El Día Mundial del Fútbol sirve para mirar algo que en Buenos Aires sigue intacto: el barrio todavía gira alrededor de la pelota. En Colegiales no hace falta ir a un estadio gigante para entenderlo. Alcanzan las canchas de fútbol cinco, los clubes sociales, los gimnasios llenos después de las siete de la tarde y los pibes caminando con botines colgados de la mochila.
El fútbol barrial en Colegiales tiene una mezcla rara entre tradición vieja y ciudad moderna. Hay oficinas, bares de especialidad y edificios nuevos, sí. Pero también siguen existiendo lugares donde la gente corta el día para ir a jugar un picado como hace veinte o treinta años.
Uno de los puntos más activos del barrio es La Sede Colegiales, en Ramón Freire 761. Ahí se juegan partidos prácticamente todos los días hasta la madrugada. Hay torneos amateur, fútbol entre amigos y grupos que alquilan cancha fija todas las semanas. El lugar se transformó en uno de los centros futboleros más fuertes de la zona.
Otro clásico moderno es Distrito Fútbol Racket Club, en José Hernández 1310. El complejo mezcla fútbol con actividades deportivas y recibe mucha gente joven del barrio y de Belgrano. A la noche el movimiento es constante: estudiantes, empleados, grupos de amigos y veteranos que siguen jugando aunque después no puedan subir una escalera.
También aparece Sports and Social Club Colegiales, en Teodoro García 2860. Ahí todavía sobrevive algo muy argentino: el club social como lugar de encuentro. No solamente se juega al fútbol. También se arma comunidad. Ese modelo de club de barrio fue clave históricamente para el deporte argentino.
Y aunque actualmente juegue en Munro, Club Atletico Colegiales sigue siendo parte emocional del barrio. El club fue fundado en 1908 bajo el nombre Libertarios Unidos y mantiene una historia muy ligada a la identidad futbolera porteña.
En Colegiales además el deporte no termina en el fútbol. Mucha gente combina el picado semanal con gimnasio o entrenamiento funcional. Uno de los lugares más concurridos es ON FIT Colegiales, sobre Álvarez Thomas 28, donde entrenan desde adolescentes hasta jugadores amateurs que buscan “aguantar los noventa minutos” aunque jueguen fútbol cinco.
También tienen mucho movimiento Body Club, en Delgado 1318, La Jungla, en Amenábar 459, y BIGG, en Zapiola 155. El entrenamiento físico ya forma parte de la cultura futbolera barrial. Antes alcanzaba con jugar. Hoy todos quieren correr más, lesionarse menos y llegar enteros al jueves.
El tenis también ocupa un lugar fuerte alrededor de Colegiales y Belgrano. Muy cerca aparece Buenos Aires Lawn Tennis Club, en Olleros 1510, uno de los clubes más históricos del tenis argentino. Ahí pasaron torneos internacionales y figuras enormes del deporte.
Otro espacio importante es Belgrano Tenis, en Comodoro Rivadavia 1350, junto con El Abierto Tennis Club, en Galván 3920, y ENTRETENIS10, que organiza clases y entrenamientos en la zona norte de la ciudad.
En las canchas del barrio además siguen apareciendo las discusiones clásicas del fútbol argentino. Los más chicos hablan mucho de Messi por el Mundial de Qatar 2022 y por su regularidad. Pero Maradona sigue apareciendo todo el tiempo. Incluso entre pibes que jamás lo vieron jugar en vivo.
“Messi es perfecto, pero Maradona tenía otra cosa”, repiten muchos adolescentes mientras descansan después de un partido. Después aparecen Riquelme, Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Palermo o Tévez dependiendo del club y de la generación.
También cambió mucho el tema de los botines. Algunos pibes prefieren Nike Mercurial porque son más livianos. Otros defienden las Adidas Predator porque “pegás más fuerte”. Y todavía existe un grupo reducido que banca el botín negro clásico porque dice que el fútbol perdió elegancia con tantos colores fluorescentes.
El Día Mundial del Fútbol además recuerda que este deporte es muchísimo más grande que la televisión o las redes sociales. La cancha más alta utilizada profesionalmente está en Cerro de Pasco, Perú, a más de 4.300 metros sobre el nivel del mar. El Maracaná llegó a recibir cerca de 200 mil personas en 1950. Y estadios como el Monumental o La Bombonera siguen siendo símbolos mundiales del fútbol argentino.
Pero en barrios como Colegiales el fútbol sigue teniendo algo más simple. El ruido de los botines sobre el sintético. El grupo de WhatsApp armando partido hasta último momento. El arquero llegando tarde del trabajo. El tren pasando al lado de la cancha mientras alguien grita un gol.
Ahí sigue estando el verdadero fútbol argentino.