Está sobre la avenida Álvarez Thomas al 200, frente al histórico edificio de la antigua algodonera. Tiene algunos murales valiosos, árboles y una ubicación privilegiada, pero carece de juegos infantiles, equipamiento deportivo y mantenimiento adecuado. Los vecinos reclaman que la gestión de Jorge Macri deje de tratarlo como un terreno residual y lo transforme en una verdadera plaza barrial.
Por Colegiales Noticias
En la avenida Álvarez Thomas al 200, muy cerca del límite entre Colegiales y Palermo, existe un espacio público que parece haber quedado afuera de todos los planes de la Ciudad. El cartel lo presenta formalmente como “Espacio Verde Álvarez Thomas”, pero alcanza con detenerse unos minutos frente al lugar para descubrir que de plaza tiene bastante poco: una extensa superficie de cemento, canteros empobrecidos, vegetación sin una planificación visible y un sector del fondo que transmite abandono en lugar de invitar al encuentro.
El sitio se encuentra frente al edificio que perteneció a la antigua algodonera, cerca del bar Gorrión y de los característicos conjuntos de monoblocks de la zona. Es un punto con historia industrial, movimiento comercial, viviendas y circulación permanente. Sin embargo, el espacio verde permanece prácticamente vacío durante buena parte del día. No es casualidad: cuando un lugar público no ofrece juegos, actividades, sombra suficiente, comodidad ni propuestas para diferentes edades, los vecinos pasan de largo.

Una plaza donde casi no hay nada para hacer
La imagen resulta bastante elocuente. El espacio está dominado por una enorme superficie dura que podría aprovecharse mucho mejor. Hay arbustos, algunos árboles y sectores de tierra, pero falta una intervención integral capaz de convertirlo en un lugar amable. No existe una verdadera área de juegos infantiles, no hay un circuito recreativo, tampoco estaciones de calistenia ni equipamiento pensado para jóvenes, adultos y personas mayores.
En el fondo pueden distinguirse algunas estructuras aisladas, pero están muy lejos de conformar una plaza atractiva y completa. Un niño necesita juegos seguros y variados, no dos elementos colocados para cumplir un expediente. Las familias necesitan bancos, sombra, iluminación y un piso adecuado. Los adultos mayores requieren senderos accesibles y lugares cómodos para descansar. Los jóvenes y quienes entrenan necesitan barras, paralelas y estaciones deportivas. Nada de eso exige una obra faraónica: hace falta diseño, mantenimiento y voluntad política.
La suciedad y la falta de cuidado terminan de profundizar la sensación de abandono. Un espacio público puede contar con un cartel, luminarias y algún cantero, pero si no existe una rutina seria de limpieza, poda, reparación y control, deja de funcionar como plaza. Se convierte en un lugar de paso, sin identidad ni apropiación vecinal. Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido aquí.
Los murales, lo poco que todavía aporta identidad
Sobre la extensa pared lateral sobreviven distintos murales y expresiones artísticas que aportan color y memoria. Algunas obras resultan interesantes y merecerían ser restauradas, iluminadas e integradas a una propuesta cultural más amplia. El problema es que hoy aparecen rodeadas por un entorno apagado, sin señalización ni una política de conservación que permita conocer quiénes las hicieron o qué historias cuentan.
Los murales podrían ser el punto de partida para recuperar el lugar. Se podría convocar a artistas de Colegiales, escuelas, clubes, centros culturales y organizaciones vecinales para realizar un corredor artístico que dialogue con la historia industrial del sector. Pero el arte urbano no puede utilizarse como maquillaje para esconder la falta de mantenimiento. Pintar una pared sirve; limpiar, equipar y cuidar toda la plaza sirve mucho más.
El contraste con los anuncios oficiales
La situación resulta todavía más llamativa porque el Gobierno porteño anuncia la construcción de una nueva plaza junto al Mercado de Pulgas, también sobre Álvarez Thomas. Según la propia Ciudad, ese proyecto busca recuperar una antigua playa de estacionamiento y sumar superficie verde en la zona. La iniciativa puede ser positiva, pero abre una pregunta elemental: ¿para qué inaugurar nuevos espacios si los que ya existen permanecen degradados y sin vida barrial?
La gestión de Jorge Macri parece sentirse más cómoda con las fotografías de inauguración que con el mantenimiento cotidiano. Sin embargo, una ciudad no se administra solamente cortando cintas. También se gobierna barriendo, podando, reparando juegos, controlando luminarias y escuchando a los vecinos. Esa tarea silenciosa, menos vistosa para las redes sociales, es la que determina si una plaza funciona o termina convertida en un pedazo de cemento abandonado.
Qué necesita el Espacio Verde Álvarez Thomas
La recuperación debería comenzar con una limpieza profunda y continuar con un proyecto integral, discutido públicamente con los vecinos. Entre las intervenciones necesarias se encuentran:
- Un patio de juegos infantiles verdadero, con toboganes, hamacas y estructuras para diferentes edades.
- Un sector de calistenia con barras altas y bajas, paralelas, espalderas y piso antigolpes.
- Más árboles, canteros y superficies absorbentes que reduzcan el predominio del cemento.
- Bancos cómodos, mesas comunitarias, bebederos y sectores de sombra.
- Iluminación adecuada en toda la extensión del predio, especialmente en el fondo.
- Restauración y puesta en valor de los murales existentes.
- Senderos accesibles para personas con movilidad reducida.
- Cestos suficientes, limpieza frecuente y mantenimiento permanente.
- Una pequeña posta aeróbica para adultos y personas mayores.
- Actividades culturales, deportivas y recreativas que ayuden a recuperar la presencia vecinal.
Una de las plazas más feas de Buenos Aires
Decir que es “una de las plazas más feas del mundo” puede sonar exagerado, pero expresa con bastante precisión la frustración que genera ver un espacio tan desaprovechado. No se trata de pedir una plaza de lujo ni una escenografía para turistas. Se reclama algo mucho más básico: un lugar limpio, seguro, verde y útil para quienes viven todos los días en Colegiales.
El barrio atraviesa un fuerte proceso de transformación urbana. Se construyen edificios, aumenta la densidad y cada metro cuadrado libre adquiere un enorme valor comunitario. En ese contexto, abandonar un espacio verde es una irresponsabilidad. Allí podría entrenar un joven, jugar un chico, conversar un grupo de jubilados o descansar una persona después del trabajo. Hoy, en cambio, casi nadie permanece porque prácticamente no existe ningún motivo para hacerlo.
El Espacio Verde Álvarez Thomas no necesita otro cartel ni una campaña publicitaria. Necesita limpieza, árboles, juegos, calistenia, bancos, iluminación y presencia sostenida del Estado. Jorge Macri y la Comuna 13 tienen la responsabilidad de recuperar este rincón olvidado. Colegiales merece una plaza de verdad y no este triste monumento a la desidia.