Elecciones 2025 en CABA: Boleta única

El 18 de mayo, los porteños van a tener que volver a desfilar como zombies a las urnas para elegir 30 legisladores de los 60 que componen la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Esta vez no hay PASO, no hay filtro, no hay anestesia. Van directo al hueso: te ponen la Boleta Única Electrónica (BUE), esa maravilla de la tecnología que sigue sin tapar el hedor de una clase política desconectada de la realidad.

El problema no es el sistema, es el contenido

Ni la boleta única, ni la digital, ni la de papel con glitter van a cambiar algo si lo que sigue impreso es un catálogo de mediocres, punteros reciclados, influencers disfrazados de gestores y CEOs del marketing político que no saben ni doblar una servilleta.

¿Y sabés qué es lo peor? Que ya hay gente justificando el voto a tipos que hace 20 años viven del curro público, repitiendo: “Pero el otro es peor”. ¿No será hora de dejar de elegir entre un chorro y un inútil, entre un ajustador con buenos modales y un facho con TikTok?

El voto útil, esa gran mentira

Nos han hecho creer que votar al «menos peor» es una estrategia inteligente, una especie de arte ninja para sobrevivir en democracia. Pero la verdad es que votar al mal menor perpetúa el mal mayor. Porque los partidos tradicionales, los outsiders de cartón y los libertarios enloquecidos solo existen porque seguimos sosteniéndolos con miedo, resignación o comodidad.

Y el padrón ya está: 2.5 millones de votantes en CABA habilitados para seguir repitiendo la historia. Como siempre, sin épica, sin futuro, sin imaginación.

¿Y la provincia? Otra calesita

Mientras tanto, Axel Kicillof se desmarca del kirchnerismo, hace la suya y mete elecciones el 7 de septiembre. Se suspenden las PASO (si se aprueba el proyecto), pero el baile sigue. La “oposición” bonaerense —entre intendentes feudales, militantes de TikTok y libertarios sin plan de gobierno— se acomoda en el ring esperando el KO técnico de una sociedad harta.

Y Santa Fe ya votó. Ganó Pullaro, con un 34% apenas. El peronismo desarmado. Milei en caída. Granata perdida. Y hasta apareció la Locomotora Oliveras, como si esto fuera el casting de “Bailando por un cargo público”.


Reflexión final (spoiler: no es esperanzadora)

¿Cuánto más vamos a bancar este loop de frustración cívica? ¿Cuántas veces más vamos a tener que elegir entre Frankenstein y Drácula? ¿Hasta cuándo vamos a aceptar que la política es solo el arte de hacernos elegir la cadena menos oxidada?

Quizás haya llegado el momento de romper la boleta del mal menor, dejar de justificar lo injustificable y empezar a construir opciones nuevas, reales, comprometidas. No de cartón, no de pantalla, no de slogans. Si no es ahora, ¿cuándo?