nacional de trailers
  • incremento de vans camperizadas
  • comunidades de viajeros que recorren el país durante meses

El nuevo esquema regulatorio obliga a muchos usuarios a recategorizar su licencia o dejar de circular con sus vehículos.


Qué recomiendan a los conductores

Los especialistas en tránsito sugieren revisar tres puntos clave:

  1. Peso total del vehículo (figura en la cédula o ficha técnica).
  2. Peso del remolque o casilla rodante.
  3. Tipo de licencia vigente.

Si el conjunto supera los límites de B1 o B2, será necesario iniciar el trámite de recategorización a C1.


Mirada barrial: la regulación y la vida cotidiana

En barrios porteños como Colegiales, donde abundan utilitarios, camionetas grandes y vehículos adaptados para viajes largos, la medida abre un debate interesante.

Por un lado, ordenar las licencias según el peso del vehículo es una decisión lógica desde el punto de vista de la seguridad vial. Conducir un vehículo de cinco toneladas claramente no es lo mismo que manejar un auto chico.

Pero también aparece el otro lado de la moneda: la burocracia argentina suele ser más pesada que el vehículo que intenta regular.

Muchos vecinos que usan estos vehículos para viajar, trabajar o pasar temporadas fuera de la ciudad ahora deberán atravesar nuevos trámites, exámenes y costos.

La pregunta queda flotando en el aire:
¿se trata de una mejora en la seguridad o de otra capa de regulación sobre un país que ya vive lleno de papeles?

Como siempre, la calle —y las rutas— tendrán la última palabra.