Muchos vecinos acompañaron al Gobierno para terminar con la inflación, los privilegios y la vieja política. Tres años después, la recuperación prometida no llegó a la economía cotidiana y el oficialismo busca sostenerse mediante una alianza con el mismo PRO al que acusaba de integrar la casta.
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Colegiales puede funcionar como un termómetro bastante preciso de la economía argentina. En sus calles conviven familias de clase media, jubilados, trabajadores independientes, profesionales, comerciantes, gastronómicos e inquilinos. Es un barrio donde la crisis no siempre se manifiesta mediante grandes estallidos: aparece lentamente en una mesa vacía, una compra postergada, una persiana baja o un cartel de alquiler.
Muchos vecinos votaron a Javier Milei en 2023. Lo hicieron porque estaban hartos de la inflación, la corrupción, los privilegios y una dirigencia incapaz de ofrecer respuestas. No votaron para perder el empleo, endeudarse con tasas imposibles o contemplar cómo el salario se disuelve entre el alquiler, las expensas, los alimentos y los servicios.
Esos votantes no tienen que pedirle disculpas a nadie. Le dieron una oportunidad democrática a una propuesta que prometía terminar con la decadencia. La responsabilidad de cumplir era del Gobierno, no del ciudadano que depositó su confianza.
Tres años después, la comparación entre las promesas y los resultados comienza a ser demoledora.
El ajuste se hizo, pero el crecimiento no llegó al barrio
El Gobierno consiguió desacelerar la inflación y ordenar determinadas variables fiscales. Es un resultado que debe reconocerse. Sin embargo, estabilizar una planilla no alcanza si la economía real permanece estancada y la mayoría de la población no experimenta una mejora concreta.
La actividad económica de la Ciudad de Buenos Aires creció apenas 0,7% interanual durante el primer trimestre de 2026, muy por debajo del 2,3% registrado en el nivel nacional. Además, el principal impulso provino de la intermediación financiera, mientras el comercio y la industria mostraron un desempeño mucho más débil.
El dato resulta central para comprender lo que sucede en Colegiales. El barrio no vive de la minería, el petróleo ni las grandes exportaciones agrícolas. Vive de comercios, servicios, restaurantes, talleres, escuelas, profesionales, pequeñas empresas y trabajadores independientes. Cuando el consumo se retrae, la crisis golpea directamente sobre ese entramado.
Un crecimiento concentrado en bancos y actividades extractivas puede mejorar algunos indicadores financieros, pero no necesariamente llena los negocios de Federico Lacroze, Cabildo, Elcano o Álvarez Thomas. El dinero puede aparecer en los balances y continuar ausente en las cajas registradoras.
Más persianas bajas en la Ciudad
Durante los primeros cuatro meses de 2026, el Instituto de Estadística y Censos porteño contabilizó 1.291 locales sin actividad en la Ciudad de Buenos Aires, 198 más que durante el mismo período de 2025. Fue el mayor nivel de desocupación comercial de los últimos cuatro años. Entre los corredores afectados aparecen Córdoba y Scalabrini Ortiz, Villa Crespo y otras áreas cercanas a Colegiales.
La Cámara Argentina de Comercio y Servicios registró una tendencia semejante. Entre marzo y abril encontró 277 locales cerrados, en venta o en alquiler en las principales áreas comerciales porteñas, un aumento interanual del 30,7%. La cantidad de inmuebles ofrecidos en alquiler creció un 102,2% frente al mismo período del año anterior. Cámara Argentina de Comercio y Servicios
En mayo y junio, la cantidad de locales inactivos todavía se encontraba un 22,3% por encima del nivel registrado un año antes. La caída no puede atribuirse exclusivamente a una mala administración comercial. Cuando cierran negocios de distintos rubros y zonas, el problema deja de ser individual y se convierte en una señal económica.
Detrás de cada persiana baja hay dinero perdido, trabajadores despedidos, proveedores afectados y una familia que probablemente invirtió sus ahorros. Celebrar una macroeconomía supuestamente ordenada mientras desaparecen los pequeños comercios es mirar el país desde una planilla sin caminar sus veredas.
La Ciudad rica también se quedó sin trabajo
Durante el primer trimestre de 2026, la desocupación porteña llegó al 7,9% y afectó aproximadamente a 136.500 personas, según datos del IDECBA. El porcentaje subió frente al 7,3% registrado en el trimestre anterior.
Pero el problema es todavía mayor: el 13,5% de la población económicamente activa estaba buscando trabajo, necesitaba ampliar su jornada o intentaba reemplazar una ocupación insuficiente. Entre las mujeres, el desempleo llegó al 8,7%.
No alcanza con afirmar que se crearon puestos si esos empleos son precarios, inestables o mal remunerados. Una persona puede aparecer estadísticamente como ocupada y, al mismo tiempo, no poder pagar un alquiler. Puede trabajar diez horas, endeudarse para comprar alimentos y seguir siendo pobre.
Ese es uno de los mayores fracasos del modelo: haber convertido al trabajo en una actividad que ya no garantiza una vida digna.
