Colegiales, entre persianas bajas, decks abandonados y vecinos al borde del ahogo

En las calles de Colegiales ya no hace falta mirar estadísticas para entender que algo se rompió. Basta caminar por Avenida Elcano, por Álvarez Thomas, por Moldes o por algunos rincones de Lacroze para encontrarse con persianas bajas, carteles de “se alquila”, restaurantes vacíos y vecinos haciendo cuentas en la verdulería como si estuvieran resolviendo ecuaciones de supervivencia. El barrio todavía conserva ese perfume de cafés tranquilos, bicicletas apoyadas en árboles viejos y conversaciones de vereda, pero debajo de esa postal hay una tensión económica que se siente en cada cuadra.

Mientras el Gobierno porteño insiste con una narrativa de modernización urbana, los vecinos de Colegiales denuncian que el problema más básico sigue sin resolverse: la limpieza. Las bolsas de basura desbordadas, los contenedores saturados y los decks gastronómicos convertidos en refugio de roedores forman parte de una escena cotidiana que ya dejó de sorprender. Lo que durante la pandemia fue presentado como una solución “cool” para salvar a la gastronomía, hoy aparece para muchos vecinos como una estructura abandonada a mitad de camino entre la improvisación y el negocio inmobiliario disfrazado de espacio público.

Debajo de varios decks de la zona, especialmente en áreas gastronómicas cercanas a Palpa, Freire y Zapiola, comerciantes y vecinos reconocen la presencia permanente de ratas. Algunos gastronómicos culpan a la falta de limpieza urbana. Otros dicen que el verdadero problema es que nadie controla qué pasa debajo de esas estructuras de madera que acumulan humedad, grasa, basura y restos de comida. La discusión ya no es ideológica. Nadie discute si el deck es “de derecha” o “de izquierda”. El problema es más simple y brutal: la ciudad no está limpia.

En paralelo, el golpe económico avanza silencioso sobre las familias del barrio. Administradores de consorcios reconocen que aumentaron los atrasos en las expensas y que cada vez más propietarios pagan en cuotas informales o directamente acumulan deuda. En edificios antiguos de Colegiales, donde viven jubilados, docentes, empleados administrativos y familias históricas del barrio, las expensas empezaron a competir con el alquiler y con la comida. Hay departamentos donde el costo mensual del edificio ya parece una segunda renta.

Los alquileres tampoco encuentran paz. Aunque muchos propietarios se quejan porque no consiguen inquilinos rápidos, los vecinos sostienen que los precios quedaron totalmente desacoplados de la realidad salarial. El resultado es extraño y triste al mismo tiempo: departamentos vacíos y personas sin poder alquilar. Un sistema roto en cámara lenta. En algunos locales inmobiliarios de la zona ya reconocen que las consultas bajaron fuerte y que muchas operaciones se frenan cuando aparece el número final de expensas, servicios y requisitos.

La crisis comercial tampoco perdona a Colegiales. Informes recientes muestran un crecimiento fuerte de locales vacíos y comercios cerrados en la Ciudad de Buenos Aires. La Cámara Argentina de Comercio detectó un aumento importante de locales en alquiler o sin actividad durante 2026. La caída del consumo, el aumento de costos y el traslado de ventas hacia plataformas digitales aparecen como parte de una tormenta perfecta que golpea especialmente a los comercios chicos.

En Colegiales eso se traduce en cafeterías con menos mesas ocupadas, almacenes que reducen horarios y negocios históricos que ya no saben si llegarán al próximo aumento de alquiler. Algunos comerciantes explican que el problema no es solamente vender menos, sino vender menos teniendo costos mucho más altos. Luz, gas, alquiler, impuestos, aplicaciones de delivery, cargas sociales y mercadería importada forman una mezcla explosiva para cualquier pyme barrial.

Muchos vecinos empiezan a sentir que el barrio entró en una especie de pausa incómoda. Hay menos movimiento nocturno, menos consumo impulsivo y más gente mirando precios en silencio. La sensación de progreso que durante años vendió Palermo y sus alrededores parece haberse agotado en una ciudad donde el café de especialidad convive con jubilados que cuentan monedas para comprar medicamentos.

La paradoja es feroz: Colegiales sigue siendo uno de los barrios más buscados por desarrolladores inmobiliarios, pero cada vez más difícil para quienes realmente viven ahí. Entre torres nuevas, departamentos premium y discursos sobre “revitalización urbana”, muchos vecinos sienten que la vida cotidiana se volvió más áspera, más cara y bastante más sucia.

Y mientras tanto, los decks siguen ahí. Vacíos algunos. Torcidos otros. Con ratas debajo, humedad acumulada y vecinos preguntándose quién controla realmente el espacio público. Porque una ciudad puede tolerar muchas discusiones políticas, pero cuando empieza a naturalizar la mugre, las persianas bajas y la angustia económica de sus barrios, algo mucho más profundo empieza a deteriorarse.

Fuente: Colegiales Noticias.