En Colegiales ya no discuten a Milei: discuten a los libertarios peleándose entre ellos

En Colegiales todavía hay mucha gente que defiende a Javier Milei, incluso vecinos que en 2023 colgaron la boleta violeta en la heladera como si fuera una declaración de principios contra la vieja política, contra los impuestos eternos, contra la inflación que les venía destruyendo el sueldo desde hacía años y contra una dirigencia tradicional que sentían completamente desconectada de la realidad del barrio. En los cafés de Federico Lacroze, en las panaderías sobre Álvarez Thomas y hasta en las filas del supermercado, muchos siguen diciendo que el Presidente “recibió una bomba” y que todavía necesita tiempo para ordenar el país. Pero incluso entre esos mismos votantes empezó a aparecer una incomodidad difícil de esconder cuando ven a Martín Menem peleado con Santiago Caputo, al Gordo Dan contradiciendo al propio gobierno y a Patricia Bullrich tirando presión interna como si estuviera jugando un partido aparte dentro del mismo equipo político.

Lo que más desconcierta al votante libertario de Colegiales no es solamente la pelea, sino el nivel de exposición pública que tiene esa pelea, porque una parte importante de quienes acompañaron a Milei creían que La Libertad Avanza venía justamente a terminar con las internas feroces, las operaciones de pasillo y las traiciones silenciosas que durante décadas le criticaron al peronismo, al radicalismo y al PRO. Sin embargo, ahora miran Twitter, los streamings oficialistas y los canales de noticias y sienten que el gobierno empezó a parecerse demasiado a esa política tradicional que prometía destruir. En un kiosco cerca de la estación Colegiales, un vecino que trabaja haciendo repartos resumía la sensación de muchos libertarios desencantados: “Yo todavía banco a Milei, pero no entiendo por qué se viven matando entre ellos cuando la gente está preocupada por llegar a fin de mes”.

La realidad, como siempre ocurre en la Argentina, termina imponiéndose por encima de los relatos épicos, de los videos virales y de las discusiones de redes sociales que durante meses parecían reemplazar a la política real. Porque mientras el oficialismo discute cuentas anónimas, operaciones cruzadas y declaraciones juradas, en Colegiales la gente sigue hablando del alquiler que aumentó otra vez, de la prepaga que se volvió impagable y del miedo silencioso de perder el trabajo en una economía que todavía no termina de arrancar. Y ahí aparece el verdadero problema para Milei: muchos vecinos del barrio todavía quieren creer en él, pero cada vez entienden menos a su gobierno. Y cuando un votante empieza a sentir más confusión que esperanza, la política entra en una zona peligrosa donde las internas dejan de ser un problema de dirigentes y pasan a convertirse en una decepción cotidiana para la gente común.