La carne, más cara que con Alberto: sube el asado, caen los platos y el Gobierno mira al norte
Mientras el precio de la carne vacuna vuelve a trepar y ya supera los valores registrados durante la gestión de Alberto Fernández, el Gobierno nacional acelera acuerdos de exportación con Estados Unidos. El resultado es una paradoja bien argentina: más dólares para el sector exportador, menos carne en la mesa cotidiana y un consumo interno que no logra levantar cabeza.
La carne vacuna volvió a pegar un salto fuerte en el arranque del año y el impacto se siente sin anestesia en carnicerías, supermercados y parrillas de barrio. El kilo promedio ronda los $14.000 y varios cortes clásicos del asado porteño ya lo superan con comodidad. En paralelo, el pollo acumuló subas cercanas al 25% en enero, empujando aún más el costo de la proteína animal en los hogares.
El dato incómodo: hoy la carne es más cara que en los peores momentos del gobierno anterior. No es una percepción nostálgica ni un slogan opositor: es el resultado directo de precios liberados, menor poder adquisitivo y un mercado interno que quedó desarmado frente a la lógica exportadora.
Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita sigue en niveles históricamente bajos. Se compra menos carne, se estira más el plato y se reemplaza calidad por cantidad. La inflación alimentaria no afloja y la carne, símbolo cultural y nutricional del país, vuelve a convertirse en un lujo.
Estados Unidos primero, el asado después
En este contexto, el Gobierno celebró un avance clave en la relación comercial con Estados Unidos. Tras un acuerdo bilateral, el presidente norteamericano Donald Trump firmó una ampliación excepcional del cupo de carne vacuna argentina que puede ingresar a ese mercado: de 20.000 a 100.000 toneladas anuales.
La medida implica un salto de 80.000 toneladas adicionales y, según el canciller Pablo Quirno, podría generar ingresos cercanos a los 800 millones de dólares para el complejo agroexportador. Para los grandes frigoríficos y productores orientados al exterior, la noticia es música para los oídos.
Pero en el mercado doméstico suena otra canción. Más exportaciones, con una oferta interna rígida y un consumo golpeado, suelen traducirse en precios más altos en el mostrador. No es una hipótesis teórica: es una película ya vista.
A eso se suman advertencias desde distintos sectores productivos sobre la posibilidad de que, en el marco del acuerdo, también ingrese carne estadounidense sin aranceles, lo que podría tensionar aún más a la producción local y alterar la formación de precios.
Un clásico argentino en retirada
La carne no es un bien cualquiera. Es cultura, identidad y termómetro social. Cuando el asado desaparece del fin de semana y el consumo cae a mínimos históricos, algo más profundo está pasando. El modelo prioriza dólares rápidos, pero deja preguntas abiertas sobre el equilibrio del mercado interno, la alimentación popular y el impacto real sobre la inflación.
En la Argentina de hoy, el asado volvió a ser noticia. No por su aroma en la parrilla, sino por su ausencia en la mesa. Y mientras el Gobierno festeja acuerdos y cupos, el consumidor hace cuentas, achica porciones y recuerda, con bronca o ironía, que incluso en tiempos peores la carne no estaba tan lejos del alcance.
