Inauguran un ascensor al Obelisco: la vieja ilusión de tocar el cielo porteño, ahora al alcance de todos

Una obra soñada desde 1936 se concretó en pleno 2025: el Obelisco ya cuenta con ascensor interno. Desde su cúspide, la ciudad se ve distinta, más íntima. Una historia de símbolos, modernidad y futuro.


A casi 90 años de su inauguración, el Obelisco porteño, ícono inconfundible de Buenos Aires, revela su nueva alma: desde ahora, será posible llegar hasta la cúspide a través de un ascensor interno, una vieja promesa arquitectónica que finalmente se materializa. El cielo bajo el que se gestaron marchas, besos y batallas culturales ahora se podrá mirar desde adentro. Como quien abre una herida para que sane con historia.

La novedad fue anunciada por el Gobierno de la Ciudad, que impulsó una compleja obra de ingeniería para instalar el elevador dentro de la estructura original. Así, lo que antaño era privilegio de técnicos, autoridades o fanáticos temerarios, se convierte en un atractivo turístico con todas las letras. Porque sí, subir a la punta del Obelisco era, hasta hace poco, un mito urbano.


Una idea de 1936 que se concretó en 2025

La iniciativa de dotar al monumento de un ascensor no es nueva. Ya en 1936, durante su construcción, el intendente Mariano de Vedia y Mitre expresó su deseo de instalar un elevador para que “el pueblo acceda a la cúspide del monumento”. Pero los tiempos, los recursos y la tecnología no acompañaron. La prioridad era levantar el Obelisco a toda velocidad —60 días para 67 metros de hormigón armado— y en medio de una Buenos Aires que celebraba sus cuatro siglos con ansias de modernidad.

El tiempo pasó, la ciudad cambió y el Obelisco sobrevivió a todo: a los embates arquitectónicos, a los intentos de demolición, a las banderas políticas, a los grafitis de amor y a los turistas curiosos. Hasta que, en 2025, ese viejo anhelo se volvió realidad. Porque si algo define al porteño es la obstinación. Y también el deseo de mirar desde lo alto.


De Pizza, birra y faso al turismo high-tech

Hasta ahora, la cima del Obelisco era terreno casi sagrado. Se conoció en escenas de películas como Pizza, birra y faso, o durante campañas excepcionales como la que en 2016 permitió a 80 vecinos subir en su aniversario. Incluso, algunos hinchas llegaron hasta allí en 2022 para gritar el gol desde el cielo, tras la gloria en Qatar.

Hoy, el ascenso será para todos: un elevador que recorre el interior del monumento hasta el nivel 55 y luego, unos 35 escalones, llevan al corazón del mirador. Las míticas cuatro ventanas se abren al alma de Buenos Aires: hacia el este, el Río de la Plata y Puerto Madero; hacia el oeste, la calle Corrientes con sus teatros; hacia el sur, el edificio con el rostro de Evita; y otra vez el río, custodiando el norte.


¿Y ahora qué? El futuro del Obelisco

La obra fue realizada por la empresa Servas, tras ganar una licitación por casi 189 millones de pesos. La atracción será concesionada a una firma privada que se encargará de su explotación comercial. Aunque aún no se definió el precio, ya se anunció que durante mayo habrá cupos limitados y gratuitos para vecinos de la Ciudad, en el marco del aniversario número 89 del monumento.

Habrá turnos, medidas de seguridad, personal en ambas puntas del trayecto y un plus inesperado: un pequeño sector del piso será de vidrio, permitiendo ver pasar los trenes del subte justo debajo. Una mirada al abismo urbano, desde el corazón simbólico de la Nación.


Patrimonio, memoria y vértigo

El ascensor no solo cambia la experiencia turística, también obliga a resignificar el espacio. El Obelisco fue construido en el lugar donde se izó por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires, en 1812. Para ello se demolió la iglesia de San Nicolás de Bari, lo que generó protestas y resistencias en su época.

El entonces intendente, Vedia y Mitre, lo definió así en su inauguración: “Es como una materialización del alma de Buenos Aires, que va hacia las alturas, que se empina sobre sí misma para mostrarse a los demás pueblos”.

El pararrayos original de 1936 fue reemplazado por primera vez y donado al BAM (Buenos Aires Museo), como símbolo de esta transformación. Todo, sin tocar la esencia de ese monolito que nos mira desde arriba como un centinela mudo de nuestras contradicciones.


¿Turismo o espectáculo?

El mirador no vendrá solo: se sumará una propuesta museográfica para contar la historia del Obelisco, y así ofrecer una experiencia completa. El Ente de Turismo trabaja para que esa visita no sea solo una selfie, sino un viaje por la historia viva de Buenos Aires.

¿Será el nuevo “must” para turistas de paso? ¿O se convertirá también en un rito íntimo para los porteños, como mirar una puesta de sol desde la terraza de un edificio antiguo?


Desde Palermo, mirando al centro

Y vos, vecino de la Comuna 14, ¿te imaginás mirar la ciudad desde esa punta filosa que tantas veces saludaste desde la vereda? ¿Te gustaría que Palermo tuviera un símbolo tan alto como el Obelisco, o preferís su bohemia a ras del suelo?

Decinos: ¿qué lugar de Buenos Aires merece también una vista panorámica como esta?