El show de Colapinto: un Fórmula 1 en el Obelisco

Colegiales mira de reojo y un domingo que promete caos en Palermo

Mientras en el centro porteño se montaba una postal digna de marketing global —un monoplaza de Fórmula 1 exhibido frente al Obelisco de Buenos Aires— en Colegiales la escena se vive con otra temperatura. Más baja, más escéptica, más de vecino que sabe que cuando Palermo estornuda, todo el norte de la Ciudad se resfría.

El auto en cuestión no es menor: un Lotus E20 de 2012, con motor Renault V8, hoy reconvertido con la estética del equipo BWT Alpine Formula One Team. Será el vehículo que manejará Franco Colapinto este domingo en el road show que transformará Avenida del Libertador y alrededores en un circuito callejero.

Mucho ruido, pocas certezas

El Gobierno de la Ciudad apuesta a una jornada multitudinaria, con medio millón de personas orbitando Palermo. Habrá DJs, pantallas gigantes en Plaza Sicilia y Plaza Seeber, shows musicales y una Orquesta Sinfónica como apertura. Todo muy armado, todo muy “evento internacional”.

Pero del otro lado, en barrios como Colegiales, la pregunta es otra: ¿qué deja realmente todo esto?

Porque más allá del espectáculo, el impacto es concreto. Tránsito saturado, desvíos que alcanzan avenidas clave como Córdoba, Cabildo o incluso zonas internas del barrio, colectivos que modifican recorridos y un domingo que, para muchos, deja de ser descanso.

El fenómeno Colapinto, bajo la lupa

La figura de Franco Colapinto genera entusiasmo en el mundo del automovilismo. Pero fuera de ese círculo, el efecto no es tan lineal. Hay quienes ven en este despliegue una apuesta a futuro. Otros, en cambio, lo perciben como una construcción inflada: un piloto joven, con proyección, sí… pero todavía sin logros concretos en la máxima categoría.

Y ahí aparece el ruido. No el del motor V8, sino el de fondo: el de una ciudad que invierte energía, recursos y espacio público en un espectáculo que no interpela a todos por igual.

Palermo como escenario, Colegiales como consecuencia

El circuito irá desde Libertador y Sinclair hasta Casares/Ugarteche, con un tramo sobre Avenida Sarmiento, rodeando el Monumento a los Españoles. Un área sensible, verde, icónica… y ahora completamente intervenida.

Para los vecinos de Colegiales, que usan esos corredores para moverse, trabajar o simplemente cruzar la ciudad, el efecto es indirecto pero inevitable. Más autos en calles internas, más demoras, más tensión.

Es la lógica del derrame urbano: el evento ocurre en Palermo, pero el impacto se expande.

Entre la vidriera global y la vida cotidiana

El jefe de Gobierno, Jorge Macri, lo dejó claro: esto es parte de un plan mayor para que la Fórmula 1 vuelva a Buenos Aires. Una apuesta fuerte, ambiciosa, que busca posicionar a la Ciudad en el mapa internacional.

Pero en el mientras tanto, hay una realidad menos glamorosa: la del vecino que tiene que reorganizar su día, el comerciante que no sabe si vende más o menos, y el barrio que, por unas horas, deja de ser barrio para convertirse en escenografía.

Un domingo para decidir cómo vivirlo

En Colegiales no hay motores ni tribunas. Hay otra cosa: una distancia crítica.

El show está ahí, a pocas cuadras. Pero no todos compran la entrada, ni literal ni simbólicamente.

Y en esa decisión —ir, evitar, o simplemente observar desde lejos— también se juega una forma de habitar la ciudad. Porque no todo lo que brilla en Libertador ilumina igual en el resto de Buenos Aires.