Alquileres que se alejan de los ingresos
En abril de 2026, el precio medio publicado de un departamento de dos ambientes en la Ciudad alcanzaba los 834.178 pesos mensuales, mientras que un monoambiente rondaba los 728.759 pesos. La oferta aumentó y el ritmo de incremento comenzó a moderarse, pero los valores permanecen muy lejos de los ingresos de numerosos trabajadores y jubilados
En Colegiales, donde avanzaron los desarrollos inmobiliarios y aumentó el valor del suelo, la presión resulta evidente. A la vivienda se suman las expensas, el ABL, la electricidad, el gas, Internet, el transporte y los alimentos.
La inflación puede bajar estadísticamente y el costo de vida continuar siendo insoportable. Que los precios aumenten más lentamente no significa que las familias hayan recuperado todo lo perdido. El incendio puede propagarse con menos velocidad, pero la casa sigue quemada.
El crédito también desmiente la estabilidad
Los bancos pueden ofrecer tasas cercanas al 20% anual para determinados plazos fijos y, simultáneamente, cobrar costos financieros totales de hasta el 200% en créditos personales o financiaciones.
Esa diferencia muestra que la estabilidad todavía no llegó a la vida cotidiana. En un país realmente normal, una familia debería poder financiar una vivienda, un comerciante renovar sus equipos y una pequeña empresa comprar maquinaria. Cuando pedir dinero cuesta diez veces más que depositarlo, el sistema financiero no impulsa la producción: vive de su asfixia.
Los bancos pueden comprar bonos, aprovechar rendimientos y celebrar la disciplina fiscal. Pero esa confianza financiera no debe confundirse con inversión productiva. Comprar deuda pública no equivale a abrir una fábrica, contratar trabajadores o sostener un negocio barrial.
El regreso a la casta
Milei prometió terminar con la vieja política. Ahora busca consolidar un acuerdo con Mauricio Macri y con un PRO que gobierna la Ciudad de Buenos Aires desde 2007. Lo que se presenta como una alianza estratégica también puede interpretarse como una confesión de debilidad.
La fuerza que decía representar algo completamente nuevo necesita fiscales, dirigentes, intendentes y estructuras del partido al que antes despreciaba. La motosierra terminó guardada junto a los globos amarillos.
El acuerdo también involucra a Jorge Macri, cuya continuidad en la Ciudad no está asegurada, aunque algunos relevamientos todavía lo muestran competitivo. La oposición porteña permanece dispersa y todavía no construyó una candidatura única capaz de aprovechar el desgaste. Por eso sería apresurado anunciar una derrota consumada.
Sin embargo, la posibilidad de un cambio dejó de ser una fantasía. El PRO ya no conserva la novedad que tuvo en sus comienzos y La Libertad Avanza perdió buena parte de su identidad rebelde. Unidos pueden sumar estructuras, pero también pueden multiplicar sus desgastes.
Los números que inquietan al Gobierno
El Monitor Sociopolítico y Electoral del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, realizado sobre 2.895 personas, indicó que el 61% quiere un cambio de Gobierno en 2027, el 58% desaprueba la gestión de Milei y el 59% califica como “muy mala” la situación social y económica del país.
Otra medición, elaborada por CB Global Data, ubicó la aprobación presidencial en el 35,1% y la desaprobación en el 62,8%. Milei quedó en el puesto 15 entre 18 presidentes latinoamericanos evaluados.
Una encuesta no decide una elección y todavía falta más de un año para votar. Pero cuando distintos estudios comienzan a describir un malestar semejante, desconocer la tendencia deja de ser optimismo y se convierte en negación.
Cambiar de opinión también es libertad
El vecino de Colegiales que votó a Milei y ahora se siente defraudado no es un traidor ni un ingenuo. Cambiar de opinión después de observar los resultados es una conducta racional. Lo verdaderamente absurdo sería apoyar indefinidamente una política que perjudica la propia vida solo para evitar reconocer una decepción.
Ningún dirigente es dueño de sus votantes. El sufragio no establece un contrato de obediencia por cuatro años. Es una autorización temporal que puede retirarse en la elección siguiente.
La oposición, mientras tanto, deberá demostrar que aprendió de sus propios fracasos. No alcanza con denunciar la crueldad del ajuste ni esperar el derrumbe libertario. Debe presentar una propuesta capaz de cuidar las cuentas públicas sin abandonar a la población; promover inversiones sin regalar los recursos; recuperar el salario; proteger al comercio barrial y generar empleos estables.
La realidad camina por Colegiales
La caída de Milei no será provocada únicamente por una encuesta, una movilización o una pelea partidaria. Si finalmente ocurre, tendrá una explicación mucho más sencilla: demasiadas personas hicieron el sacrificio exigido y nunca recibieron la recompensa prometida.
En Colegiales, esa realidad puede verse sin consultar ninguna consultora. Está en el comerciante que vende menos, el inquilino que vuelve a mudarse, el jubilado que compara medicamentos, el joven que envía currículums y el trabajador que suma otra changa para llegar a fin de mes.
Milei pidió que lo juzgaran por los resultados. Los vecinos comenzaron a hacerlo.
¿El Gobierno podrá recuperar a quienes confiaron en su promesa de cambio? ¿La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO representa una salida o solamente el acuerdo entre dos fuerzas desgastadas? ¿Y cuánto tiempo más puede resistir un modelo que ordena las cuentas mientras desordena la vida de las personas?
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