Bronca creciente en el barrio
En el barrio de Colegiales, el deterioro del servicio de colectivos comenzó a sentirse con fuerza en las últimas jornadas, donde la reducción de frecuencias derivó en paradas colapsadas, demoras prolongadas y escenas de tensión entre vecinos que intentan llegar a sus trabajos.
Sobre avenidas clave como **Álvarez Thomas**, **Federico Lacroze** y **Elcano**, así como en arterias transitadas como **Zapiola**, **Conde** y **Amenábar**, se repite una postal que ya se volvió habitual: filas largas, colectivos que no paran por estar llenos y usuarios que esperan más de 20 o 30 minutos para poder viajar.
## Paradas desbordadas y viajes imposibles
Uno de los puntos más afectados es la zona de **Lacroze y Álvarez Thomas**, donde confluyen varias líneas y donde, en horas pico, la cantidad de pasajeros supera ampliamente la capacidad de los servicios disponibles. Lo mismo ocurre en las paradas cercanas a la estación Estación Colegiales, donde cientos de personas combinan tren y colectivo en un sistema que hoy no logra responder a la demanda.
Vecinos del barrio describen escenas de empujones, discusiones y resignación. “Dejan pasar dos o tres colectivos llenos y recién ahí podés subir”, se repite como frase común en la calle.
## Menos colectivos por una decisión empresarial
Detrás del caos no hay un problema aislado ni una situación puntual. Las empresas de transporte decidieron reducir hasta un 30% la cantidad de unidades en circulación, en medio de un conflicto económico con el Gobierno nacional.
El argumento principal es el aumento del gasoil —que subió entre un 25% y un 30% en pocas semanas— y la falta de actualización en los subsidios, lo que, según sostienen, vuelve inviable sostener el servicio en condiciones normales.
## El impacto directo en el barrio
En Colegiales, donde gran parte de los vecinos depende del transporte público para moverse hacia Palermo, Chacarita, Belgrano o el centro porteño, la reducción del servicio golpea de lleno en la rutina diaria.
Trabajadores que llegan tarde, estudiantes que pierden clases y comerciantes que ven afectada la circulación de clientes forman parte de un efecto dominó que se extiende por todo el barrio.
El problema no es solo la espera: es la incertidumbre. No saber cuándo va a pasar el próximo colectivo transforma cualquier trayecto corto en una odisea.
## Bronca social y confusión
En medio del malestar, crece también la confusión. Muchos usuarios descargan su enojo contra choferes o situaciones externas como cortes de calle, cuando en realidad la raíz del problema está en una decisión estructural: la reducción del servicio como forma de presión en una negociación económica.
Los conductores, por su parte, quedan en el medio de la tensión, enfrentando reclamos sin ser responsables de la frecuencia ni de la disponibilidad de unidades.
## Un conflicto que expone al sistema
La situación en Colegiales es apenas un reflejo de un problema más amplio que atraviesa todo el AMBA. El sistema de transporte funciona en un equilibrio cada vez más frágil, donde los aumentos de costos, la falta de actualización de ingresos y las disputas políticas terminan impactando directamente en la calle.
Bajo la gestión del presidente Javier Milei, el conflicto por subsidios y tarifas se profundizó, y el transporte público aparece hoy como uno de los sectores más sensibles de ese ajuste.
## Un barrio que espera respuestas
Mientras tanto, en cada esquina de Colegiales, la escena se repite. Paradas llenas, vecinos mirando el celular, relojes que avanzan y colectivos que no llegan.
Porque cuando el transporte falla, no se detiene solo un servicio: se desordena la vida entera del barrio. Y en ese desorden, lo que queda en evidencia no es solo un conflicto económico, sino una ciudad que empieza a perder el ritmo.